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El cálculo de la política de julio de 2025 de la Reserva Federal se encuentra en una encrucijada precaria. Con las demandas públicas del presidente Trump de recortes de tasas resonando en los pasillos del poder, y una tormenta político-económica que se avecina sobre los aranceles y la inflación, los inversores deben navegar por un panorama en el que la independencia del banco central choca con la presión política. Para los inversores de renta variable y de alto rendimiento, esta tensión puede indicar tanto riesgo como oportunidad.
La postura actual de la Fed, mantener estable la tasa de fondos federales en 4,25 – 4,5%, refleja un delicado acto de equilibrio. Si bien los aranceles de Trump han desencadenado picos inflacionarios a corto plazo (evidentes en el repunte del IPC de junio), el banco central sigue desconfiando de afianzar expectativas de inflación más altas. Esta cautela se ve reforzada por un mercado laboral que, a pesar de la retórica de Trump, muestra resiliencia: las solicitudes iniciales de desempleo cayeron a un mínimo de 10 meses en julio, lo que llevó el rendimiento del Tesoro a 10 años al 4,65%, ya que los mercados de bonos cotizaron con una línea dura prolongada.
La visita de Trump a la sede de la Fed subrayó el teatro político que ahora da forma a la política monetaria. Su demanda de recortes para hacer que la vivienda sea "asequible" ignora la ironía de que sus propios aranceles aumenten los costos de construcción. Sin embargo, su defensa vocal ha inyectado incertidumbre en las expectativas del mercado, y los mercados de futuros ahora valoran una probabilidad del 65% de un recorte de tasas de 25 puntos básicos en septiembre, un cambio del 40% implícito a principios de julio.
La independencia de la Fed está bajo asedio, pero no toda la volatilidad se crea igual. La postura pública de Trump ya ha comenzado a distorsionar los mecanismos de fijación de precios. Por ejemplo, los diferenciales de los bonos de alto rendimiento se han ampliado en 40 puntos básicos desde junio, lo que refleja tanto los riesgos de inflación como los temores de un paso en falso de la política. Esta volatilidad, sin embargo, crea oportunidades asimétricas para los inversores dispuestos a actuar estratégicamente.
Considere el desempeño reciente del S&P 500. Si bien el índice ha tenido un rendimiento inferior al del Tesoro a 10 años en 2025, sectores como el inmobiliario y el consumo discrecional, sensibles a los recortes de tasas, han tenido un rendimiento superior en un 8% en lo que va del año. Un posible recorte de tasas en septiembre podría amplificar esta divergencia.
Para los inversores, la clave radica en posicionarse para un posible giro de la política mientras se cubre contra los riesgos a la baja. Aquí le mostramos cómo capitalizar:
Finanzas: Si bien los rendimientos a corto plazo pueden caer, los bancos con altos márgenes de interés neto (por ejemplo, JPMorgan) podrían beneficiarse de una curva de rendimiento más pronunciada.
Bonos de alto rendimiento: una atracción mal valorada
Las empresas con un fuerte flujo de caja (por ejemplo, productores de energía e industriales) ofrecen atractivos rendimientos ajustados al riesgo en este entorno.
Cobertura de riesgo político
La credibilidad de la Fed es su activo más valioso. La negativa de Powell a capitular ante las demandas de Trump, incluso cuando el presidente criticó los costos de renovación de la Fed, indica un compromiso de mantener esa independencia. Sin embargo, los recientes indicios moderados del banco central (por ejemplo, la retórica de "paciente pero preparado" de Powell) sugieren que puede tolerar una inflación ligeramente más alta para evitar un paso en falso de política.
Los próximos meses pondrán a prueba la determinación de la Fed. Un recorte de tasas en septiembre validaría las expectativas del mercado de un pivote de política, creando una oportunidad de compra para acciones y bonos de alto rendimiento. Por el contrario, un retraso podría profundizar la volatilidad, particularmente si la agenda política de Trump altera aún más la dinámica de la inflación.
Por ahora, los inversores deberían adoptar una estrategia de barra: asignar el 60 %a activos defensivos de baja duración (por ejemplo, bonos del Tesoro a corto plazo y servicios públicos) y el 40 %a sectores sensibles a las tasas de alta convicción. El próximo movimiento de la Fed, y el próximo tuit de Trump, podrían inclinar la balanza.
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