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Vamos a dejar de lado todo lo innecesario. La acción del Departamento de Justicia de confiscar…
Es una pequeña victoria en una guerra enorme. No se trata de un simple fraude por valor de 200 mil dólares; es un síntoma de un verdadero infierno relacionado con las criptomonedas. La verdadera historia es esta epidemia.Los delitos relacionados con criptomonedas aumentaron significativamente el año pasado.
¿Y cuál es la parte más siniestra de todo esto? Los juegos en los que se utiliza a las ballenas como “carnicería” son precisamente los motores que impulsan este tipo de estafas. No se trata de actos aleatorios o sin sentido. Se trata de estrategias calculadas por parte de los estafadores, quienes construyen una falsa imagen de confianza en aplicaciones como Tinder, para luego engañarte y llevarte a una plataforma falsa de comercio de criptomonedas. La víctima, en este caso, perdió más de 500 mil dólares… ¡Es decir, casi toda su economía personal!Ahora, las malas noticias se han vuelto aún peores. El mercado de estafas es, en sí mismo, un fenómeno que genera ingresos de 14 mil millones de dólares al año. Además, los estafadores están cada vez más inteligentes en sus técnicas de engaño. La IA es la nueva herramienta que utilizan los estafadores para lograr sus objetivos.
En promedio, eso significa identidades falsas más convincentes, deepfakes de mejor calidad y técnicas de ingeniería social más sofisticadas. Es un avance considerable en la generación de información difamatoria.
Entonces, ¿cuál es el plan? La incautación de 200 mil dólares por parte del Departamento de Justicia es un ejemplo típico de “juego de poder”. Se trata de una acción destinada a hacer un llamado de atención, pero los verdaderos “jefes” del crimen organizado, que operan desde lugares como Camboya, siguen libremente sujetos a la ley. El alcance del problema es tan enorme que, incluso con grandes incautaciones, es como intentar sacar algo del océano con una cucharilla. La narrativa para quienes trabajan en el sector criptográfico es clara: el panorama se vuelve cada vez más peligroso, y las herramientas que utilizan los delincuentes son cada vez más sofisticadas.
Seamos realistas. La incautación de los 200 mil dólares por parte del Departamento de Justicia es un logro para esa única víctima. Pero, en comparación con el volumen general de delitos relacionados con criptomonedas, eso no representa más que una pequeña parte del total.
¿El año pasado? Ese es el verdadero generador de desconfianza. Esa es la narrativa que impide que los inversores vengan al mercado. Cada titular que informa sobre un estafador que gana 500 mil dólares al año, insiste en que “eso es demasiado arriesgado”. Eso es lo que los estafadores intentan hacer: hacer que todo el ecosistema parezca una estafa, para así asustar a los inversores reales y hacer que se alejen del mercado.Pero aquí está la contranarración. El presidente de la Fed acaba de lanzar una información que podría ser útil. Cuando Powell calificó a Bitcoin como un “oro digital”, no se trataba simplemente de una declaración retórica. Era una señal a nivel macroeconómico de que la narrativa está cambiando. Este tipo de análisis institucional puede servir como un escudo contra los peores tipos de propaganda negativa. Significa: “Esto no es solo una burbuja especulativa; es un medio de almacenamiento de valor”. El mercado reaccionó instantáneamente: el precio de BTC subió más del 2% al recibir esa noticia. Eso es, en realidad, una muestra de convicción en acción.
¿Qué pasa entonces con la comunidad? La verdadera prueba es ver qué ocurre en las situaciones reales. Los datos muestran que la tasa de denuncias de estos fraudes sigue siendo sorprendentemente baja. Por lo tanto, para la mayoría de las víctimas, es casi imposible recuperar sus pérdidas. Pero el hecho de que las víctimas…Sí.Se informa sobre tales casos, y las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley toman medidas al respecto, por pequeñas que sean. Eso indica que la comunidad no es simplemente pasiva; está luchando contra este tipo de fraudes. Cuando se ve una estafa, se informa al respecto. Se comparten los avisos para prevenir futuros casos. Esa acción colectiva contribuye a crear un ecosistema más fuerte y resistente. Es como un juego de “wagmi”: al unirnos, demostramos que los estafadores son los débiles, no los fuertes. La tasa de fraudes es alta, pero la tasa de condena de los culpables también es alta.
La guerra contra estos estafadores está en constante evolución, y los próximos pasos determinarán si la narrativa relacionada con las criptomonedas seguirá siendo fuerte o no. El catalizador es claro: los estafadores están utilizando herramientas de IA en todo su potencial. Estamos viendo grupos que han adquirido herramientas de IA para obtener beneficios económicos.
En promedio, se trata de identidades falsas, deepfakes y técnicas de ingeniería social que pueden engañar incluso a las personas más escépticas. No se trata de una mejora menor; es algo realmente revolucionario, ya que dificulta la detección e información sobre los fraudes. Los “whale games” son cada vez más sofisticados, y la propaganda negativa que generan es cada vez más efectiva.El mayor riesgo es que las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley queden atrás en esta lucha. El sistema está sobrepasado por la cantidad de trabajo que se necesita manejar. Como señala Chainalysis…
La razón es sistémica. Muchas agencias carecen de los protocolos y recursos necesarios para manejar estos casos. Esto conduce a una baja cantidad de informes y a tasas de recuperación casi nulas para las víctimas. Cuando se pierden las economías personales y la policía no puede o no quiere ayudar, se rompe la confianza de la comunidad en el sistema de justicia. Ese es el verdadero riesgo sistémico: no el dinero robado, sino la percepción de que el sistema está tan deteriorado que no puede proteger a las personas.Entonces, ¿cuál es el punto clave? Es la capacidad de la comunidad para autoprotegerse. La salud del ecosistema se medirá por la velocidad y eficacia con la que compartimos alertas sobre estafas, creamos plataformas para mejorar los procedimientos de verificación de identidad y control de activos, y desarrollamos mecanismos de defensa colectiva. El hecho de que las víctimas denuncien los actos de fraude, aunque sea lentamente, demuestra un espíritu de lucha. Pero la verdadera victoria llegará cuando la comunidad se convierta en la primera línea de defensa, dificultando así que los próximos juegos basados en inteligencia artificial puedan funcionar. Se trata de una carrera entre las herramientas utilizadas por los estafadores y nuestra solidaridad comunitaria. La victoria depende de quién logre ganar más credibilidad.
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