La financiarización de la Fed: Evaluación del cambio estructural hacia una práctica basada en el mercado

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porAInvest News Editorial Team
sábado, 17 de enero de 2026, 3:21 am ET5 min de lectura

La nominación de Rick Rieder como presidente de la Reserva Federal indica una posible cambio en el enfoque del sistema financiero. No se trata simplemente de un cambio de personal, sino de un cambio estructural hacia una mayor orientación hacia las prácticas de mercado en la gestión de las finanzas. El perfil de Rieder difiere significativamente de los economistas académicos y expertos legales que tradicionalmente ocupan ese cargo en la Reserva Federal. Como director de inversión en renta fija global en BlackRock, actualmente supervisa aproximadamente…

Este nivel de gestión del capital en el sector privado representa un desafío fundamental para las normas operativas que han estado vigentes durante mucho tiempo por parte del banco central.

El propio proceso de nombramiento político resalta este enfoque. La entrevista con Rieder se llevó a cabo en la Casa Blanca, junto con el Vicepresidente JD Vance y el Secretario del Tesoro, Scott Bessent. Se trata de una reunión de alto nivel, y la selección de Rieder se considera como una medida estratégica que se alinea con los objetivos generales de la administración. El hecho de que Rieder no tenga experiencia en el sector financiero o en el gobierno es visto por algunos como un punto positivo, ya que destaca la intención de contar con una perspectiva nueva y pragmática para la dirección del país. El enfoque de la administración en relación con la estabilidad de la política monetaria y las dinámicas del endeudamiento de Estados Unidos durante la entrevista indica que se busca un líder que piense desde una perspectiva más amplia del sistema financiero, y no solo en términos de modelos inflacionarios.

La filosofía expuesta por Rieder refleja claramente este cambio en la forma en que se maneja el “balance de pagos de EE. UU”. Él aboga por que la Reserva Federal gestione este balance de manera integral, no solo desde el punto de vista de la estabilidad de precios. Esta perspectiva sugiere una postura más intervencionista, en la que se tienen en cuenta la salud del sistema financiero, la velocidad del flujo monetario y el costo del capital para las empresas y los hogares. Esto lleva a que el mandato de la banco central se vuelva más activo en la gestión de los aspectos financieros de la economía. No obstante, sigue existiendo una tensión fundamental: un banquero con un portafolio de 2.4 billones de dólares y con una mentalidad de profesional del mercado, debe liderar una institución que debería ser independiente y tecnocrática. Este es el nuevo escenario.

La doctrina de la política: pragmatismo, gestión de las cuentas y el uso de la inteligencia artificial para contrarrestar la inflación.

El núcleo de la doctrina política de Rieder es un enfoque pragmático y orientado hacia el futuro, que cuestiona directamente el modelo tradicional de la Reserva Federal, basado en datos estadísticos. Su postura más clara es la llamada a una política monetaria agresiva. Ha defendido públicamente que la Reserva Federal debe reducir los tipos de interés.

Esto no es una visión cautelosa o gradualista; se trata de una directiva para un cambio significativo en las políticas económicas. Se trata de una creencia profunda de que los actuales niveles de restricciones son demasiado elevados para la situación económica actual.

Esta postura más relajada en las políticas monetarias se basa en una comprensión detallada de la estructura de la inflación. Rieder sostiene que…

Esta perspectiva representa una diferencia fundamental con respecto al modelo de gestión estricta de la inflación. Este modelo suele asumir que altos niveles de inflación pueden disminuir todas las formas de presión de precios. Al aislar estos sectores persistentes y no transables, Rieder sugiere que se necesita un conjunto de herramientas más específicas para manejar esta situación. Esto implica estar dispuesto a tolerar cierta fricción inflacionaria en la economía de servicios, siempre y cuando esto contribuya al crecimiento y a la estabilidad del mercado financiero. Se trata de un compromiso clásico para quienes trabajan en el ámbito financiero.

La diferencia con un tecnócrata puro es abrumadora. Un banquero que siga estrictamente el objetivo de la inflación probablemente consideraría que los altos precios de los servicios son una señal de que la política monetaria no es suficientemente restrictiva, lo que podría llevar a una mayor intensificación de las medidas monetarias. Por otro lado, el marco propuesto por Rieder considera que estos problemas son de carácter estructural, y que la política monetaria no puede resolverlos. Esto podría llevar a una postura más tolerante durante las primeras fases de un ciclo de crecimiento, ya que la Fed tendría menos inclinación a aumentar las tasas de interés preventivamente para combatir la inflación causada por una demanda excesiva. En la práctica, esto podría significar que el banco central permanezca al margen del proceso, permitiendo que la economía se desarrolle antes de intervenir.

En resumen, la doctrina de Rieder se basa en la gestión equilibrada de los activos, en lugar de en una doctrina rígida. Su enfoque en los flujos de efectivo corporativos en tiempo real y en los aumentos de productividad logrados con el uso de la inteligencia artificial, como señaló el secretario del Tesoro Bessent, indica que este presidente tendrá en cuenta la salud del sistema financiero y el costo del capital para las empresas, frente a los datos de inflación. Esto podría llevar a una Fed más intervencionista y menos predecible, capaz de reducir las tasas de interés con mayor rapidez para fomentar el crecimiento y los mercados, incluso si los datos sobre inflación siguen siendo difíciles de predecir en ciertos sectores. Se trata, en definitiva, de la financiarización de la política monetaria en acción.

Mercados financieros y escenarios económicos: El nuevo equilibrio

El cambio en la política hacia una gestión del balance general, en lugar de un enfoque rígido de la meta de inflación, sienta las bases para un nuevo equilibrio en los mercados financieros y en la economía en general. La elección que se debe hacer es clara: una Fed que se concentre en el bienestar sistémico podría estar más dispuesta a tolerar déficits y deuda más elevados. Esto, a su vez, podría presionar los rendimientos de los bonos del Tesoro y el valor del dólar. Al mismo tiempo, el énfasis en el aprovechamiento de los avances en la productividad gracias al uso de la IA introduce un factor poderoso, pero incierto, en la predicción de la inflación. Esto podría alterar la relación entre crecimiento y inflación, tal como ocurre en la economía tradicional.

Un banco con un portafolio de 2.4 billones de dólares, y que se centra en la “velocidad” del dinero, probablemente verá el balance de cuenta de los Estados Unidos como una entidad integral. Esta perspectiva podría reducir el umbral percibido para la expansión fiscal. Si la Fed es menos inclinada a luchar agresivamente contra la inflación causada por costos estructurales de servicios, también podría preocuparse menos por el impacto inmediato en el mercado de un aumento de la deuda. El resultado podría ser un período prolongado de bajas rentabilidades del Tesoro, ya que el mercado considera una postura más tolerante. Esto apoyaría los precios de los activos en general, pero podría afectar negativamente al dólar, haciendo que las importaciones sean más caras y generando una presión inflacionaria sutil pero persistente desde el extranjero.

La previsión de la inflación se vuelve más compleja. El marco teórico propuesto por Rieder distingue entre la inflación estructural y la inflación relacionada con los servicios. Esto indica que el papel de la política monetaria en la reducción de la inflación es limitado. Esto abre la posibilidad de que la Fed reduzca las tasas de interés para fomentar el crecimiento económico, confiando en que la productividad generada por la IA pueda compensar cualquier inflación en el mercado laboral. La idea de utilizar la IA como medio para contrarrestar la inflación es interesante, pero no ha sido probada a gran escala. Si la productividad generada por la IA no se materializa tan rápido como se espera, la Fed podría encontrarse en una situación difícil: habiendo reducido las tasas de interés para estimular el crecimiento, pero enfrentándose a un aumento de las presiones salariales y de precios que no puede controlar fácilmente. Esto introduce una nueva incertidumbre en las perspectivas económicas.

Los mercados inevitablemente fijarán los precios de estas nuevas dinámicas. Los sectores que son sensibles a las reducciones de tipos de interés, como el sector inmobiliario y los servicios públicos, podrían beneficiarse de un entorno con tasas de descuento más bajas. Por otro lado, los sectores financieros que han construido su rentabilidad sobre una política monetaria estable, como algunas bancos regionales e compañías de seguros, podrían enfrentarse a una reducción en sus márgenes de beneficio. En resumen, el mercado recompensa aquellos que utilizan técnicas financieras eficaces y estrategias de crecimiento, mientras que castiga a quienes dependen de la arbitraje en torno a la política monetaria tradicional. El nuevo equilibrio favorece a quienes son ágiles y tienen una visión a largo plazo. Pero también requiere una mayor tolerancia a la volatilidad, ya que el banco central debe navegar por este camino desconocido.

Catalizadores, riesgos y lo que hay que tener en cuenta

La fecha límite para este cambio de régimen es cada vez más cercana. El gobierno ha indicado que está decidido a llevarlo a cabo.

Con el Foro Económico Mundial en Davos como un posible factor que pueda influir en los acontecimientos, la entrevista final con Rick Rieder está programada para esta semana. Los próximos días serán cruciales para la elección del nuevo presidente. El tiempo se ha acortado, y la atención del mercado se centrará en la realidad operativa de una persona que tenga un portafolio valorado en 2.4 billones de dólares.

El principal riesgo de este nuevo equilibrio es la credibilidad de la institución. La presidencia de un experto en mercados, aunque sea pragmático, introduce una nueva vulnerabilidad: la percepción de que la política monetaria está siendo influenciada por factores políticos. La independencia del Fed es su pilar fundamental. Los vínculos de Rieder con el sector financiero privado y su alineamiento con los objetivos del gobierno podrían llevar a la creación de una narrativa según la cual la política monetaria está siendo dirigida para servir a fines fiscales y políticos. Este es el principal conflicto relacionado con la teoría de la financiarización. Si los mercados consideran que el Fed no es tan tecnocrático como debería ser, sino más sensible a las decisiones del gobierno, esto podría provocar volatilidad en los mercados, ya que los inversores recalibrarán sus expectativas en cuanto a la neutralidad de la política monetaria. La credibilidad de la propia institución se convierte así en la primera víctima de este cambio en su estructura operativa.

Sin embargo, la verdadera prueba será en el primer comunicado de política monetaria del Fed, después de una posible presidencia de Rieder. Ese documento revelará con mayor claridad los cambios en las políticas monetarias, más que cualquier entrevista. Presten atención al lenguaje utilizado en ese documento, a las referencias al estado del sistema financiero y a la forma en que se aborda la inflación. ¿Refleja esto una gestión holística, como defiende Rieder, o se trata de un enfoque más tradicional, basado en datos concretos? Este será el primer indicio concreto de si la financiarización del Fed representa un cambio estructural o simplemente un elemento retórico. Por ahora, la situación es clara: hay una decisión que está por tomar, la credibilidad está en juego, y el próximo movimiento del mercado dependerá de las primeras palabras oficiales de un presidente que piensa como un gestor de cartera.

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Julian West

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