Los cruces geopolíticos de Dollar: Amenazas tarifarias y el gambito de Groenlandia

Generado por agente de IACyrus ColeRevisado porTianhao Xu
lunes, 19 de enero de 2026, 12:37 am ET5 min de lectura

El presidente Trump ha utilizado las tarifas como herramienta para ejercer coerción geopolítica. Estas tarifas están relacionadas con una disputa territorial por el territorio de Groenlandia. El mecanismo es claro: una tarifa del 10% se aplicará a todos los bienes provenientes de ocho países europeos: Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Países Bajos, Finlandia y Reino Unido. Esta tarifa aumentará al 25% hasta el 1 de junio, si no se llega a un acuerdo para adquirir ese territorio ártico. Este acto representa una escalada en su lucha constante por Groenlandia. El presidente presenta esto como una cuestión de seguridad nacional y paz mundial. Al atacar a aquellos aliados que han enviado personal militar a esa región, intenta presionar tanto a Dinamarca como a sus socios europeos para que lleguen a un acuerdo.

La reacción inmediata del mercado refleja el riesgo que se percibe en una guerra comercial transatlántica. El euro cayó al nivel más bajo en siete semanas; la moneda cotizaba en torno a los 1,1572 dólares, ya que los inversores tomaron en cuenta la posibilidad de que los precios de las importaciones aumentaran significativamente y que ocurrieran perturbaciones económicas. El índice del dólar también cayó desde sus niveles máximos de varias semanas, debilitándose considerablemente frente a monedas de referencia como el yen y el franco suizo. Esta reversión indica que, aunque el dólar estadounidense a menudo aumenta durante tiempos de incertidumbre global, la posibilidad de un conflicto económico directo con aliados clave introduce una nueva fuente de desestabilización.

Los líderes europeos han respondido con medidas defensivas, calificando las amenazas arancelarias como chantajes. El presidente francés, Emmanuel Macron, solicitó que la Unión Europea activara su “instrumento de lucha contra la coerción”, un medio de defensa comercial diseñado para contrarrestar la presión económica proveniente de países no aliados como China. La Unión Europea también está considerando reintroducir los aranceles retaliativos, cuyo valor asciende a 93 mil millones de euros. Esta situación crea una situación de alto riesgo, donde la interdependencia económica se está utilizando como herramienta de guerra. Los mercados son los primeros en notar esta tensión.

La respuesta europea: Defensa colectiva y contramedidas

La reacción de los países europeos ha sido rápida y unificada, lo que demuestra una clara orientación estratégica hacia la defensa colectiva. En una rara muestra de solidaridad transatlántica, los líderes de las ocho naciones afectadas emitieron una declaración conjunta en la que condenaban las amenazas arancelarias como un ataque directo contra la cohesión de la OTAN. Expresaron su “plena solidaridad” con Dinamarca y Groenlandia, reafirmando su compromiso con los objetivos comunes de seguridad en el Ártico. Esta respuesta coordinada, liderada por figuras como la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el presidente francés Emmanuel Macron, considera que esta disputa no es algo que se pueda resolver mediante negociaciones bilaterales, sino que representa una prueba para los principios de alianza entre los países miembros de la OTAN. El mensaje es claro: la coerción económica no podrá imponer la integridad territorial de un país miembro de la OTAN.

Sin embargo, el movimiento estratégico más importante es la propuesta de Francia de activar el “instrumento anti-coacción” de la UE. Este instrumento, que hasta ahora no había sido utilizado en la práctica, está diseñado para contrarrestar la presión económica ejercida por países no aliados como China. Al recurrir a este instrumento contra los Estados Unidos, los líderes europeos intentan utilizar su propio poder económico como arma para defenderse. Este instrumento podría permitir que el bloque impida que los bienes y servicios estadounidenses entren en su mercado de 450 millones de personas. Se trata de una medida directa que dañaría a los exportadores estadounidenses y a sus intereses financieros. Esto convierte la disputa comercial en una posible confrontación a gran escala en el mercado, donde la UE utiliza su poder económico como escudo para sus aliados.

La credibilidad de esta respuesta radica en su unidad y en los medios tangibles que dispone para llevarla a cabo. El hecho de que incluso figuras tradicionalmente proestadounidenses, como la primera ministra italiana Giorgia Meloni, se hayan negado públicamente a aceptar esta amenaza, demuestra cuán profundo es el rechazo hacia esta iniciativa. Sin embargo, la situación es inestable desde el punto de vista político y legal. El acuerdo comercial entre la UE y Washington, que impone una tarifa del 15% sobre la mayoría de las exportaciones de la UE, crea un entorno legal y político complejo. Si se activara el instrumento de lucha contra la coerción, ese acuerdo podría colapsar, lo que causaría un caos aún mayor en las relaciones transatlánticas. Por ahora, el frente europeo parece fuerte, pero esto aumenta enormemente los riesgos, convirtiendo este asunto en una situación económica peligrosa.

Implicaciones y escenarios en el mercado

La reacción inmediata del mercado revela un cambio importante en la percepción del riesgo. A medida que la situación se volvía más tensa, el dólar estadounidense perdió su reputación de moneda segura. Esto significa que los inversores consideran que existe un nuevo tipo de conflicto geopolítico que podría desestabilizar el sistema de alianzas en el que históricamente se ha basado la fortaleza del dólar. El euro también cayó al nivel más bajo en siete semanas, lo que refleja la presión combinada de las posibles tarifas de los Estados Unidos y las represalias europeas.

Los costos relacionados con las políticas financieras son elevados. Una guerra comercial a gran escala impondría cargas significativas y directas a ambas partes. Las economías europeas, que ya enfrentan una recuperación frágil, verían aumentar los precios de las importaciones, lo que probablemente debilitaría la demanda interna y las inversiones. Los analistas estiman que los aumentos en los aranceles podrían reducir el PIB europeo en un punto porcentual este año. Para Estados Unidos, los costos serían más indirectos, pero no menos reales. Los altos aranceles europeos sobre los productos estadounidenses, incluyendo el posible rearme de un paquete de medidas de represalia por valor de 93 mil millones de euros, dañaría a las empresas exportadoras y a las firmas de servicios financieros. La incertidumbre ya ha afectado negativamente las inversiones empresariales; muchas empresas estadounidenses han decidido suspender las contrataciones en 2025, mientras esperan a que se aclare la situación respecto a las acciones arancelarias de Trump.

El resultado final depende de dos factores clave. El primero es la decisión que tomará la Corte Suprema respecto a los poderes de emergencia del presidente. Esta decisión determinará el marco legal en el que se basarán estas tarifas. El segundo factor es la evaluación estratégica por parte de los aliados de la OTAN. La respuesta de Europa ha sido unida, pero soportar un dolor económico a cambio de la soberanía de Groenlandia es una prueba de la cohesión entre los países europeos. El “instrumento anti-coacción” del bloque europeo ofrece una medida contundente, pero su implementación podría llevar meses y arriesgarse a deshacer el frágil acuerdo comercial alcanzado el verano pasado. Como señaló uno de los expertos, las acciones de Trump amenazan con “destruir los acuerdos comerciales” que Estados Unidos ha establecido con sus aliados.

En resumen, ambas partes están jugando un juego muy peligroso. Los mercados ya están pagando el precio por la volatilidad y la incertidumbre. Una solución al problema requeriría que tanto la Casa Blanca como Bruselas se retiraran de la situación. Pero el capital político ya invertido hace que una retirada rápida sea poco probable. Por ahora, todo indica que habrá un período prolongado de conflictos económicos, lo cual afectará negativamente el crecimiento y las inversiones en el eje transatlántico.

Catalizadores y puntos de control

La situación actual se ha convertido en una situación de enfrentamiento con varios acontecimientos que afectarán su trayectoria en el corto plazo. El primer plazo límite es…1 de febreroLa fecha en que entrarán en vigor los aranceles iniciales del 10% es un punto clave para que ambas partes opten por reducir la tensión o por tomar medidas de retorsión completa. El punto de escalada posterior, el 1 de junio, representa una presión a largo plazo, pero el foco inmediato se centra en las próximas semanas.

La revisión legal más importante que podría afectar la autoridad del gobierno será la decisión que tome la Corte Suprema respecto a los poderes de emergencia del presidente. Esta decisión establecerá las bases constitucionales para el uso de dichos poderes. Si la corte respalda el amplio poder del gobierno, esto podría incentivar aún más acciones del mismo. Por otro lado, si la corte interpreta los poderes en forma restrictiva, esto podría obligar al gobierno a retirarse o a modificar radicalmente su plan.

En el lado europeo, el punto clave es la activación del “instrumento anti-coacción” de la Unión Europea. Este instrumento, comúnmente conocido como “bazuca comercial”, podría impedir que los bienes y servicios estadounidenses entren en el mercado masivo de la Unión Europea. La implementación de este instrumento no ocurre de inmediato; los expertos advierten que podría llevar meses para que se produzca. Sin embargo, simplemente la mención de este instrumento y el proceso legislativo posterior serán una señal importante de la determinación europea, pero también una fuente de incertidumbre en el mercado.

También se están considerando medidas de represalia específicas. La UE está pensando en reactivar las tarifas de represalia que se habían pospuesto anteriormente, con un valor total de 93 mil millones de euros contra los Estados Unidos. El momento y la magnitud de cualquier medida de este tipo serán una respuesta directa al programa arancelario estadounidense. Esto pondrá a prueba la solidez del acuerdo comercial frágil alcanzado el verano pasado.

Por último, las reuniones diplomáticas de alto nivel serán el escenario para reducir los tensos conflictos o resolver las diferencias entre las partes involucradas. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, indicó que habló con el presidente Trump sobre la situación de seguridad y espera poder discutir este tema nuevamente esta semana.Cumbre de DavosCualquier declaración hecha por los líderes de la alianza durante estas reuniones será examinada detenidamente en busca de signos de una respuesta coordinada o de posibles negociaciones indirectas. La declaración conjunta de las ocho naciones afectadas, en la cual se advierte que las amenazas arancelarias podrían provocar una situación peligrosa, establece un alto estándar para cualquier solución diplomática. Por ahora, las señales son claras: las decisiones legales, las acciones de represalia y las reuniones de líderes de la alianza determinarán si este plan geopolítico conducirá a un acuerdo o a un conflicto económico prolongado.

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