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El resurgimiento del capitalismo estatal y la politización de las cadenas de suministro mundiales han puesto a las empresas multinacionales bajo una nueva forma de escrutinio. La nacionalización de activos, en la que los gobiernos se apoderan de activos propiedad de extranjeros bajo el pretexto de proteger el interés público, se ha convertido en un verdadero riesgo geopolítico, con consecuencias inmediatas y a menudo graves para el valor de las acciones de las empresas afectadas. Estudios históricos como el caso de la nacionalización del gas en Bolivia en 2006 y la cancelación del contrato petrolero en Ecuador en 2006 demuestran cómo tales acontecimientos pueden provocar una drástica caída en los precios de las acciones y desafíos a largo plazo para las empresas afectadas.
En el año 2006, el presidente de Bolivia, Evo Morales, nacionalizó el sector de los hidrocarburos del país. La participación del gobierno en las ganancias obtenidas de estos campos aumentó del 18% al 50%, y posteriormente llegó al 82% para los campos de gas más importantes. Este gesto, presentado como una respuesta a problemas históricos y como una forma de financiar programas sociales, obligó a empresas extranjeras como Repsol YPF y Petrobras a ceder el control mayoritario a la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).
Mientras que el gobierno boliviano informó sobre un aumento en los ingresos y el crecimiento del PIB, la reacción inmediata del mercado fue mixta. Los inversores extranjeros, especialmente aquellos provenientes de Brasil y España, experimentaron una mayor incertidumbre.Y también disputas legales.
La cancelación por parte del Ecuador de su contrato de producción de petróleo con la empresa estadounidense Occidental en 2006, ofrece un ejemplo más directo de las consecuencias financieras de la nacionalización. El gobierno ecuatoriano acusó a Occidental de transferir un campo petrolero sin autorización, lo cual provocó la confiscación de sus activos. La decisión provocó que el valor de mercado de la compañía disminuyera un 2,2% de inmediato, con pérdidas mayores para la empresa.
en el segundo trimestre de 2006. La operación ecuatoriana representó el 7 por ciento de la producción global petrolera de Occidental en 2005, ydescendiente para 2006 y 2007.El caso destaca como incluso la parcial nacionalización, como la cancelación de contratos, puede interrumpir los flujos de efectivo y la confianza de los inversores. Para Occidental, la pérdida de reservas ecuatorianas no solo ha reducido la producción, sino que también ha señalado a los mercados la vulnerabilidad de las inversiones de los extranjeros en regiones ricas en recursos pero políticamente volátiles.
Estudios académicos sobre la nacionalización en las empresas manufactureras, especialmente en las economías no orientadas al mercado.
La rentabilidad disminuye debido a la sobreocupación de personal, al aumento de las cargas fiscales y a las ineficiencias burocráticas. Por ejemplo, las reformas de propiedad mixta en China, que consistieron en la adquisición de empresas privadas por parte del estado, causaron una reducción significativa en la rentabilidad de los activos y en la rentabilidad del capital propietario. Estos resultados sugieren que el impacto de la nacionalización va más allá de las reacciones inmediatas en los precios de las acciones; en muchos casos, la nacionalización erosiona el valor a largo plazo debido a las ineficiencias operativas.Los inversores también deben tener en cuenta el análisis estratégico de los gobiernos. La nacionalización se utiliza con frecuencia durante las crisis o para financiar programas sociales.
Los ingresos provenientes de los hidrocarburos se utilizan para fines públicos. Sin embargo, dichas políticas a menudo dan prioridad a objetivos políticos en lugar de la eficiencia económica. Esto conduce a una asignación inadecuada de los recursos y reduce la competitividad de las empresas afectadas.
Para los inversores, las lecciones que se pueden extraer de Bolivia y Ecuador son claras. Es crucial diversificar las inversiones entre diferentes jurisdicciones y protegerse contra los riesgos políticos mediante seguros o medidas contractuales. Además, las empresas deben equilibrar su rentabilidad con su participación en los procesos políticos del país anfitrión, a fin de reducir la probabilidad de nacionalización.
Los casos de 2006 también subrayan la importancia de la vigilancia en tiempo real de los acontecimientos geopolíticos. La caída del 2,2% en la cotización de las acciones de Occidental y las dificultades legales y operativas más amplias que enfrentan las empresas bolivianas demuestran que los mercados reaccionan rápidamente a los riesgos percibidos. Los inversores que no tienen en cuenta tales volúmenes pueden enfrentar una desempeño de bajo rendimiento.
La nacionalización de activos sigue siendo una herramienta efectiva para que los gobiernos puedan ejercer control sobre las industrias estratégicas. Pero los costos que esto implica para las empresas multinacionales son significativos. Desde disminuciones inmediatas en los precios de las acciones hasta una pérdida de rentabilidad a largo plazo, los efectos financieros son evidentes. Mientras persistan las tensiones geopolíticas y el nacionalismo económico, los inversores deben incorporar evaluaciones rigurosas de los riesgos geopolíticos en sus procesos de toma de decisiones. Los casos de Bolivia y Ecuador sirven como ejemplos de lo que puede ocurrir cuando los intereses del estado superan cada vez más la lógica del mercado. En ese caso, el valor de los accionistas es el más vulnerable.
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