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La historia del mercado durante esa semana se desarrolló en dos etapas distintas, cada una impulsada por una fuerza poderosa pero diferente. La primera etapa fue un choque geopolítico que generó un aumento inmediato en el interés por invertir. El lunes 5 de enero, la captura del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses provocó un aumento significativo en los precios de los activos financieros. Los mercados interpretaron este acontecimiento no como una amenaza, sino como una oportunidad para que las empresas energéticas estadounidenses pudieran reconstruir el sector petrolero de Venezuela. El índice Dow Jones Industrial Average alcanzó un nivel récord, ganando casi 595 puntos, ya que los inversores ignoraron los temores tradicionales relacionados con conflictos. Las acciones de empresas energéticas como Chevron y Exxon Mobil fueron las más beneficiadas, mientras que también ganaron las acciones de las empresas de defensa, lo que refleja una clara preferencia por la participación de las empresas estadounidenses en la reconstrucción de Venezuela después de la caída de Maduro.
Para el viernes, la situación había cambiado significativamente. El informe final sobre el mercado laboral presentó un panorama complicado, con nuevos factores que dificultaban la política monetaria. El informe de empleo de diciembre mostró menos contrataciones de lo esperado, pero la tasa de desempleo cayó al 4.4%, algo mejor de lo previsto. Este escenario de bajas contrataciones y baja tasa de desempleo creó confusión en la Reserva Federal, ya que indicaba que la economía estaba estabilizándose sin que se produjera un aumento drástico en el desempleo. Los datos reforzaron la opinión de que la Fed podría posponer otro recorte de tipos, aunque no se tratara de una decisión definitiva. En la práctica, esto significó que la tendencia alcista del mercado continuó, con el S&P 500 y el Dow Jones superando los máximos anteriores. Pero el tono general del mercado había cambiado: de un optimismo puramente geopolítico, pasó a una evaluación cautelosa de las políticas monetarias.
Los factores que han influido en el mercado durante esta semana destacan cómo el mercado lucha contra las diferentes influencias que actúan simultáneamente. El evento geopolítico inicial constituyó un factor positivo claro que ayudó a impulsar el mercado. Sin embargo, los datos posteriores introdujeron una capa de incertidumbre sobre la trayectoria económica y el momento en que el banco central podría tomar medidas futuras. Este cambio, de un único shock externo a una situación compleja relacionada con factores internos, representa un claro ejemplo de cómo el mercado reacciona ante diversas situaciones, donde la euforia inicial se enfrenta a la realidad sombría de los datos económicos.
La discusión política de esa semana giró en torno al informe sobre el empleo de diciembre. Este informe proporcionó una clara señal de que la economía estaba menguando, pero al mismo tiempo dificultaba predecir el camino a seguir en el futuro. Los datos principales indicaban una desaceleración: las empleadoras no agrícolas aumentaron sus contrataciones apenas…
El mes pasado, hubo una disminución significativa en comparación con el mes anterior, y las cifras son muy diferentes del promedio de 168,000 registrado en 2024. Este fracaso, luego de un cierre parcial del gobierno durante seis semanas, que retrasó los informes previos, confirma la tendencia a la desaceleración del mercado laboral.Sin embargo, el verdadero impacto del informe radicó en sus señales contradictorias. Aunque la contratación se desaceleró, la tasa de desempleo cayó al 4.4%, superando las expectativas. Esta divergencia generó la “perspectiva incierta” que enfrenta ahora la Reserva Federal. En esencia, los datos sugieren que el mercado laboral muestra una tendencia a la reducción de nuevas contrataciones por parte de las empresas, pero que la economía en general sigue absorbiendo trabajadores gracias a una mayor participación laboral u otros factores. Las revisiones del informe resaltaron aún más esta debilidad, ya que la cantidad de empleos perdidos en octubre se estima en 173,000, lo cual representa una disminución significativa en comparación con las cifras anteriores.
La reacción del mercado fue una traducción directa de esta incertidumbre política. Los rendimientos de los bonos del Tesoro aumentaron, ya que los operadores ajustaron sus expectativas. Los datos llevaron a que se esperara un recorte en las tasas de interés por parte de la Fed durante la segunda mitad del año. El informe retrasó efectivamente las expectativas del mercado sobre un posible alivio monetario; el próximo recorte no se pronosticó hasta junio. Como señaló un estratega, es probable que la Fed se base más en la tasa de desempleo que en otros indicadores económicos, lo que hace que estos datos sean un signo negativo para los mercados de bonos. Por ahora, la pausa de la Fed se ve reforzada, a pesar de que el mercado laboral muestra claras señales de debilitamiento.
Las acciones del mercado durante esa semana revelaron un patrón claro de rotación entre los diferentes sectores, impulsado por dos factores distintos. El primer shock geopolítico provocó una subida generalizada en los precios, mientras que los datos relacionados con el trabajo introdujeron un movimiento más selectivo, influenciado por las políticas gubernamentales.
La primera ola de ganancias se concentró en los sectores de la energía y la defensa. La captura de Maduro, junto con la llamada posterior del presidente Trump para que las compañías petroleras estadounidenses inviertan en esa área.
La reconstrucción de la infraestructura de Venezuela constituyó un catalizador importante y de gran importancia. Chevron, la única importante compañía petrolera estadounidense que todavía opera en Venezuela, lideró esta iniciativa. El lunes se completaron las obras.ExxonMobil y las empresas de servicios relacionados con el petróleo también registraron fuertes ganancias, ya que los inversores tuvieron en cuenta la posibilidad de que se necesitaran grandes inversiones de capital. No se trataba de una inversión específica en el sector energético. El acontecimiento geopolítico también provocó un flujo de inversión hacia una gama más amplia de activos. Empresas del sector de defensa como General Dynamics y Lockheed Martin vieron un impulso en sus valoraciones, y los futuros del oro alcanzaron su mejor nivel desde octubre. Esta diversificación refleja una respuesta clásica a los riesgos: los inversores apostaban tanto por empresas rentables como por activos considerados “seguros”.Más adelante esa semana, la narrativa pasó de las especulaciones geopolíticas a acuerdos corporativos concretos y políticas favorables. La atención se centró en la infraestructura energética y el sector habitacional. Vistra, una compañía eléctrica, experimentó un gran aumento en sus resultados.
Después de firmar un acuerdo de suministro de energía de 20 años con Meta Platforms para obtener electricidad de sus plantas nucleares, este paso destaca la creciente demanda por parte de los gigantes tecnológicos de energía confiable y a largo plazo para alimentar sus centros de datos de inteligencia artificial. De manera similar, los constructores residenciales y los proveedores de productos de construcción se unieron en apoyo del plan del presidente Trump de reducir las tasas de hipotecas. Builders FirstSource aumentó en un 12%, mientras que Lennar ganó un 8.9%. Estos ejemplos ilustran una orientación hacia sectores que se benefician directamente de iniciativas políticas específicas y cambios en la demanda estructural.La divergencia es instructiva. La semana comenzó con un único shock externo que provocó una oleada generalizada en los sectores de energía y defensa. Terminó con una rotación más detallada, donde las ganancias se relacionaban con contratos corporativos específicos y medidas políticas concretas. Este patrón destaca cómo la liderazgo del mercado puede cambiar rápidamente, pasando de apuestas especulativas sobre resultados geopolíticos a inversiones más tangibles en infraestructura y vivienda.
Los máximos históricos del mercado se encuentran ahora en una encrucijada. El impulso de la semana fue generado por un shock geopolítico y un cambio en las políticas monetarias. Pero el camino que se abre ante nosotros está lleno de desafíos inmediatos y tensiones estructurales más profundas. El próximo catalizador es evidente: la publicación del Índice de Precios al Consumidor de diciembre el 12 de enero. Este informe será la primera prueba importante relacionada con la inflación desde los datos del mercado laboral, lo que pondrá a prueba directamente la indecisión de la Reserva Federal para reducir las tasas de interés. Dado que el presidente Jerome Powell ha expresado cautela, el Índice de Precios al Consumidor determinará si la atención de la Reserva Federal se centra en la inflación o si comienza a centrarse en el mejoramiento del mercado laboral. La reacción del mercado determinará el tono de las próximas semanas.
Sin embargo, un riesgo más fundamental es la creciente discrepancia entre la narrativa geopolítica optimista y la frágil realidad económica. La historia de una inversión de 100 mil millones de dólares por parte de Estados Unidos para reconstruir el sector petrolero de Venezuela es una apuesta poderosa y orientada al futuro. Sin embargo, mientras que los ejecutivos y inversores del sector energético evalúan ahora los riesgos políticos y fiscales, estos siguen siendo significativos. Como señaló uno de los gestores de cartera…
Para protegerse del riesgo de nacionalización de los activos. Este escepticismo genera una vulnerabilidad. Si el capital prometido no se materializa, la subida de precios en el sector energético podría desmoronarse, lo que generaría volatilidad que contrarrestaría los máximos históricos del mercado en general.Por último, los nuevos máximos del mercado están sometidos a una presión directa debido a las mayores rentabilidades. El informe sobre el empleo causó que los precios de los bonos del Tesoro cayeran, lo que aumentó las rentabilidades y elevó el costo de capital. Esta dinámica hace que la próxima comunicación de la Fed sea crucial. Las directivas de la banco central ahora serán el principal indicador de si la actual debilidad económica es suficiente para provocar una respuesta política, o si las preocupaciones sobre la inflación mantendrán los tipos de interés en niveles elevados. Los máximos históricos del mercado no son un estado permanente; son un equilibrio frágil entre el optimismo geopolítico, los datos económicos y las expectativas políticas. La semana que viene pondrá a prueba qué fuerza tendrá la ventaja.
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