Las máscaras que se venden en el marco de la campaña de marketing de la marca Fonterra, por un valor de 4.2 mil millones de dólares, conllevan riesgos ambientales y legales importantes.

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martes, 31 de marzo de 2026, 6:54 pm ET5 min de lectura

Fonterra ha acordado vender sus marcas de productos para el consumidor al gigante lácteo francés Lactalis.4.2 mil millonesLa decisión, anunciada a principios de este mes, se produce tras la renuncia del director ejecutivo, Miles Hurrell, después de ocho años al frente de la empresa. Al mismo tiempo, Fonterra Oceania ha lanzado su primer…Plan de Acción para la Reconciliación (Reflect Reconciliation Action Plan – RAP)Un compromiso formal para reconocer y celebrar las culturas de los aborígenes y de los habitantes de las islas del Estrecho de Torres en todas las operaciones de la empresa en Australia.

A primera vista, estos movimientos parecen representar una ganancia financiera, además de un paso hacia la responsabilidad social corporativa. Sin embargo, estos acciones se llevan a cabo en un contexto de profundas controversias operativas. Greenpeace ha prometido continuar con sus esfuerzos en este sentido.Laudo de “lavado de dinero verde”Se ataca a la empresa, presentando las ventas de la marca como un acto simbólico que no hace nada para abordar los impactos ambientales y sociales que genera Fonterra. La portavoz del grupo, Sinéad Deighton-O’Flynn, ha sido particularmente crítica, acusando a la empresa de ver Nueva Zelanda como simplemente una fábrica de polvo de leche, mientras que sus agricultores y comunidades sufren las consecuencias de ello.

La tensión central es evidente. La venta de 4.200 millones de dólares representa un cambio estratégico en la situación financiera de Fonterra. Pero esto no resuelve los problemas fundamentales que señala Greenpeace: el modelo intensivo de ganadería depende de insumos costosos y vulnerables; además, contribuye a la contaminación del agua. Además, Fonterra sigue siendo el peor emisor de emisiones climáticas de Nueva Zelanda. El nuevo Plan de Acción de Reconciliación es un paso positivo, pero opera en un ámbito separado del modelo de negocio principal de la empresa y su impacto ambiental. Para los críticos, estas iniciativas parecen ser motivadas por cuestiones de relaciones públicas, y no están relacionadas con el “desastre” causado durante el mandato de Hurrell, un desastre que incluye tanto problemas financieros como ecológicos.

La olla de cocción rápida que no ha sido resuelta aún…

El plan de venta y reconciliación de la marca no aborda los problemas profundos y persistentes que siguen caracterizando la realidad operativa de Fonterra. Todavía existen tres áreas de riesgos sin resolver, las cuales son especialmente críticas.

En primer lugar, persisten las controversias relacionadas con la cadena de suministro. Greenpeace ha afirmado que la cadena de suministro de Fonterra está relacionada con…Deforestación ilegal en IndonesiaEsto se debe al uso de alimento importado a base de kerneles de palma. Esta situación plantea problemas serios en relación con la sostenibilidad de la empresa. Además, puede causar daños a su reputación y exponerla a posibles inspecciones regulatorias, especialmente teniendo en cuenta las crecientes exigencias de transparencia en la cadena de suministro mundial.

En segundo lugar, los riesgos relacionados con los litigios están evolucionando y ampliándose. Aunque…Proceso judicial contra Smith y Fonterra por cambio climáticoSe trata del caso más destacado relacionado con el clima en Nueva Zelanda. El panorama legal está cambiando. A nivel mundial, hay una tendencia creciente de casos legales contra los activistas relacionados con el clima. Un ejemplo de esto es la sentencia dictada por los tribunales estadounidenses contra Greenpeace en el año 2025. Esto crea una nueva vulnerabilidad para empresas como Fonterra, las cuales podrían enfrentar acciones legales no solo por parte de los demandantes, sino también por parte de terceros que buscan proteger las infraestructuras de las perturbaciones causadas por las manifestaciones.

En primer lugar, la degradación ambiental causada por la intensa actividad lechera es grave y sistemática. La magnitud del problema es realmente alarmante.Dos tercios de los ríos y lagos de Nueva Zelanda están en un estado tan degradado que no son adecuados para nadar o para la recolección de alimentos.Muchas comunidades rurales no pueden beber el agua del grifo debido a la contaminación por nitratos. Esta contaminación generalizada es una consecuencia directa del modelo de agricultura que FONTERRA apoya y de cuyo beneficio se beneficia. Se trata de una responsabilidad enorme y sin solución para los ecosistemas del país y para la salud pública.

Estas presiones no son algo abstracto. Son los costos reales que implica el modelo de negocio que generó esa fortuna de 4.2 mil millones de dólares. La venta de la marca elimina un factor de riesgo relacionado con el consumidor, pero no contribuye en absoluto a reducir los riesgos legales o ambientales que forman parte de las operaciones principales de Fonterra. Por ahora, estas presiones siguen siendo un problema sin resolver.

Sostenibilidad en los negocios principales y ambición en cuanto a las emisiones

La venta de la marca elimina esa faceta de las operaciones de Fonterra que se dirige al consumidor. Pero el modelo de producción básico de la empresa permanece intacto. Este modelo, basado en una intensa actividad lechera, enfrenta graves problemas relacionados con la sostenibilidad y las regulaciones legales. El nuevo plan de emisiones de la empresa no logra resolver esos problemas.

El elemento central de la estrategia climática de Fonterra es el compromiso de reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero.El 30 por ciento para el año 2030.Se pretende alcanzar el nivel de cero emisiones netas para el año 2050. Sin embargo, Greenpeace señala un defecto fundamental en este plan: carece de compromisos reales para reducir el número de vacas en los granjas lecheras. La activista Amanda Larsson considera esto como un “agujero” crítico en la estrategia propuesta. Según ella, prometer reducir las emisiones mientras se continúa aumentando el número de vacas es una promesa vacía. La única manera de lograr la reducción necesaria de las emisiones a tiempo, afirma, es reducir el número de vacas en las granjas lecheras. Pero este plan actual no establece ningún requisito para hacerlo.

Esta dependencia en la expansión del rebaño se refleja en los aspectos operativos de la empresa. El modelo intensivo de cría de ganado depende en gran medida de esto.Insumos importados destructivosEn particular, los fertilizantes nitrogenados sintéticos y los equipos utilizados para extraer el kernel de las palmeras son factores que no solo causan daños al medio ambiente, sino que también aumentan la vulnerabilidad de los agricultores ante los shocks en el suministro global de recursos. Esto se debe a que los envíos de fertilizantes quedan atrapados en el estrecho de Ormuz. Esto crea una doble vulnerabilidad: el deterioro del medio ambiente y los costos cada vez más elevados para los agricultores.

Lo que agrava estos problemas es el enfoque que adopta la empresa en cuanto a sus propias emisiones industriales. Fonterra es el segundo mayor consumidor de carbón en Nueva Zelanda; quemando cientos de miles de toneladas de carbón cada año para secar la leche que se exporta. Aunque la empresa ha indicado que planea reemplazar este uso de carbón por electricidad y biomasa de madera, Greenpeace critica ese cronograma por no ser lo suficientemente ambicioso. El plan parece implicar la construcción de nuevas calderas de carbón durante los próximos 13 años, antes de que estas se eliminen gradualmente. En un mundo donde el carbón ya es una industria en declive, esta extensión de diez años se considera una respuesta arriesgada y tardía a un problema climático urgente.

En resumen, el plan de reducción de emisiones se basa en soluciones tecnológicas no probadas para manejar el metano generado por las vacas, y también en una dependencia prolongada de los combustibles fósiles para el procesamiento de dicho metano. Este plan no aborda los problemas fundamentales relacionados con la sostenibilidad del propio modelo de producción. Para el nuevo director ejecutivo que asuma el cargo tras la renuncia de Hurrell, la tarea no es solo financiera, sino también crucial: lograr que un negocio rentable, pero que daña el medio ambiente, coexista con las necesidades urgentes de la acción climática y la recuperación ecológica.

Catalizadores, escenarios y lo que hay que observar

La venta de la marca por 4,2 mil millones de dólares proporciona un importante respaldo financiero. Pero su valor real dependerá de cómo Fonterra logre manejar los riesgos operativos y reputacionales que se van incrementando con el tiempo. Cuatro factores clave determinarán si las ventajas financieras superan los problemas que surgen debido a estos riesgos.

En primer lugar, la trayectoria de los litigios relacionados con el clima sigue siendo un tema completamente desconocido.Caso Smith contra FonterraLa reclamación relacionada con el clima sigue siendo la más importante en Nueva Zelanda. Pero el panorama legal está cambiando. A nivel mundial, hay un aumento en los casos civiles contra los activistas ambientales, como lo demuestra el fallo emitido por los tribunales estadounidenses en 2025. Esto crea una nueva vulnerabilidad para Fonterra, ya que podría enfrentarse a acciones legales no solo por parte de los demandantes, sino también por parte de terceros que buscan proteger las infraestructuras de las interferencias causadas por las manifestaciones. La capacidad de la empresa para soportar esta presión legal será crucial.

En segundo lugar, las medidas regulatorias relacionadas con los daños ambientales constituyen una amenaza real. Greenpeace ha vinculado directamente la cadena de suministro de Fonterra con…Deforestación ilegal en IndonesiaY la empresa enfrenta una constante vigilancia debido a la contaminación del agua causada por el vertido de aguas lácteas.Dos tercios de los ríos y lagos de Nueva Zelanda están tan degradados que no son adecuados para nadar o para la recolección de alimentos.Los reguladores están sujetos a una presión cada vez mayor para tomar medidas. Las multas o las órdenes de reparación obligatorias relacionadas con estos problemas implicarían costos directos y restricciones operativas, lo que afectaría directamente la sostenibilidad del modelo de producción actual.

En tercer lugar, la credibilidad del plan de emisiones de Fonterra depende de medidas concretas. La promesa de la empresa de reducir las emisiones netas…El 30 por ciento para el año 2030.Este enfoque se ve socavado por su falta de compromiso para reducir el número de vacas en el rebaño. Los críticos argumentan que prometer reducir las emisiones mientras se continúa aumentando el número de vacas es una mera formalidad. La verdadera prueba será si las reducciones reales se ajustan a los objetivos establecidos, especialmente en cuanto al tamaño del rebaño y la utilización de insumos importados que son perjudiciales, como los aceites obtenidos de la palma. Cualquier desviación del plan podría causar daños a la reputación de la empresa y enfrentarla a represalias regulatorias.

Por último, el nuevo Plan de Acción para la Reconciliación debe ir más allá del mero simbolismo. Aunque…Reflexiona sobre RAP.Es un paso positivo para las operaciones de Fonterra Oceania en Australia. Sin embargo, su impacto debe ser evaluado en relación con los costos sociales y ambientales que implica la producción intensiva de leche. El éxito del plan se medirá por los resultados tangibles que genere en términos de construir relaciones con las comunidades indígenas, y no solo por el hecho de que haya sido lanzado. Si se considera que este plan es simplemente una estrategia de relaciones públicas, sin tener en cuenta el impacto ambiental real de la empresa, entonces se corre el riesgo de que se amplíen las acusaciones de “greenwashing” que la empresa intenta evitar.

En resumen, la venta de la marca representa una reorganización financiera, pero esto no exime a Fonterra de sus responsabilidades operativas y ambientales. Los años venideros estarán determinados por cómo la empresa maneja estos cuatro aspectos críticos.

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