Los deslizamientos de tierra en la zona de Gamo de Etiopía indican un riesgo constante de desastres climáticos, además de una capacidad de respuesta débil ante tales desastres.

Generado por agente de IAJulian CruzRevisado porShunan Liu
martes, 17 de marzo de 2026, 2:46 am ET3 min de lectura

El desastre ocurrió la semana pasada, cuando las intensas y continuas lluvias hundieron las laderas montañosas de la región de Gamo, en Etiopía. Como resultado, se produjo una serie de deslizamientos de tierra devastadores, que hasta ahora han causado numerosas víctimas.125 vidasEl número de muertos ha aumentado constantemente. Las autoridades regionales informaron que había 70 personas fallecidas a principios de esta semana; posteriormente, la cifra aumentó a 125 personas hasta el domingo. Más de 11,000 personas han sido desplazadas, ya que han tenido que abandonar sus hogares debido a la destrucción generalizada.

El evento ocurrió en una zona de alto riesgo. El terreno empinado y montañoso de la Zona de Gamo, especialmente en las cercanías de Arba Minch, es inherentemente vulnerable. Cuando las lluvias prolongadas penetran en el suelo, se genera una presión sobre los poros del mismo, lo que debilita la estabilidad de la pendiente. Esto provoca que se produzcan desprendimientos de tierra, ya que las fuerzas resistenciales del suelo no pueden contrarrestar la gravedad. Como resultado, grandes cantidades de lodo y escombros caen hacia abajo, enterrando casas e infraestructuras.

La respuesta política nacional ha sido rápida. El primer ministro Abiy Ahmed visitó las áreas afectadas el sábado, expresando sus condolencias y comprometiéndose a brindar apoyo gubernamental. Su visita destaca la importancia nacional de esta tragedia y la presión que recae sobre las autoridades para que puedan manejar la situación y enfrentar los riesgos recurrentes en estas comunidades vulnerables de las regiones altas.

Antecedentes históricos y contexto climático

Este último desastre no es una tragedia aislada, sino más bien un reflejo de un patrón de comportamiento que se repite constantemente. Hace poco más de un año, en julio de 2024, una serie de lluvias intensas provocó deslizamientos de tierra catastróficos en la región vecina de Gofa. Ese evento causó muchas pérdidas humanas.Al menos 257 muertos.Más de 15,000 personas se vieron desplazadas como consecuencia del deslizamiento de tierra. Este fue el deslizamiento más mortal en la historia registrada del país. La magnitud de los daños en la zona de Gamo esta semana es evidente: hay 125 muertos y más de 11,000 personas han sido desplazadas. Esto demuestra que la vulnerabilidad sigue siendo alta, y el riesgo de que ocurran nuevos deslizamientos de tierra es elevado.

La exposición de Etiopía a estos eventos se ve agravada por un marcado desequilibrio climático. A pesar de que Etiopía solo contribuye ligeramente a este problema…El 0.53% de las emisiones mundialesEl país se encuentra entre los 10 países más vulnerables a los desastres climáticos. Esto representa una forma de injusticia climática en la práctica: el país soporta una carga desproporcionada debido a los fenómenos climáticos extremos, que no fueron causados por él. El mecanismo es claro: el aumento de las temperaturas globales intensifica los patrones de lluvia, lo que lleva a precipitaciones más fuertes y erráticas. Estas precipitaciones dañinas penetran en los suelos montañosos, provocando daños irreparables.

Las perspectivas para los próximos meses aumentan la probabilidad de que ocurran más eventos. Los pronósticos regionales indican que…Tienen una probabilidad del 45% de que haya precipitaciones superiores al promedio.Durante la temporada crítica de marzo a mayo, se espera que el terreno se vuelva más saturado y que haya una mayor inestabilidad en las zonas de alta montaña como Gamo y Gofa. El precedente histórico del año 2024, junto con esta previsión y la vulnerabilidad sistémica del país, indica que este desastre es parte de una tendencia negativa, y no un acontecimiento aislado.

Vulnerabilidad estructural y capacidad de adaptación

El fracaso repetido en la protección de las pendientes sugiere una problemática más profunda y sistémica: una planificación inadecuada del uso del suelo a largo plazo, así como una falta de medidas de protección de las pendientes. Las comunidades que viven en las zonas montañosas de la región de Gamo se encuentran a menudo en terrenos escarpados, donde el agua de lluvia se concentra naturalmente. Cuando las lluvias prolongadas penetran en el suelo, el presión del agua en los poros del suelo aumenta, lo que debilita la estabilidad de las pendientes. En muchos casos, las fuerzas que resisten en el suelo ya no son capaces de contrarrestar la gravedad, lo que lleva a colapsos rápidos. Los datos muestran que…Los suelos saturados pueden perder estabilidad de forma rápida.Especialmente en aquellos lugares donde la cubierta vegetal ha sido alterada o donde el drenaje es deficiente. Este mecanismo no es algo nuevo; fue el mismo proceso el que causó los deslizamientos de tierra fatales en la zona vecina de Gofa, en el año 2024.

Los esfuerzos de recuperación se ven obstaculizados por las mismas condiciones que causaron el desastre. Las operaciones de búsqueda y rescate se han complicado debido a los caminos bloqueados, los puentes dañados y la continua lluvia. Este patrón de infraestructura dañada y lluvias constantes también dificulta la prestación de ayuda en el año 2024. Esto crea un ciclo vicioso: retrasa la entrega de ayuda, aumenta el riesgo para los trabajadores de rescate y prolonga el sufrimiento de las personas desplazadas. La respuesta del gobierno, incluyendo…Tres días de duelo.Y la movilización de recursos es una reacción estándar y importante ante las tragedias nacionales. Se ha establecido un fondo de ayuda para recaudar donaciones de ciudadanos y empresas privadas.

Sin embargo, la efectividad de esta movilización depende completamente de la coordinación y del alcance de las acciones realizadas. El desafío consiste en llevar suministros a comunidades remotas y desplazadas, donde los residentes buscan entre los sedimentos de lodo supervivientes. Sin una logística adecuada y alianzas locales, incluso la ayuda bien intencionada puede verse retrasada o dirigida hacia lugares incorrectos. En resumen, mientras que el estado puede reaccionar rápidamente, la capacidad de adaptación de estas zonas vulnerables sigue siendo baja. El riesgo constante requiere algo más que una respuesta reactiva; se necesita una inversión sostenida en la estabilización de los terrenos, en mejorar el drenaje y en políticas de uso del suelo que eviten que las asentamientos estén cerca de los caminos más peligrosos.

Catalizadores y puntos de control

El camino hacia un cambio duradero, a partir de la tragedia de esta semana, depende de unos pocos factores clave. El punto crítico es el número de muertos. El número de personas fallecidas ya ha aumentado.Al menos 102.Con…Decenas de personas siguen desaparecidas.Mientras continúan las operaciones de búsqueda, esta cifra servirá como indicador claro del costo humano total del desastre y de la urgencia de una respuesta adecuada.

Más allá de los números, el signo clave será el cambio que haga el gobierno: pasar de la ayuda inmediata a una estrategia de adaptación a largo plazo. La declaración de tres días de duelo y la movilización de fondos para la ayuda humanitaria son reacciones habituales. Pero lo verdaderamente importante es ver si estos esfuerzos van acompañados por financiamiento concreto y a largo plazo para la adaptación al impacto de desastres. Esperemos que haya anuncios oficiales detallando proyectos específicos relacionados con la estabilización de las pendientes y la mejora del drenaje en la Zona de Gamo. Sin tales compromisos, es probable que el ciclo de desastres y recuperación se repita una y otra vez.

El punto de vigilancia más importante para evitar futuros sacrificios humanos es la implementación de sistemas de alerta temprana y planes de reubicación de las comunidades. Los funcionarios ya han instado a los residentes de las áreas vulnerables a tomar precauciones, pero las advertencias solo son efectivas si van acompañadas de medidas concretas. El gobierno debe actuar rápidamente para instalar sistemas de monitoreo confiables que puedan detectar el aumento de la humedad del suelo y los movimientos de las pendientes. Al mismo tiempo, se deben desarrollar y financiar planes para reubicar a las comunidades de los lugares más peligrosos. El desastre de Gofa en 2024, que causó la muerte de más de 200 personas, demostró que tales medidas son posibles. La repetición de un evento similar en Gamo esta semana sugiere que estas medidas aún no son una prioridad. Las próximas semanas revelarán si este desastre logrará forzar un cambio en esa situación.

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