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La Reserva Federal ha terminado oficialmente su reducción agresiva de su balance, marcando un cambio estructural definitivo en el sistema financiero del país. A partir del 14 de enero de 2026, el período de Estrictificación cuantitativa (EC) ha terminado. El banco central ha congelado los flujos de valores de tesorería y de bonos garantizados por hipotecas, reemplazándole con un programa de la cual depende la naturaleza
Se trata de aproximadamente 40 mil millones de dólares al mes en bonos del Tesoro a corto plazo. Esto no constituye un retorno a las políticas de expansión monetaria. La Fed ha enfatizado rápidamente que estas compras son puramente relacionadas con la estabilización de las reservas del sistema bancario, y no tienen como objetivo estimular la actividad económica.Esta medida es una respuesta directa a la amenaza de un colapso en el flujo de liquidez del sistema financiero. La señal clave de la situación de tensión fue la caída drástica del valor del instrumento Overnight Reverse Repo, que ahora se sitúa en solo 6 mil millones de dólares este mes. Esta caída indica que la cantidad excesiva de efectivo en el sistema financiero está siendo eliminada, lo que aumenta el riesgo de presiones de financiación a corto plazo. El cambio de estrategia por parte de la Fed, de dejar que los bonos caduceen naturalmente a comprar activamente, es una medida preventiva para evitar que se repitan los problemas del mercado, como lo ocurrido en 2019.
En otras palabras, se trata de una corrección técnica a las mecánicas del sistema. Si bien el balance de la Fed sigue siendo enorme, su tamaño se ha reducido en los últimos tres años a algo por el orden de 2,8 billones de dólares. El objetivo del banco central es asegurar que las reservas crezcan de forma paralela a la economía general, manteniendo un nivel que evite que los mercados de repo den un arrojo repentino. Las compras mensuales de 40 mil millones de dólares son una inyección dirigida para lograr esa estabilidad. El programa también se ve vinculado a un ciclo estacional específico, con la cantidad programada para disminuir a la mitad después de que se hayan realizado los pagos de impuestos a las empresas. Este método de operación no es un impulso monetario general, sino una importante corrección necesaria para que el sistema financiero funcione sin problemas.
El nuevo programa del Fed de gestión de reservas es un paro obligatorio, pero subraya un encuadramiento profundo y frágil. El banco central ahora está gestionando la liquidez para evitar una crisis, en vez de guiar la economía hacia un aterrizaje estable. Este giro se produce en medio de una advertencia escandalosa de una de las voces más autoritarias de Wall Street: CTO de J.P. Morgan, Jamie Dimon. La principal preocupación de Dimon es que el cambio del QE sin precedentes del Fed podría tener un efecto adverso, desencadenar un pánico en el mercado, o obligar al banco central a elevar las tasas de forma más rápida de lo previsto.
Su punto de vista considera que el entorno actual es estructuralmente diferente y más vulnerable. El balance general del Fed, que se incrementó a 4.5 billones de dólares durante la política de expansión monetaria, ahora está en proceso de reducción. Dimon señala que esto representa un territorio desconocido para los analistas financieros.
Los mecanismos de transmisión monetaria han cambiado. Las nuevas restricciones regulatorias para los bancos significan que las fluctuaciones en los precios de los activos podrían ser más pronunciadas que antes. Esto crea un ciclo vicioso en el que la volatilidad del mercado podría provocar pánico, lo que obligaría a la Fed a tomar medidas rápidas.La preocupación más generalizada de Dimon es que una economía estadounidense en crecimiento, junto con una inflación y salarios que aumentan cada vez más, podría obligar a los bancos centrales a actuar en respuesta a los mercados, en lugar de guiarlos. Él señala esta desconexión actual entre lo que ocurre en los mercados y las políticas monetarias aplicadas por los bancos centrales.
Como la inflación y las presiones salariales se hacen sentir, los miembros del FED corren el riesgo de caer entre barro y hielo. Si abandona el objetivo demasiado lento, la inflación podría volver a acelerarse. Si abandona el objetivo demasiado rápido, corre el riesgo de desencadenar la inestabilidad de los mercados que ahora quiere evitar.En resumen, la operación mensual de $40.000 millones de la Fed para "empotrarse" es una venda frágil en una cama profunda de problemas estructurales. El apoyo ayuda a ponerse a flote, pero no resuelve la tensión fundamental entre una poderosa expansión económica y la necesidad de normalizar la política monetaria. Como advierte Dimon, en un sistema en el cual las personas pueden entrar en pánico cuando las cosas cambian, la ruta de la menor resistencia no puede ser la más segura.
El programa mensual de $40 mil millones del FED ya está poniendo una base en el lado corto de la curva del rendimiento y desbloqueando el mercado crediticio. La señal más directa es la marcada reducción en los costos de financiamiento a corto plazo.
Esta reducción es significativa, si se compara con el 4,3% de hace unos meses. Se elimina el paro negativo que antes detuvo a los inversionistas corporativos y a los títulos de los emisores de bonos de que los hiciesen o que los contrataran por títulos de tipo de interés. Por primera vez en más de tres años, la parte prolongada de la curva se ha subido por encima de la mayoría de los índices de referencia de tipo de interés, lo que ha provocado un cambio estructural que fomenta una participación más activa en el mercado bono.Este aporte de liquidez proporciona una corriente continua y previsible de efectivo al sistema financiero. Como el Fed
Este programa apoya directamente la capacidad de los bancos, las corporaciones y otros participantes del mercado para endeudarse más, comprar más y invertir más. Este programa actúa como un sustituto directo de aquel proceso que disipaba las reservas bancarias, estabilizando así el sistema financiero en general. Para los bancos, esto es crucial. Una situación de corto plazo estable ayuda a mejorar su margen de intereses y rentabilidad, ya que reduce el riesgo de aumentos repentinos en los costos de financiamiento a corto plazo, lo cual podría reducir los diferenciales de rentabilidad de los bancos.La conclusión es que la Fed está logrando estabilizar el entorno de financiamiento. Al detener el banquete y comprometiéndose a compras mensuales, ha prevendido una grieta de liquidez y ha brindado a los mercados una pilar claro y con perspectiva hacia el futuro. Ello sirve de marco para un camino más ordenado a la hora de regular las tasas y el crédito, aun cuando la entidad central está navegando en una tarea compleja de normalizar la política en un territorio sin conocer.
El programa mensual de $40 mil millones de la Fed es una clara e inmediata referencia, pero su destino a largo plazo está rodeado de incertidumbre. La sostenibilidad del programa depende de dos catalizadores clave: la transición en mayo de 2026 de la dirección de la Reserva Federal y la decisión subsiguiente al respecto de prolongar o aumentar las adquisiciones. Esto crea un punto de inflexión natural en el cual la gestión de liquidez actual y al cien por cien podría evolucionar o revoluciona.
El riesgo principal es el de una reversión forzada de las políticas. Como advirtió Jamie Dimon, director de J.P. Morgan, el banco central podría verse atrapado entre una piedra y una roca. Si la inflación y las presiones salariales aceleran más rápidamente de lo que se previó, el banco de Estados Unidos podría verse obligado a elevar los tipos de interés más rápidamente de lo que espera el mercado. La principal preocupación de Dimon es que hay nuevas vulnerabilidades en el sistema.
Podría provocar pánico, obligando al Fed a reaccionar ante los mercados, en lugar de guiarlos. En ese escenario, las compras realizadas por el gobierno para manejar las reservas no serían una forma de llegar a la normalidad, sino más bien un período temporal de pausa antes de iniciar un ciclo de endurecimiento monetario más agresivo.El indicador clave que hay que vigilar es la emisión de títulos a corto plazo por parte del Tesoro y la proporción de mercado que ocupa el Fed en el mercado. La necesidad de este programa está directamente relacionada con las necesidades de efectivo del gobierno. A medida que el Tesoro aumenta sus préstamos, las compras realizadas por el Fed se convierten en un elemento crucial para contrarrestar la tendencia a un aumento en los rendimientos a corto plazo. El seguimiento del volumen de subastas de billetes realizadas por el Tesoro y la proporción de esa emisión que es absorbida por el Fed será la medida más clarificadora de las necesidades actuales del programa y de su potencial para distorsionar el mercado. Si las necesidades del Tesoro superan las compras realizadas por el Fed, el “anclaje de liquidez” podría debilitarse.
En resumen, la situación es de fragilidad. La Fed ha logrado estabilizar la economía, pero no ha resuelto la tensión subyacente entre una fuerte expansión económica y la necesidad de normalizar las políticas monetarias. La inyección mensual de 40 mil millones de dólares es una medida necesaria, pero su futuro depende de un cambio en el liderazgo del banco central y del curso impredecible de la inflación. Por ahora, este programa proporciona cierta seguridad, pero el enfoque a largo plazo sigue siendo uno de manejo del riesgo.
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