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El Partido Conservador está perdiendo miembros del parlamento. La última renuncia de Robert Jenrick ha sido un golpe directo para el partido. A pocos días de la renuncia de Robert Jenrick, Andrew Rosindell también se unió a Reform UK. Esto no es algo casual; se trata de una decisión coordinada por parte de los miembros del propio partido. El patrón es claro: un ministro importante, leal al partido durante más de dos décadas, ha decidido abandonar el partido, señalando un problema específico como su “línea roja”.
El punto de inflexión para Rosindell fue las Islas Chagos. Acusó a los conservadores de estar “irremediablemente ligados a los errores de los gobiernos anteriores” y de no hacer que el actual gobierno rinda cuentas por lo que ha hecho en relación con la autodeterminación de las Islas Chagos. Para un partido que ya lucha por definirse, esto representa una vulnerabilidad estratégica. Significa que los seguidores más leales del partido, aquellos que realmente se preocupan por la soberanía y el orgullo nacional, se sienten abandonados. Cuando alguien como Rosindell dice que el partido “no está dispuesto a asumir responsabilidades significativas”, eso es una clara manifestación de su falta de funcionamiento interno.

La respuesta del liderazgo revela pánico. En un gesto que destaca la magnitud de la amenaza, los conservadores han incluido a 11 miembros del parlamento en una lista de personas bajo vigilancia. Entre ellos se encuentran veteranos como Suella Braverman y Michael Gove, además de nuevos miembros del partido. Esta lista no es más que una estrategia para contener la situación, pero también indica que el problema es sistémico. Como dijo uno de los miembros del partido, el partido “está en una lucha por su supervivencia”. La lista fue elaborada antes de la defección de Jenrick, lo que significa que el liderazgo ya estaba preparado para enfrentar esta situación. El hecho de que Rosindell también esté en esa lista demuestra que esa lista no representa más que una simple protección teórica.
Estas renuncias no son simplemente una forma de teatro político; se trata de una apuesta de gran importancia, basada en un cronograma específico. Se está observando con atención los movimientos de Robert Jenrick. Ese cambio ocurrió horas después de que él fuera despedido del gabinete. Esa secuencia no es casualidad. Parece que fue un plan bien elaborado, donde la destitución de Jenrick sirvió como el detonante definitivo. Él llevaba más de un año trabajando en este plan, construyendo su argumento para poder hacerlo realidad cuando surgió la oportunidad. Se trata de una decisión tomada por alguien que conocía bien cuándo los líderes del partido habían cruzado ciertos límites, y cuándo el tiempo político estaba agotándose.
En resumen, los interesados en este asunto apuestan por una división entre los partidos políticos. Veían que el partido conservador era disfuncional, y que el partido reformista estaba dispuesto a pagar un precio por su lealtad. La fecha límite es el 7 de mayo. Los expertos están observando para ver quién actúa primero.
El camino hacia las elecciones locales del 7 de mayo ahora se convierte en una carrera contra un plazo muy ajustado. Reform UK ha fijado esa fecha como la fecha límite para la admisión de nuevos miembros del parlamento, lo que constituye un incentivo claro para que todos los conservadores indecisos tomen una decisión definitiva. No se trata de una amenaza vaga; es simplemente un reloj que avanza sin cesar. La lista de 11 miembros del parlamento, elaborada antes de la última deserción, es un intento por parte de la dirección del partido de contener la situación. Pero, con el partido ya “completamente sorprendido” por el movimiento de Robert Jenrick, esa lista no representa más que un escudo vacío. Se espera ver quién de los 11 miembros del parlamento, o del grupo más amplio de posibles desertores, considerará el 7 de mayo como su última oportunidad para actuar antes de que la puerta se cierre definitivamente.
El mayor riesgo para Reform UK es que esta ola de abandonos pueda ser percibida como algo oportunista, en lugar de algo basado en principios. Los abandonos se relacionan con temas específicos, como las Islas Chagos. Pero la rapidez y escala de estos abandonos, junto con el despido de Jenrick y ahora la salida de Rosindell, plantean preguntas sobre la sinceridad de dichos actos. Como señalan los políticos, estos abandonos son decisiones importantes que implican perder años de lealtad y amistades. Si la narrativa se convierte en la de parlamentarios que simplemente buscan un mejor “hogar político” antes de las votaciones locales, eso podría dañar la credibilidad del partido entre los votantes, quienes valoran la consistencia ideológica. El éxito del partido depende de convencer al público de que estos actos están basados en principios, y no en oportunismo político.
Para los conservadores, el riesgo es la división interna dentro del partido. La capacidad del partido para mantener su unidad y disciplina está siendo puesta a prueba en tiempo real. La respuesta de la dirección ha sido de intensa discordia: Kemi Badenoch calificó a quienes abandonaron el partido como “mentirosos”, y llamó las acciones de Nigel Farage como “una limpieza a fondo”. Esta guerra personal hace que cualquier posible acuerdo entre los dos partidos de derecha sea imposible. Sin embargo, el propio listado de personas consideradas “peligrosas” admite que el problema es sistémico. Como dijo una figura importante del partido, si todos los 11 miembros abandonan el partido antes del 7 de mayo, “prácticamente ya no hay esperanza”. El partido está luchando por su supervivencia, y las próximas semanas determinarán si podrá mantener su posición o si la ola de desertores destruirá su infraestructura electoral antes de las elecciones.
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