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El sistema financiero mundial en 2025 se encuentra al borde de una crisis que no se debe a un único acontecimiento, sino más bien a una combinación de fragilidad sistémica, caos político y la pérdida de confianza en las instituciones. Los bancos centrales, que antes eran vistos como pilares de estabilidad, ahora enfrentan problemas relacionados con las altas valoraciones de los activos, la presión en el mercado de bonos soberanos y el creciente poder de las instituciones financieras no bancarias.
Mientras tanto, la inestabilidad política ha alcanzado un nivel histórico, con conflictos armados, disturbios sociales y una degradación institucional que socavan los cimientos de la gobernanza global.En este entorno, los metales preciosos —en particular el oro y la plata— se han convertido en herramientas fundamentales para los inversores que buscan protegerse contra el colapso de la confianza financiera.
Lo que agrava estos problemas es el “comercio de debasemento”, una estrategia en la que los inversores abandonan las monedas fiduciarias y la deuda soberana, debido a los persistentes déficits fiscales y la expansión monetaria.
Los bancos centrales, especialmente en los mercados emergentes, han respondido acumulando oro de manera agresiva, con el objetivo de diversificar sus reservas y evitar que el dólar estadounidense pierda su dominio.Este cambio refleja una creciente conciencia de que los instrumentos financieros tradicionales ya no son fuentes confiables de valor.La inestabilidad política se ha convertido en una característica distintiva de 2025. El índice de inestabilidad política de Coface alcanzó el 41.1% en diciembre de 2025, un nivel récord, causado por los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, los disturbios sociales en Indonesia y Nepal, así como la erosión institucional en economías avanzadas como Estados Unidos, el Reino Unido y Francia.
El panel de control de riesgos geopolíticos de BlackRock destaca la creciente tensión entre Estados Unidos y China, además de los temores de un ataque cibernético grave, que son las principales preocupaciones de los inversores.Español:Estos desarrollos han creado un ciclo de retroalimentación: la incertidumbre geopolítica impulsa la demanda por activos considerados “refugios seguros”, mientras que la disminución de la confianza en los gobiernos y las bancos centrales acelera la fuga de capitales de los mercados tradicionales. La encuesta global de McKinsey sobre las condiciones económicas destaca además que las empresas consideran ahora la inestabilidad geopolítica como un riesgo principal para el crecimiento.
Español:En este contexto, los metales preciosos han registrado ganancias históricas. El oro aumentó en un 70.7% en el año 2025, alcanzando los 4,524.68 dólares por onza; mientras que la plata se duplicó más de dos veces, llegando a los 76.405 dólares por onza.
Este movimiento de apoyo se debió a una combinación de factores: las compras de oro por parte de los bancos centrales, la presión inflacionaria y el comercio relacionado con el “disminución del valor del oro”.Los inversores institucionales, incluidos los que se encuentran en Europa, han comenzado a ver el oro no como un activo especulativo, sino como una parte fundamental de su cartera de inversiones, con el objetivo de protegerse contra la inflación, la devaluación de las monedas y los riesgos sistémicos.Español:El rendimiento de la plata, por su parte, refleja su doble función como metal industrial y como medio monetario. Su precio aumentó en un 148.9% en el año 2025, debido a las escasez de suministro, las tensiones geopolíticas y su papel crucial en las tecnologías de energía renovable.
Los analistas sostienen que, aunque en 2026 podrían observarse aumentos más moderados en la demanda, los factores estructurales que impulsan dicha demanda siguen siendo fuertes.Español:Las estrategias institucionales para el año 2025 enfatizan una estructura de cartera redefinida. El director de inversiones de Morgan Stanley recomienda una distribución del 60/20/20: 60% en valores, 20% en bonos y 20% en oro, como respuesta a la desactualización del modelo tradicional de 60/40.
Este enfoque considera al oro como un instrumento importante para contrarrestar la inflación, y no como un medio para diversificar las inversiones. Esto refleja su papel en constante evolución como un activo funcional en un mundo marcado por riesgos fiscales.Español:El comportamiento de Gold ha cambiado; ahora se trata de una inversión que tiene en cuenta los tipos de interés, pero también como una forma de cobertura de riesgos fiscales. El valor de Gold aumenta cuando los tipos de interés a largo plazo reflejan un mayor riesgo soberano.
Para los inversores estadounidenses, la experiencia europea en la asignación de activos en oro sirve como una guía útil: los productos negociados en bolsa son preferidos debido a su transparencia, bajo costo y capacidad de escalabilidad.A medida que más asignadores integran el oro en las carteras de activos reales, la convergencia en el diseño de las carteras de inversión en Estados Unidos y Europa es inevitable.Español:El “Imperio de la ilegalidad” no es una metáfora, sino una realidad para el año 2025. Los riesgos sistémicos del sector bancario, la inestabilidad política y la pérdida de confianza en los sistemas financieros han creado una situación en la que los activos tradicionales se vuelven cada vez más inestables. Sin embargo, los metales preciosos ofrecen una opción segura. Su aumento significativo en el año 2025 destaca su papel como reserva de valor y como herramienta para protegerse contra lo desconocido. Para los inversores, el mensaje es claro: en una época de ilegalidad, el único lugar seguro es aquel donde los activos trascienden fronteras, monedas y ciclos políticos.
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