Exxon y Chevron enfrentan un riesgo oculto: los precios de mercado aumentan sin que se tenga en cuenta el daño estructural causado por las medidas tomadas.
La narrativa del mercado actual es la de una disrupción extrema. El conflicto ha provocado lo que la Agencia Internacional de Energía denomina “el mayor desafío en materia de seguridad energética y alimentaria de la historia”. El estrecho de Ormuz está cerrado, y los precios de los productos básicos han alcanzado niveles sin precedentes durante años. Todo esto ha generado un margen adicional de precio, lo que contribuye a crear una visión consensuada de volatilidad extrema y riesgos relacionados con la stagflación.
La realidad operativa actual se debe a un golpe histórico en el suministro de petróleo y GNL. Tras el cierre del Estrecho de Ormuz el 4 de marzo, las exportaciones de petróleo y GNL quedaron interrumpidas. Como resultado, QatarEnergy tuvo que declarar una situación de fuerza mayor para todas las exportaciones. La disminución en la producción fue impresionante: la cantidad total de petróleo y GNL exportados por Kuwait, Irak, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos descendió en un 6.7 millones de barriles diarios al 10 de marzo. Para el 12 de marzo, esa cifra ya había disminuido en al menos 10 millones de barriles diarios. Se trata de la mayor interrupción en el suministro en la historia del mercado mundial del petróleo. El impacto es inmediato y visible; hay largas colas en las estaciones de servicio en Asia, incluido Vietnam. La escasez de combustible afecta a todo el sistema.
Sin embargo, para las grandes compañías petroleras que tienen una importante presencia en la región, la situación financiera es paradójica. Exxon Mobil, Shell y TotalEnergies tienen una producción significativa en el Medio Oriente. Los analistas estiman que entre el 20% y el 29% de su producción total se encuentra en esa región. La clausura de los campos de producción y el bloqueo marítimo amenazan esta producción. Sin embargo, el aumento en los precios del petróleo y el gas actúa como un factor positivo. Como señaló un analista, este aumento en los precios podría “ayudar a aumentar las ganancias de las compañías”. Esta dinámica crea un respaldo a corto plazo para las ganancias de las compañías, incluso cuando sus activos físicos enfrentan riesgos operativos.

En resumen, los mercados ya han incorporado en sus precios la situación de una tormenta perfecta. La opinión general se basa en la magnitud del desastre que supone la interrupción en el suministro y la presión inflacionaria resultante. Esto ha llevado a los bancos centrales a reconsiderar las posibilidades de reducir las tasas de interés. Aunque los movimientos actuales de los precios reflejan este impacto, la pregunta clave para los inversores es si los mercados ya han incorporado en sus precios el peor escenario posible. La extrema volatilidad y la magnitud del descenso en el suministro indican que el “premio por la crisis” ya está bien asentado en los precios. El riesgo ahora no es que los precios fallen, sino que la interrupción pueda durar más tiempo del esperado, convirtiendo un aumento temporal en un entorno de estagflación prolongada.
La asimetría del impacto: las ganancias de los productores frente al sufrimiento de los consumidores
Las consecuencias financieras del conflicto son muy claras. Mientras que el mercado de valores celebra, las acciones de la gigante petrolera estadounidense aumentan en valor.30% este añoLa realidad para las empresas que están detrás de esos precios es mucho más compleja. El aumento en los precios del petróleo y el gas, de hecho, constituye un factor que puede compensar parte de las pérdidas económicas, pero este efecto se ve contrarrestado por los crecientes riesgos operativos y por las tensiones políticas que surgen. Esto crea una brecha entre la visión optimista del mercado y los costos reales que se presentan hoy en día.
Para los usuarios finales, el problema es inmediato y evidente. En los Estados Unidos, el precio promedio por galón de gasolina regular ha aumentado.$3.21 en TexasLos precios han aumentado significativamente en comparación con el mes anterior. A nivel nacional, los precios ya han superado los niveles anteriores.$3.70 por galónSe estima que los estadounidenses han gastado más de 2 mil millones de dólares solo en las últimas dos semanas para rellenar sus cilindros de GLP. Este problema no se limita al Occidente: en Nepal, los consumidores tienen que esperar horas en fila para poder rellenar sus cilindros vacíos de GLP. En Vietnam, la situación es similar.Se forman largas colas en las estaciones de servicio.Las escaseces se extienden por toda Asia. Los problemas económicos son de carácter global; la AIE califica esta interrupción en el suministro como “el mayor desafío a la seguridad energética y alimentaria en la historia”.
La asimetría es más evidente en los daños físicos causados a la infraestructura. Los recientes ataques con misiles contra la planta de producción de GLP de Ras Laffan, en Catar, donde operan empresas conjuntas con Exxon Mobil, le costarán al estado energético una cantidad estimada de…20 mil millones de dólares en ingresos perdidos.Dado que las reparaciones pueden llevar hasta cinco años en total, esto representa una interrupción de la producción y de los flujos de efectivo durante varios años. Se trata de un costo a largo plazo que no se refleja en las valoraciones actuales de las existencias, ya que estas siguen estando influenciadas por los altos precios de las materias primas. El mercado ya tiene en cuenta este costo adicional, pero no el daño estructural causado por las reparaciones.
Esta divergencia está generando presión política. Grupos progresistas y ambientalistas, junto con legisladores demócratas como el senador Whitehouse y el congresista Ro Khanna, piden que se imponga un impuesto especial sobre las principales empresas de combustibles fósiles, con el objetivo de compensar el aumento de los costos de vida para los ciudadanos comunes. Su argumento es que, mientras que las corporaciones obtienen ganancias desproporcionadas, los consumidores son quienes sufren las consecuencias negativas. Esto crea un nuevo riesgo para los productores: la posibilidad de que se tomen medidas regulatorias que puedan reducir parte de esa ganancia excesiva, lo que añadiría otro factor de incertidumbre además de los riesgos operativos y de cadena de suministro.
En resumen, existe una clara división entre los consumidores y los productores. Los consumidores tienen que pagar el precio actual, mientras que las gasolineras y los presupuestos de las familias sufren las consecuencias negativas. Los productores, por su parte, pueden obtener beneficios significativos debido a los precios más altos. Pero esta situación se complica debido a los daños físicos, la presión política y el riesgo de un conflicto prolongado que podría extender el impacto del shock económico. El aumento del 30% en el mercado puede parecer perfecto, pero los costos reales tanto para los productores como para los consumidores solo están comenzando a ser calculados.
Valoración y catalizadores: ¿Qué queda por valorar?
La situación actual del mercado presenta una clásica asimetría entre riesgo y recompensa. Las acciones relacionadas con la energía han subido debido a la expectativa de un aumento temporal en los precios, pero los verdaderos factores que influyen en el mercado se centran en la duración y la intensidad de las consecuencias negativas. El principal riesgo operativo no es el impacto inicial, sino el tiempo necesario para que los activos dañados se recuperen. Los ataques con misiles contra la planta de producción de GNL en Ras Laffan, en Catar, causarán a la empresa estatal de energía un costo estimado de…20 mil millones de dólares en ingresos perdidos.Y requieren hasta cinco años para ser reparados. Esto representa un déficit en el suministro que durará varios años. Se trata de un costo a largo plazo que aún no se refleja en las valoraciones de las existencias, ya que estas siguen estando influenciadas por los altos precios de las materias primas. El mercado está valorando el beneficio económico que esto puede generar, pero no el daño estructural causado.
Un importante catalizador político está ganando fuerza: se reclama la imposición de un impuesto sobre las ganancias obtenidas de la industria petrolera. Grupos progresistas y ambientalistas, junto con legisladores demócratas como el senador Whitehouse y el congresista Ro Khanna, están abogando por esta medida para compensar el aumento de los costos de vida. Su argumento es que, mientras que las corporaciones obtienen grandes ganancias, los consumidores son quienes sufren las consecuencias negativas. Esto crea un nuevo riesgo para los productores. Si se implementara este impuesto, se podría recuperar una parte significativa de las ganancias obtenidas, lo que afectaría directamente los flujos de efectivo futuros y cambiaría la situación de la inversión, pasando de ser una actividad comercial simple a algo con mayores incertidumbres regulatorias.
Sin embargo, el riesgo más grave radica en una escalada de la situación más allá de las infraestructuras energéticas. Las recientes amenazas, tanto por parte de Irán como de Estados Unidos, de atacar instalaciones civiles críticas como centrales eléctricas y sistemas de desalinización, indican un potencial peligroso de escalada. Irán ha prometido…Destruir de forma irreversible la infraestructura esencial.Si las propias instalaciones de energía del país son atacadas, esto llevará el conflicto de un simple shock en el suministro a una posible amenaza para los sistemas que sustentan el comercio mundial. Tal escenario podría provocar el colapso del comercio mundial y una recesión aún más profunda. Esto cambiaría fundamentalmente la situación económica, pasando de una situación de estagflación debido a los altos precios del petróleo a una crisis económica sistémica.
En resumen, el mercado ya ha incorporado en los precios este aumento temporal de los precios de las acciones relacionadas con la energía. La verdadera prueba será la duración del cierre del Estrecho de Ormuz y la cronología de recuperación de las instalaciones dañadas. Mientras estos problemas no se resuelvan, el riesgo y la recompensa para las acciones relacionadas con la energía dependen de dos factores clave: la respuesta política a las ganancias de las empresas y la posibilidad de que el conflicto se convierta en un ataque más amplio contra la infraestructura mundial. Por ahora, la opinión general es que se tratará de una interrupción temporal y limitada. Pero la realidad puede ser más frágil de lo que parece.

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