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El período comprendido entre 2023 y 2025 se ha caracterizado por una drástica reconfiguración de flujos de capital entre dos clases de activos que tradicionalmente no estaban relacionados: los metales preciosos y las criptomonedas. Si bien el oro y la plata han funcionado históricamente como activos de refugio, la proliferación de los ETFS de criptomonedas y la exposición de rango institucional a los activos digitales ha creado una nueva dinámica en el comportamiento de los inversionistas. Este artículo examina la interacción entre estos mercados, centrándose en la forma en que la inseguridad macroeconómica, las novedades normativas y las preferencias de los inversores en evolución han impulsado la realocación de capital.
El oro y la plata experimentaron una demanda sin precedentes durante 2023-2025, con precios que reflejan una revalorización aguda de su papel en los portafolios. Para finales de 2025, los precios del oro sobrepasaron los $4.400 dólares por onza, una ganancia del 65% en comparación con el mismo año anterior, mientras que la plata subió a $69 dólares por onza,
y el mejor desempeño anual desde la década de 1970. Este sobrepaso se alimentó de una combinación de factores:Esta onda subrayó un cambio fundamental en la posición de mercado: los inversores priorizaron los activos con un valor intrínseco y resistencia histórica respecto de las alternativas digitales especulativas.
En contraste, las criptomonedas se enfrentaron a un periodo de consolidación prolongado. El Bitcoin, una vez elogiado como el «oro digital», cayó de un pico de $126 000 en 2023 a menos de $87 000 para diciembre de 2025.
. El Ethereum tuvo un peor desempeño,En medio de inspecciones regulatorias y adversidades macroeconómicas. Los factores clave que contribuyen a este bajo rendimiento incluyen:El resultado fue un mercado bifurcado: los ETFs cripto brindaban acceso regulado a activos digitales, pero su rendimiento se quedaba atrás en comparación con los rendimientos sólidos del oro y la plata.
El incremento de los fondos ETF creó una intersección única entre los metales preciosos y los mercados de criptomonedas.
Fue la responsable de más del 60 % de la afluencia de fondos de inversión a ambos sectores, lo que indica una realocación estratégica de capitales. Este comportamiento se debió a:
Esta dinámica puso de relieve una importante observación: si bien al oro y a las criptomonedas a menudo se les considera como sustitutos, su coexistencia en los portafolios de ETF sugiere un rol complementario en estrategias diversificadas.
El periodo 2023-2025 ha redefinido la relación entre los metales preciosos y las criptomonedas. El oro y la plata han surgido como activos seguros dominantes, impulsados por la demanda tangible y las vientos geoeconómicos, mientras que el bajo rendimiento de las criptomonedas refleja los desafíos de la reglamentación y la liquidez. No obstante, el aumento de los ETFS ha creado un mercado híbrido donde el capital puede circular libremente entre estas clases de activos, en función de las condiciones macroeconómicas.
Para los inversores, la lección es clara: en una época de mayores incertidumbres, la capacidad de reasignar capital rápidamente entre activos digitales y físicos será crítica. A medida que se acerque el año 2026, la interacción entre estos mercados probablemente seguirá siendo un foco para los participantes del mercado minorista y los organismos gubernamentales.
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