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El planteo de mercado para el año 2025 fue, en realidad, un claro ejemplo de una “fuga hacia la seguridad”. A medida que crecían los temores ante una guerra arancelaria prolongada y la desaceleración del sentimiento de los consumidores, los inversores eliminaron drásticamente sus inversiones en sectores cíclicos de alto riesgo, y optaron por inversiones en aquellos sectores tradicionalmente considerados “defensivos”. La diferencia de rendimiento fue evidente: mientras que…
Los sectores de atención médica (XLV), productos básicos para el consumidor (XLP) y servicios públicos (XLU) registraron aumentos del 7.7%, 4.4% y 3.1%, respectivamente. Este no fue un cambio menor; fue un paso decisivo hacia la distancia de los valores relacionados con la tecnología y los bienes de consumo, que habían impulsado al mercado durante años.La magnitud del choque económico que provocó este comportamiento fue histórica.
El aumento más significativo desde el año 1909. Esta medida política, junto con el régimen arancelario general para el año 2025, representó una amenaza real para los resultados financieros de las empresas y para el presupuesto de los consumidores. Esto, a su vez, contribuyó directamente al aumento del sentimiento de riesgo entre los consumidores.Sin embargo, surgió un importante desencuentro entre los datos. A pesar de la actitud defensiva de las empresas, los resultados financieros generales indicaban lo contrario.
Los modelos de crecimiento de ganancias indican una mayor aceleración en esos sectores. Esto plantea la cuestión central de la sostenibilidad: ¿puede una rotación motivada por el miedo y la incertidumbre continuar cuando las perspectivas de crecimiento fundamentales favorecen precisamente a los mismos sectores que están siendo vendidos?
La actual rotación defensiva refleja comportamientos de riesgo anteriores, pero la historia sugiere que su resistencia depende de la persistencia de las dificultades económicas subyacentes. Al mirar hacia atrás, vemos un patrón constante: los sectores defensivos se valoran como “refugio seguro”, pero su rendimiento generalmente disminuye cuando la fuente del miedo desaparece.
La crisis financiera de 2008 nos ofrece un ejemplo claro de esto. A medida que la recesión se profundizaba, sectores como el de la salud y los productos básicos sirvieron como un respaldo crucial.
Su desempeño superior se mantuvo durante todo el tiempo en que persistieron los problemas económicos. La reubicación hacia acciones cíclicas comenzó únicamente cuando aparecieron signos de recuperación y los resultados de esos sectores comenzaron a estabilizarse. Esto resalta un punto clave: las ganancias obtenidas por las acciones defensivas suelen ser un indicador retrasado de la debilidad económica, y no un factor independiente que genere rendimientos.Un ejemplo más reciente es la situación de desacuerdo respecto al límite de endeudamiento en 2011. Las acciones defensivas sirvieron como refugio temporal durante ese período de volatilidad política. Sin embargo, esa tendencia fue breve. A medida que la crisis pasó y la volatilidad del mercado disminuyó, esa tendencia cambió. Esto destaca la limitada capacidad de las acciones defensivas para mantenerse en el mercado, ya que se basan en incertidumbres políticas temporales, y no en cambios fundamentales en el ciclo económico.
La escalada de la guerra comercial en 2018 representa un tercer ejemplo ilustrativo. Los sectores defensivos, como los productos básicos, vieron una disminución en sus ingresos cuando las tarifas aduaneras amenazaron el gasto de los consumidores. Sin embargo, sus ganancias fueron mínimas en comparación con la resiliencia del mercado en general. Este episodio demuestra que, incluso cuando los sectores defensivos se benefician de cierta ansiedad, el mercado en general puede soportar ese impacto, limitando así las ventajas a largo plazo para los países que utilizan esos sectores como refugio. Esa disminución en los ingresos fue simplemente una pausa táctica, no un reasignación estratégica de recursos.
El punto común entre estos episodios es que el rendimiento defensivo se debe a la duración del riesgo. Este rendimiento se mantiene mientras el riesgo –ya sea una recesión, una crisis política o una guerra comercial– siga siendo una amenaza real para los resultados financieros de las empresas. Cuando esa amenaza disminuye, la tendencia defensiva suele cesar. Dada la situación actual, en la que el modelo de crecimiento financiero sigue favoreciendo a las empresas de tipo ciclico, los datos históricos sugieren que este tipo de movimientos defensivos son más bien una pausa táctica que un cambio permanente en la tendencia general.
La posición defensiva del mercado ahora contrasta marcadamente con los factores fundamentales que impulsaron el aumento de precios en 2025. Los ganancias se concentraron principalmente en unos pocos sectores con altas cotizaciones.
Dentro de eso, las contribuciones de Nvidia y Alphabet aumentaron en más de 2 puntos porcentuales al índice S&P 500. Se trató de una expansión clásica impulsada por factores cíclicos, debido al auge de la inteligencia artificial y de las infraestructuras de software, y no por factores defensivos.Históricamente, los sectores defensivos como la salud y los productos básicos tienen su lugar en el mercado. Tienden a beneficiarse del aumento de la inflación y de la incertidumbre económica, actúando como un respaldo durante las situaciones de contracción económica. Sin embargo, su rendimiento a largo plazo no está garantizado cuando el crecimiento general de las empresas favorece a los sectores cíclicos. La crisis de 2008 vio altos rendimientos por parte de los sectores defensivos durante períodos de contracción económica, pero la vuelta a las acciones cíclicas comenzó solo cuando aparecieron signos de recuperación. La situación actual es diferente: el modelo de rendimiento basado en los resultados financieros sigue siendo válido.
Esto sugiere que la reunión defensiva podría ser una pausa táctica, y no un cambio estratégico.La debilidad en la percepción de los consumidores constituye un vínculo directo con esta tensión.
Esto, por lo general, ejerce presión sobre los sectores de bienes de consumo y productos básicos, que ahora son considerados refugios seguros. Sin embargo, su rendimiento reciente ha sido pobre; el sector de bienes de consumo defensivo solo ganó un 1.1% en 2025. Esta discrepancia destaca la atención que el mercado presta al potencial de ganancias futuras, más que a las opiniones actuales. Los inversores apuestan a que el crecimiento impulsado por la IA en los sectores tecnológicos y de servicios de comunicación eventualmente mejorará la situación general, a pesar de la debilidad actual del sector de bienes de consumo.En resumen, se trata de una clásica divergencia entre precio y valor. La actividad de precios del mercado en 2025 fue algo cíclico, mientras que la reubicación reciente es una reacción defensiva ante el miedo. La historia demuestra que tales reubicaciones suelen desaparecer cuando la amenaza económica subyacente disminuye. Dado el pronóstico de crecimiento continuo de las empresas cíclicas, la posición defensiva actual parece vulnerable a un cambio de dirección si la situación sentimental mejora o si la incertidumbre causada por las tarifas comienza a disiparse.
La resistencia de la rotación defensiva ahora depende de unos pocos acontecimientos futuros. El mercado espera datos concretos para resolver la tensión entre el sentimiento actual y las proyecciones de ganancias a largo plazo. Tres factores clave determinarán si esta pausa se convierte en un cambio permanente.
En primer lugar, la próxima temporada de resultados financieros será una prueba importante. Los actualizaciones de las expectativas que confirman la resiliencia cíclica de los sectores como el tecnológico y los servicios de comunicación podrían impulsar un retorno hacia esos sectores. Por el contrario, si las estimaciones de los sectores defensivos se reducen, como ocurre con las empresas del sector de servicios públicos y los productores de alimentos, eso confirmaría la tendencia actual hacia los sectores más seguros. La situación actual es un ejemplo típico de divergencia: aunque la fuerte rotación ha generado oportunidades en las empresas con crecimiento sostenido, el comportamiento de los precios en el mercado depende de si estas empresas pueden cumplir con las altas expectativas que se tienen sobre ellas.
En segundo lugar, el impacto económico a largo plazo de las tarifas será un factor negativo constante. Los modelos del Budget Lab indican que todas las tarifas para el año 2025 reducirán permanentemente la economía estadounidense.
Equivalente a una pérdida anual de entre 100 y 180 mil millones de dólares. Este impacto en el PIB proyectado socava la teoría del crecimiento cíclico que sirvió de base para el aumento de precios en el mercado. Si este daño permanente se materializa, se generará presión sobre los ingresos de todas las empresas, lo que podría limitar las posibilidades de crecimiento de las empresas cíclicas y prolongar la tendencia defensiva en el mercado. El impacto inicial en los precios al consumidor, con un aumento de 1.3% solo desde el anuncio de abril, ya está afectando los presupuestos de las familias y podría continuar así.Por último, las políticas del Banco de la Reserva Federal determinarán el tono monetario. Un retraso en las reducciones de tipos, como lo sugieren los sólidos indicadores económicos y la inflación persistente, podría presionar a los sectores cíclicos de alta calidad que han beneficiado de una situación monetaria favorable. La postura del Fed respecto a la reducción de tipos sigue siendo moderada, ya que el banco central no enfrenta mucha presión para hacerlo. Por otro lado, una reducción real de los tipos probablemente impulsará a los sectores sensibles al crecimiento y dará un impulso positivo a los sectores cíclicos, que se espera que tengan un rendimiento mejor. La posición actual del mercado hace que este esté vulnerable a cualquier cambio en la postura del Banco de la Reserva Federal.
La lista de vigilancia es clara. Se debe monitorear las estimaciones de ganancias para detectar signos de fortaleza cíclica o debilidad en las empresas defensivas. También se debe analizar la trayectoria del gasto consumidor y la inflación, a fin de evaluar el impacto real de los aranceles. Además, hay que estar atentos a cualquier cambio en la comunicación de la Fed respecto al momento en que se realizarán las reducciones de impuestos. Estos son los factores que determinarán si esta “rotación defensiva” constituye una pausa táctica o el comienzo de un nuevo régimen económico.
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