El aumento en el uso de tarjetas de crédito por parte de la generación Z oculta una trampa de endeudamiento que puede afectar a las empresas tecnológicas y los bancos.

Generado por agente de IARhys NorthwoodRevisado porAInvest News Editorial Team
miércoles, 8 de abril de 2026, 5:33 pm ET5 min de lectura

El aumento en el uso de tarjetas de crédito por parte de la generación Z no se debe únicamente a mayores saldos en las tarjetas. Se trata, más bien, de una situación en la que la psicología humana colide con las presiones estructurales. En el fondo, existe un indicador específico que señala problemas.Los prestatarios de la generación Z en Texas tienen una proporción mayor de sus tarjetas que se utilizan frecuentemente: el 75 por ciento de sus límites de crédito o más.Este nivel de uso del crédito es un indicador conocido que predice con certeza el riesgo de incumplimiento de las obligaciones y la disminución de los puntajes de crédito. Esto, a su vez, contribuye a crear un ciclo de presión financiera constante.

Los datos relacionados con la situación financiera de los clientes confirman que esto ya está ocurriendo.La puntuación de crédito promedio de la generación Z disminuyó de 671 en el primer trimestre de 2024 a 659 en el segundo trimestre.Se trata de una disminución significativa. Lo que es aún más preocupante es que la proporción de usuarios de Credit Karma pertenecientes al grupo Gen Z que tienen un crédito deficiente (menor de 600 puntos) aumentó en 8 puntos, hasta el 33%, entre marzo de 2022 y febrero de 2024. Esto no es un problema insignificante; se trata de una pérdida mensurable en su situación financiera.

Esta erosión ocurre en un contexto marcado por presiones estructurales únicas.El 75% de los consumidores de la generación Z encuestados dijeron que sus finanzas se han visto afectadas negativamente por la recesión causada por la pandemia.Se trata de una proporción muy grande: más del 60% de los millennials se sintieron igualmente afectados por la crisis financiera global. Además, están lidiando con una situación de inflación rápida, lo que ha reducido sus presupuestos. Por lo tanto, el crédito se ha convertido en una solución más inmediata, aunque también más costosa, para cubrir sus gastos básicos y otros gastos discrecionales.

El mecanismo de comportamiento que relaciona esta presión con el gasto está bien documentado. Las tarjetas de crédito funcionan como un “lubricante psicológico”. Los estudios realizados con tecnología fMRI muestran que…Las compras con tarjeta de crédito estuvieron asociadas a una activación intensa en el estriado, lo cual coincide con el momento en que se produce la señal relacionada con la tarjeta de crédito.Ese es el centro de recompensa del cerebro. En cambio, las compras realizadas con efectivo mostraron una activación más débil en la red de recompensas. En otras palabras, la propia tarjeta puede desencadenar una respuesta de recompensa.Reduciendo el dolor que supone el pago.Y también significa “quitar el freno” al gasto. Para una generación que enfrenta dificultades financieras, este estímulo neurológico puede facilitar el gasto más allá de lo razonable. De esta manera, un herramienta necesaria se convierte en una trampa.

El desajuste estructural: Acceso al crédito vs. Estabilidad financiera

El aumento en el uso de tarjetas de crédito por parte de la generación Z es un síntoma de una falla sistémica más profunda. Por un lado, hay un crecimiento explosivo en el número de registros de crédito.El número de consumidores de la generación Z que recurren a créditos ha aumentado en más del 76 por ciento. La cantidad de personas que utilizan créditos ha crecido de 20 millones en el año 2021 a 34.5 millones en el año 2024.Sin embargo, su puntaje promedio de VantageScore, de 665 puntos, refleja su historial crediticio limitado. Esto crea un paradojo: los modelos tradicionales de evaluación de crédito están diseñados para situaciones en las que existe empleo estable y duradero, además de líneas de crédito consolidadas. Estos modelos dan prioridad a los ingresos constantes y a una larga trayectoria crediticia. Pero esto es precisamente lo que muchos miembros de la generación Z no tienen, debido al aumento del trabajo temporal y a la demora en la formación de activos como la propiedad de una casa.

Este desajuste obliga a tomar una decisión de tipo conductual. Cuando los sistemas tradicionales dicen “no”, debido a la escasez de archivos o a la volatilidad de los ingresos, la respuesta racional es buscar otra alternativa. Es aquí donde entran en juego las herramientas tecnológicas y los servicios como “Buy Now, Pay Later” (BNPL). Estos servicios ofrecen acceso inmediato al crédito, a menudo con requisitos menos estrictos. Pero hay un costo oculto…Estos herramientas, con frecuencia, no informan de manera consistente sobre el pago de las deudas a las agencias de crédito.La deuda se acumula, pero el historial de pago no lo hace. Esto crea una “capa de obligaciones financieras” que no contribuye al puntaje de crédito necesario para poder evitar esa situación.

El resultado es una trampa que se refuerza a sí misma. Un joven con ingresos irregulares se ve privado de obtener un préstamo tradicional. Por lo tanto, recurre a servicios de pago a plazos para comprar un nuevo ordenador portátil, algo necesario para poder trabajar desde casa. Pero estos servicios no registran los datos financieros de los clientes, por lo que su historial crediticio sigue siendo insuficiente. Luego, solicitan una tarjeta de crédito, quizás para mejorar su historial crediticio. Pero como no tienen ingresos estables, dependen de una tarjeta de alto limite, ofrecida por un prestamista tecnológico. Esta tarjeta se utiliza en exceso, lo que aumenta el nivel de utilización y daña aún más su perfil crediticio. El sistema, diseñado para recompensar a quienes son estables financieramente, en realidad penaliza a aquellos que no cumplen con los requisitos, empujándolos hacia productos de crédito más riesgosos y menos transparentes. Se trata de un defecto estructural: la estabilidad financiera es tanto una condición previa para obtener crédito, como algo que el crédito debería contribuir a crear.

Impacto financiero y implicaciones en el mercado

Las consecuencias financieras para la generación Z son ahora cuantificables y están en constante aumento. El saldo promedio de las tarjetas de crédito de los consumidores entre los 22 y 24 años es de…2,834 en el cuarto trimestre de 2023Se trata de un aumento significativo en comparación con los 2,248 dólares, ajustados por la inflación, en el año 2013. No se trata de un aumento puntual, sino de un crecimiento sostenido. Los saldos financieros aumentaron un 3.2% entre el primer y el segundo trimestre de 2024. Esta tasa de crecimiento supera a las generaciones anteriores; los miembros de la generación milenial experimentaron un aumento del 2.4%, mientras que los de la generación X lo lograron con un 2%.

Este aumento se produce en un mercado más amplio que ya está sujeto a presiones. El mercado de las deudas relacionadas con tarjetas de crédito en los Estados Unidos alcanzó una cifra récord de 1.17 billones de dólares en el tercer trimestre de 2024. Las tasas de incumplimiento son mucho mayores que los niveles anteriores a la pandemia. Para la generación Z, la presión se ve agravada por una clara degradación de su situación crediticia: su puntuación promedio ha disminuido, y la proporción de personas con créditos de mala calidad ha aumentado significativamente. Este comportamiento está generando una carga de deudas considerable desde muy temprano en sus vidas financieras.

La consecuencia a largo plazo es un posible retraso en los hitos importantes de la vida de las personas. Cuando una generación ya tiene problemas con sus puntajes de crédito y con sus saldos bancarios elevados, le resulta más difícil obtener préstamos para comprar viviendas o para fines empresariales. Esto podría retrasar el proceso de adquirir una vivienda o emprender negocios, encerrándolos en un ciclo de crédito costoso. La implicación del mercado es un cambio en la concentración de riesgos. Mientras que la mayoría de los consumidores de la generación Z manejan su deuda dentro de límites razonables, el rápido crecimiento de los saldos bancarios y las presiones estructurales que lo causan significan que un grupo más pequeño y vulnerable podría enfrentar problemas graves si las condiciones económicas empeoran. Para los emisores de tarjetas de crédito, esto representa un riesgo de crédito que se está creando hoy en día.

Catalizadores y riesgos: Lo que hay que tener en cuenta

Los patrones de comportamiento que hemos descrito están creando las condiciones para una posible burbuja de crédito. La pregunta clave ahora es: ¿qué acontecimientos en el corto plazo confirmarán o pondrán en duda esta teoría? Hay tres áreas que requieren un seguimiento detallado.

En primer lugar, las métricas de salud específicas relacionadas con los créditos de la generación Z son el indicador más directo que nos permite predecir su comportamiento en este aspecto. Se espera que el puntaje de crédito promedio de esta generación siga disminuyendo, y que aumente la proporción de personas con calificaciones de crédito bajas. La reciente caída en este indicador es señal de que la situación está empeorando.671 a 659Es un señal de alerta, pero la verdadera prueba es si esta erosión se acelera. Es importante también monitorear la tasa de morosidad en los últimos 30 días para este grupo de personas. Aunque la tasa general disminuyó ligeramente en el tercer trimestre de 2024, la utilización elevada por parte de la generación Z sigue siendo un problema.El 75 por ciento de las tarjetas se utilizan con frecuencia.En Texas, esto se convierte en una situación peligrosa. Un pequeño golpe económico o un aumento en las tasas de interés podrían provocar una oleada de incumplimientos de pagos. Esto, a su vez, podría llevar a que los préstamos se conviertan en deudas reales, y así se confirmaría el temor de que se produzca una “burbuja comportamental”.

En segundo lugar, los cambios en las políticas podrían o bien aliviar o exacerbar la presión sobre los estudiantes. El factor más importante es la reforma de los préstamos estudiantiles. Muchos jóvenes de la generación Z ahora están enfrentando sus primeros pagos, lo que aumenta su presión financiera. Cualquier medida que altere la carga de pago, ya sea mediante el perdon de parte de la deuda, planes basados en los ingresos o opciones de refinanciamiento, tendrá un impacto directo en su ingreso disponible y poder de gasto. No se trata solo de una cuestión de finanzas personales; también es una cuestión macroeconómica. Al aliviar esta carga de deuda, se podría liberar dinero para otros fines, lo que podría estabilizar los saldos de las tarjetas de crédito. Por el contrario, si no se implementan reformas, la situación podría empeorar, llevando a que más personas recurran a créditos de alto costo.

En tercer lugar, y quizás sea el aspecto más sistemático, está la adopción y uso de prácticas como “Buy Now, Pay Later” y los prestamistas tecnológicos. Estos instrumentos son una parte importante del problema de desajuste estructural, ya que permiten acceder al crédito sin necesidad de construir un historial de crédito. El riesgo es que se conviertan en un reservorio oculto de deuda. Es importante observar cuán ampliamente se están utilizando estos métodos, y si comienzan a informar de manera más consistente a las agencias de crédito. Si así ocurre, esto podría ayudar a la generación Z a mejorar sus calificaciones crediticias. Pero también podría aumentar los niveles de deuda reportados, lo que haría que el problema fuera más evidente. Si no ocurre eso, el sistema de crédito oculto crecerá, lo que podría ocultar una carga de deuda mayor y más peligrosa. Esto, a su vez, podría desestabilizar el sistema de crédito en general en caso de una crisis económica.

El riesgo más importante es un cambio en la actitud de los consumidores o un choque económico externo. El gasto de la generación Z se ha visto impulsado por una sensación de urgencia financiera y por las ventajas que ofrecen las tarjetas de crédito. Si se produce una recesión o se producen pérdidas laborales, esa confianza podría desaparecer rápidamente. La tendencia a ser demasiado confiados en su capacidad para manejar las deudas puede convertirse rápidamente en pánico, lo que provocaría una ola de incumplimientos de obligaciones. Esto pondría a prueba la resiliencia de todo el sistema crediticio, ya que los altos niveles de endeudamiento y los historiales crediticios débiles de esta generación los hacen un grupo particularmente vulnerable. Los factores que causan este riesgo son claros: el riesgo es que la “burbuja” financiera, basada en presiones estructurales y comportamientos erróneos, pueda estallar en el momento menos esperado.

Comentarios



Add a public comment...
Sin comentarios

Aún no hay comentarios