La delicada relación entre los déficits presupuestarios de EE. UU. y las valoraciones de las acciones en el mercado bursátil

Generado por agente de IAAdrian HoffnerRevisado porAInvest News Editorial Team
viernes, 16 de enero de 2026, 4:25 pm ET3 min de lectura

El panorama fiscal de los Estados Unidos ha entrado en una fase precaria, con déficits presupuestarios y crecimiento del endeudamiento que supera al crecimiento económico. Para el año fiscal 2025, el déficit federal había alcanzado los 1.8 billones de dólares. La deuda que posee el público también aumentó significativamente, hasta llegar a los 28.1 billones de dólares, lo que representa el 98% del PIB. Este porcentaje era del 100% en el año 2020.

Las proyecciones hechas por la Oficina de Presupuesto del Congreso indican que esta situación empeorará. Se espera que la relación entre la deuda y el PIB alcance el 156% para el año 2055, y el 535% para el año 2099, bajo las políticas actuales.Estas dinámicas fiscales insostenibles no son simplemente cuestiones abstractas. Están transformando los flujos de capital, distorsionando las valoraciones de los activos y aumentando los riesgos sistémicos en los mercados mundiales.

La mecánica de la reasignación del capital

A medida que el gobierno de los Estados Unidos emite más bonos del tesoro para financiar sus déficits, los inversores están reajustando sus carteras de inversiones. Los tenedores extranjeros de la deuda estadounidense –Japón, China y el Reino Unido– representan en conjunto el 30% de la deuda pública. Sin embargo, esta proporción ha disminuido desde el 35% en el año 2020.

En cuanto al endeudamiento interno, el rendimiento relacionado con los préstamos nacionales ha disminuido. Por otro lado, la liquidez y la seguridad que ofrecían los títulos del Tesoro de los Estados Unidos también han disminuido. Un informe de State Street de 2025 señala que factores estructurales como las altas proporciones de deuda sobre el PIB y la volatilidad de la inflación han reducido la importancia de los títulos del Tesoro como activos de refugio seguro. Esto ha llevado a que los inversores institucionales diversifiquen sus inversiones en oro, bonos de corta duración y monedas estables como el yen y el franco suizo..

Esta reasignación de recursos tiene consecuencias directas en los mercados de acciones. Dado que las tasas de rentabilidad de los bonos no logran compensar los riesgos derivados de la inflación, el capital se dirige hacia las acciones, lo que lleva a que los valores de las empresas alcancen niveles históricamente altos. La relación precio/ganancias del S&P 500 sigue estando cerca de los niveles más altos de los últimos decenios. Por otro lado, los primas de riesgo de las acciones han bajado por debajo del promedio.

Sin embargo, este cambio no carece de consecuencias. El Informe de Estabilidad Financiera de la Reserva Federal de abril de 2025 advierte que las valoraciones excesivas, junto con la baja liquidez y el alto nivel de apalancamiento en el sector financiero, han aumentado los riesgos sistémicos..

Riesgos sistémicos y la sombra de las crisis fiscales

La interacción entre los déficits y la reasignación de capital está creando un ciclo de inestabilidad. El aumento de los costos de intereses, que actualmente ascienden a 1 billón de dólares anualmente, desalienta la inversión privada, lo que retrasa el crecimiento de la productividad a largo plazo.

Un estudio realizado en el año 2025 por el Banco de Intercambios Internacionales (BIS) señala que las instituciones financieras no bancarias, que ahora dominan los mercados de bonos soberanos, están aumentando los riesgos de transmisión financiera transfronteriza.Esta interconexión significa que una evaluación repentina de la credibilidad fiscal de los Estados Unidos, como el descenso del rating soberano de EE. UU. por parte de Moody’s en mayo de 2025, podría provocar una serie de fenómenos como la fuga de capitales y la inestabilidad en los mercados..

Las métricas cuantitativas destacan estos riesgos. El riesgo total del sector financiero estadounidense, que refleja las deficiencias de capital en tiempos de crisis, alcanzó los 450 mil millones de dólares en el tercer trimestre de 2025. Esto representa un 25% de las posibles pérdidas que podrían ocurrir en situaciones de recesión grave.

Mientras tanto, las redes de riesgo revelan que las instituciones con una alta centralidad (nodos HC) influyen de manera desproporcionada en las vulnerabilidades sistémicas.Estas dinámicas se vean agravadas por el estancamiento político, lo cual dificulta las medidas tomadas para enfrentar los desequilibrios fiscales y aumenta la incertidumbre entre los inversores.

La perspectiva a largo plazo: crecimiento versus estabilidad

La evidencia empírica sugiere que un alto nivel de deuda pública está relacionado con un crecimiento económico más lento. Un estudio realizado en 2025 por el Mercatus Center determinó que cada aumento del 1% en la relación de la deuda con el PIB reduce el crecimiento económico en 1.34 puntos básicos. Este efecto se vuelve más pronunciado cuando la deuda supera el 75-80% del PIB.

Según los proyecciones del CBO, bajo las políticas actuales, Estados Unidos superará este umbral para el año 2035. Esto aumentará aún más la presión sobre la flexibilidad fiscal del país.Este ralenticio, a su vez, podría obligar a los inversores a reasignar su capital fuera de las acciones, ya que el crecimiento de las ganancias se ve obstaculizado. Esto crea un ciclo vicioso en el que los valores de los activos disminuyen continuamente.

El informe del Consejo de Supervisión de la Estabilidad Financiera del año 2025 reconoce esta tensión, y aboga por un enfoque “centrado en el crecimiento” para lograr la estabilidad financiera. Este enfoque busca equilibrar la rigurosidad regulatoria con el rendimiento económico.

Sin embargo, el informe también señala que las herramientas regulatorias basadas en la inteligencia artificial, aunque son prometedoras, conllevan sus propios riesgos si no se ajustan a las realidades del mercado..

Conclusión: Cómo navegar en el equilibrio frágil

La relación entre los déficits presupuestarios de Estados Unidos y las valoraciones de los mercados accionarios se está volviendo cada vez más frágil. Aunque la reasignación del capital ha contribuido temporalmente a impulsar las cotizaciones de las acciones, también ha aumentado los riesgos sistémicos, desde las exposiciones concentradas en el sector inmobiliario hasta las dificultades de liquidez en los mercados de bonos.

Los inversores ahora deben enfrentarse a un paradojo: las mismas políticas fiscales que sostienen los precios de los activos, también amenazan la estabilidad misma sobre la que se basan esos precios.

Para aquellos que buscan resiliencia, es crucial diversificar las inversiones en activos alternativos y prestar atención a los indicadores macroeconómicos, como las tendencias de la inflación y los cambios en la política fiscal. Como destacan el CBO y el FSOC, el camino hacia el futuro requiere no solo innovaciones regulatorias, sino también una reconsideración de cómo los sistemas fiscales y financieros interactúan en una era de deuda sin precedentes.

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Adrian Hoffner

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