Las acciones europeas caen debido a la amenaza de un shock energético que se ha pasado por alto. La clausura del puerto de Hormuz podría causar una inflación prolongada, además de que la BCE podría aumentar las tasas de interés.
El plan inicial del mercado era claro: un conflicto breve y repentino, acompañado por un aumento temporal en los precios del petróleo. La opinión general, según lo indicado en los casos de análisis de los analistas, era que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán serían relativamente breves. Se esperaba que los precios de la energía volvieran a los niveles anteriores al ataque, una vez que las perturbaciones disminuyeran. Esta perspectiva partía del supuesto de que OPEP tenía suficiente capacidad para manejar la situación y que el estrecho de Hormuz podría permanecer abierto. En ese escenario, el impacto económico sería moderado: una ligera desaceleración en el crecimiento económico y un pequeño aumento en la inflación.
Pero la realidad en el terreno práctico está poniendo a prueba ese consenso. La brecha entre las expectativas y la realidad se está ampliando. Hace unas semanas, el mercado esperaba que la Banco Central Europeo no aumentara los tipos de interés este año. Ahora, a medida que el conflicto se intensifica y los precios del petróleo suben, los inversores anticipan al menos dos aumentos de 25 puntos básicos en los tipos de interés. Esta es una reacción directa del mercado ante el temor de que una interrupción prolongada pueda reactivar las presiones inflacionarias, obligando a la BCE a mantener una política monetaria más restrictiva de lo previsto. El cambio de cero a al menos dos aumentos en los tipos de interés es una señal clara de que el impacto del shock ya se está reflejando en los mercados.
En segundo lugar, el riesgo secundario no se tiene en cuenta de manera adecuada. Los analistas de Citi ahora asignan una…Hay una probabilidad del 30% de que el precio del crudo de Brent llegue a los 150 dólares por barril.Se trata de un movimiento muy drástico en comparación con los niveles actuales del mercado. Todo depende de que ocurran más ataques que dañen la infraestructura relacionada con el suministro, o que el Estrecho de Ormuz se mantenga cerrado. Aunque una probabilidad del 30% no es una opinión generalizada, el modelo utilizado para calcular esta probabilidad destaca un resultado muy probable, pero que el mercado podría estar subestimando. El hecho de que se esté considerando tal escenario como una posibilidad real indica que las expectativas básicas están siendo exageradas.

Sin embargo, la prueba más contundente se encuentra en las propias acciones de los precios. Las acciones europeas, que están más expuestas a los impactos causados por los precios del petróleo, han caído considerablemente.Nivel más bajo en cuatro mesesTodos los sectores están en declive, siendo el sector de defensa y el industrial el que lidera este descenso de precios. No se trata de una corrección menor; es un retroceso generalizado que refleja que los inversores han asumido una realidad más grave y prolongada de lo que se había previsto inicialmente. El mercado está pasando de una situación de “conflicto corto plazo” a una situación en la que las consecuencias económicas y geopolíticas se vuelven más tangibles y costosas.
Choque energético: Una revisión de la realidad
El escenario inicial del mercado asumía que se produciría un aumento temporal en los precios del petróleo. Pero la realidad es que se trata de un impacto físico sostenido. El precio del crudo Brent ha aumentado significativamente.El 70% de los niveles anteriores a la guerra se mantienen, con un precio de $112 por barril.Eso no es simplemente un sobreprecio por el riesgo; se trata de una señal directa de que la cadena de suministro está interrumpida. Este hecho, por sí solo, invalida la narrativa del “conflicto breve”. El mercado ahora está asignando un impacto energético mucho más grave y prolongado.
La interrupción física es aún más evidente. Desde los primeros ataques, el tráfico naval por el Estrecho de Ormoz se ha reducido considerablemente.Cerca de un estancamiento total.Este punto de control maneja aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo al día, además de una quinta parte del comercio mundial de GNL. Una interrupción total en este flujo representa un evento grave y poco probable, algo que no se tuvo plenamente en cuenta en el consenso inicial. Esto constituye una interrupción física en el sistema energético mundial, y el mercado apenas está comenzando a aceptar esta situación.
Este shock está ejerciendo una presión especial sobre los mercados de acciones europeos, debido a las vulnerabilidades específicas de la región. Aunque Europa depende menos del petróleo del Golfo que Asia, no está completamente aislada. El impacto inmediato en los precios es a nivel mundial. Lo más importante es que la vulnerabilidad más grave de Europa radica en el gas natural licuado. El cierre del paso estrecho de Ormuz reduce la disponibilidad del gas natural a nivel mundial, lo que obliga a Europa a competir con los compradores asiáticos por los cargamentos flexibles. Esta situación recuerda la crisis de 2021-2023; directamente, esto afecta los precios del gas en Europa. Con los niveles de almacenamiento ya bajos, esto crea un escenario propicio para aumentar los costos de energía industrial y la inflación, lo que afecta directamente la competitividad de la región.
En resumen, el impacto energético se ha convertido de un riesgo teórico en una presión real y tangible. El aumento del precio del petróleo en un 70% y la situación de parada temporal en el transporte marítimo son hechos que están cambiando las expectativas de las empresas. Para los mercados europeos, esto no se trata solo de mayores gastos relacionados con el combustible; se trata también de un cambio fundamental en los costos de hacer negocios. Estos costos ahora están incluidos en los precios de las acciones.
La brecha entre las expectativas y la realidad: ¿Qué está disponible versus qué realmente ocurre?
La reacción del mercado ante el conflicto con Irán es un ejemplo típico de “comprar las noticias falsas y vender las verdaderas”. La esperanza inicial de una resolución rápida, impulsada por las afirmaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llevó a una fuerte recuperación en los precios del petróleo. Sin embargo, la negativa de Teherán a participar en las negociaciones y la continuación de los ataques causaron que las expectativas se redujeran nuevamente. La realidad de un impacto físico prolongado ya está siendo tomada en consideración por los inversores, y ese impacto es mucho más grave de lo que el mercado había previsto.
La brecha entre las expectativas y la realidad se está ampliando, ya que los efectos físicos son más graves de lo que se esperaba. La situación básica que planteaban los analistas era que el conflicto duraría “semanas, no meses”, y que los precios de la energía volverían a los niveles previos al ataque. Sin embargo, las pruebas indican una trayectoria diferente. El tráfico por el Estrecho de Ormuz se ha reducido significativamente.Cerca de un punto de estancamiento.Se trata de un punto de control en el que se manejan aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo al día. Se trata de una brecha importante en la cadena de suministro mundial, algo que la narrativa inicial sobre el “pequeño conflicto” no tomó en consideración. Ahora, el mercado está pasando de una situación de prima de riesgo temporal a una situación de reducción continua de los inventarios y de equilibrios mundiales cada vez más tensos.
Esta brecha de expectativas ejerce una presión mayor sobre los mercados europeos que sobre los mercados estadounidenses. Esto se debe a la vulnerabilidad regional, que no se refleja adecuadamente en las valoraciones de las acciones. Mientras que Europa depende menos del petróleo del Golfo que Asia, su mayor vulnerabilidad radica en el sector del GNL. La cerración del paso estrecho de Hormuz reduce la disponibilidad mundial de petróleo, lo que obliga a Europa a competir con los compradores asiáticos por cargas flexibles. Esta situación ejerce una presión directa sobre los precios del gas en Europa, que ya están bajo tensión. El resultado es un aumento claro en los costos de energía industrial y en la inflación, lo cual afecta negativamente la competitividad de la región. Esta exposición física específica es la razón por la cual las acciones europeas han caído significativamente.Mínimo de cuatro mesesY el mercado estadounidense también está rezagado, a pesar de que el impacto global en el sector energético se refleja en todos los lugares. El mercado ahora anticipa una situación más grave y prolongada. La estructura energética única de Europa lo convierte en el más vulnerable ante ese cambio.
Catalizadores y riesgos: ¿Qué podría cerrar esa brecha?
El mercado se encuentra ahora en una situación de espera, esperando señales concretas que indiquen si la brecha entre las expectativas actuales se reducirá o no. El factor principal que determina esta situación es la capacidad de Estados Unidos y sus aliados para restablecer los flujos comerciales a través del Estrecho de Ormuz. Como señaló el economista jefe de ICG:Esto sigue siendo incierto y de suma importancia.El punto estrella del transporte de petróleo, que transporta una quinta parte del comercio mundial de petróleo, se ha desacelerado hasta el punto de estar casi inactivo. Cualquier progreso tangible hacia su reapertura sería una clara señal de que el conflicto está disminuyendo, tal como se supone en el escenario base. Por el contrario, si la situación continúa sin cambiar, se confirmaría el escenario más grave, y probablemente se requerirían nuevos ajustes en las políticas relacionadas con este tema.
Un riesgo importante que podría ampliar drásticamente la brecha es el surgimiento de nuevos ataques contra la infraestructura energética. Los analistas de Citi consideran esto como una situación distinta, y asignan una importancia especial a este aspecto.Hay una probabilidad del 30% de que el precio del crudo de Brent alcance los 150 dólares por barril.Este resultado depende de una interrupción prolongada en el suministro, o de que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado hasta junio. Los recientes ataques contra importantes instalaciones energéticas, incluido el daño causado a la planta de Ras Laffan en Catar, ya han reducido la capacidad de exportación en un 17%. Si estos ataques continúan, se generarán precios más altos e inflación, lo que afectará directamente la situación actual del mercado.
Para saber cómo esto afectará la economía real, los inversores deben prestar atención a los datos del índice de actividad empresarial en la zona euro y a las señales de política monetaria de la BCE. Estos indicadores nos ayudarán a determinar si el impacto negativo causado por el shock energético se traduce en crecimiento económico y presiones inflacionarias reales. El mercado ya ha tenido en cuenta un impacto moderado en el crecimiento global y una ligera aumento en la inflación. Sin embargo, las perturbaciones en la cadena de suministro de GNL en Europa podrían hacer que ese impacto sea más severo a nivel regional. Si hay signos tempranos de una contracción drástica en la producción manufacturera o en los servicios, junto con una inflación persistente, sería necesario reevaluar las perspectivas económicas. Esto, probablemente, hará que los bancos centrales mantengan su política monetaria por más tiempo del esperado.
En resumen, el camino a seguir depende de dos factores importantes: la reapertura física de un canal de agua clave y la intensificación de los ataques contra los suministros. Mientras uno de estos factores no se resuelva, la brecha en las expectativas continuará existiendo, lo que hará que las acciones europeas sean vulnerables a la volatilidad.

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