Informe de empleo de diciembre: Desentrañar el ralentismo estructural

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porAInvest News Editorial Team
viernes, 9 de enero de 2026, 12:04 pm ET4 min de lectura

El informe sobre el empleo de diciembre envió una señal clara: el impulso del mercado laboral ha cambiado fundamentalmente. La cifra general fue baja.

Empleos. Ese número fue inferior a las expectativas y continuó un año de contrataciones reducidas; el aumento mensual promedio durante todo el año es ahora de solo 49,000 personas. Sin embargo, el detalle más importante del informe fue la tasa de desempleo, que cayó al 4.4%. Este descenso, que parece contrario a lo esperado, indica una desaceleración estructural, no cíclica.

Este rompecabezas se resuelve al examinar la fuerza laboral. La tasa de desempleo se calcula a partir de las encuestas de hogares; su disminución se debe a que hay menos personas buscando trabajo. La tasa de participación en la fuerza laboral cayó al 62.4% en diciembre. En otras palabras, las personas están abandonando el mercado laboral, en lugar de ser contratadas allí. Este es el mecanismo detrás del modelo económico descrito por los economistas, en el cual la baja demanda se combina con una oferta limitada de trabajadores.

El contexto general confirma este descenso en la demanda de trabajo. Aunque la cifra específica sobre las vacantes de noviembre proviene de una fuente posterior, la tendencia es clara: la demanda de mano de obra está disminuyendo. No se trata de un declive temporal, sino de una recalibración del mercado laboral. El marcado descenso en el crecimiento del empleo comenzó en 2024. Los datos sugieren que la economía está entrando en una fase de crecimiento más lento, donde el crecimiento y la productividad son sustentados por otras fuerzas, como el auge de las inversiones en IA. Pero el mercado laboral mismo está ajustándose a una nueva trayectoria, con un ritmo de crecimiento más bajo.

El mecanismo “Sin contratación, sin incendios”: Factores estructurales que lo impulsan

El modo “no contratar, no despedir” no es una pausa aleatoria; se trata de una respuesta racional ante la situación difícil que genera la incertidumbre tanto en el ámbito político como tecnológico. Los datos indican que existen dos factores estructurales principales que influyen en esta situación: la implementación continua de las políticas y tecnologías relacionadas.

Y las inversiones disruptivas necesarias para la inteligencia artificial. Estas fuerzas crean un clima de cautela, donde las empresas rehusan expandir su plantilla, incluso cuando invierten enormemente en nuevas capacidades.

Esta es una distinción crucial. Los economistas y los responsables de la formulación de políticas ven cada vez más que los desafíos del mercado laboral son de carácter estructural, en lugar de cíclicos. Eso significa que el ralentismo se debe a factores más profundos, como los cambios en las políticas comerciales y la transformación tecnológica, y no a una crisis temporal de baja demanda. La implicación es importante: los instrumentos tradicionales de política monetaria, como las reducciones de tipos de interés, probablemente sean menos eficaces para estimular el crecimiento del empleo. Cuando la limitación radica en una recalibración fundamental de cómo operan las empresas, bajar los costos de endeudamiento por sí solo no puede forzar el aumento del empleo.

El principal indicio positivo en medio de esta incertidumbre es la capacidad de recuperación de los sistemas de compensación para los trabajadores. A pesar de la disminución en la creación de empleos…

El ingreso horario promedio aumentó un 3.7% anualmente. Esto ha contribuido al crecimiento real de los salarios durante un período prolongado. Para los consumidores, esto representa una fuente importante de apoyo, ya que mantiene el poder adquisitivo incluso cuando el mercado laboral se desacelera. Esto indica que el ajuste económico aún no es una contracción completa, sino más bien un reajuste doloroso en el que el crecimiento se ve respaldado por otras fuerzas, como el auge de las inversiones en inteligencia artificial mencionado en los datos disponibles. Al mismo tiempo, la expansión del mercado laboral está restringida deliberadamente.

En resumen, el mercado se encuentra entre dos situaciones diferentes. Por un lado, existe una transformación estructural impulsada por aranceles y la inteligencia artificial, lo que hace que las empresas sean más cautelosas y seleccionen cuidadosamente a sus empleados. Por otro lado, existe una fortaleza constante en los salarios, lo cual es un factor importante para la resistencia del consumidor. El comportamiento de no contratar empleados es el resultado directo de esa incertidumbre en materia de políticas y tecnología. Por su parte, la dinámica de no aumentar los salarios probablemente se ve respaldada por ese margen salarial. Esta situación define una expansión lenta e incierta, donde los instrumentos tradicionales de política tienen un alcance limitado.

Implicaciones financieras y de política: El camino que sigue la Fed y el reequilibrado sectorial

Los datos de diciembre ya han resuelto la controversia política inmediata. Con el mercado laboral en una situación claramente de “ningún empleo, ningún despido”, y el índice de desempleo disminuyendo debido a la reducción de la población activa, la situación para la Reserva Federal es simple. El informe confirma esto.

Donde el crecimiento se ve respaldado por otras fuerzas, como el auge de las inversiones en IA, sin que esto provoque un sobrecalentamiento del mercado laboral. Esto apoya directamente la expectativa de que la Fed mantendrá los tipos de interés sin cambios este mes. Los datos muestran una disminución en la demanda de mano de obra, no una espiral entre salarios y precios, lo que elimina la justificación principal para una reducción de los tipos de interés. Por ahora, la actitud de la banco central es de observación paciente.

Este ralentimiento estructural no es uniforme en toda la economía. Las diferencias entre los diferentes sectores son evidentes y son clave para poder enfrentar el nuevo entorno. El empleo continuó aumentando.

Sectores que, con frecuencia, son más resistentes y menos sensibles a los ciclos económicos generales. En cambio, el comercio minorista perdió empleos; se trata de un sector que enfrenta constantes dificultades debido a los cambios en los patrones de consumo y las presiones de costos. Este desequilibrio indica una rebalanza en la economía, donde la demanda se dirige hacia los servicios esenciales y se aleja de los gastos discrecionales. La imagen general es la de una disminución en el número de vacantes laborales.Esto refleja la disminución en la demanda de mano de obra en la mayoría de las industrias.

Para los inversores, esto crea una necesidad clara de establecer una posición claramente definida en el mercado. Los datos indican que existe la necesidad de…

Favorece a los sectores defensivos y a las empresas con poder de precios. La resiliencia de los aumentos salariales, que permanecen por encima de la inflación, apoya el gasto de los consumidores en áreas esenciales, lo cual beneficia a la sanidad y al ocio. Al mismo tiempo, los obstáculos en el sector minorista y manufacturero sugieren precaución en las inversiones cíclicas. La estrategia debe orientarse hacia empresas de calidad que puedan manejar esta situación incierta: aquellas con balances sólidos, flexibilidad en los precios y exposición a áreas de crecimiento estructural como la sanidad y los servicios tecnológicos. En resumen, el lento cambio estructural del mercado laboral exige que el portafolio se ajuste tan rápidamente como la economía en general.

Catalizadores y Riesgos: Lo que hay que tener en cuenta en 2026

El cambio estructural en el mercado laboral ahora es el punto de referencia. La visión futura depende del seguimiento de algunos indicadores críticos que confirmarán esta tendencia o revelarán una trayectoria diferente. El primero de ellos es la fuerza laboral en sí. La disminución del índice de desempleo, debido a la reducción de la población activa, es el aspecto clave que debe observarse. Para determinar si esta tendencia se está consolidando, es necesario vigilar la evolución de las vacantes de empleo y el índice de desempleo. Los datos de noviembre mostraron una marcada disminución en la demanda, con un aumento en las vacantes de empleo.

Un nivel mínimo en 14 meses. Este patrón, impulsado por la cautela de las empresas debido a la incertidumbre política, indica una retirada continua de la fuerza laboral. Si este patrón continúa, confirmaría que el modelo “no contratar, no despedir” se convierte en una nueva norma duradera, y no simplemente en una pausa temporal.

Un segundo conjunto de indicadores orientados al futuro se refiere al comportamiento del consumidor, especialmente en el caso de las familias con altos ingresos. La desaceleración en los gastos discrecionales es un importante canal de transmisión para los cambios en el mercado laboral. Los datos sobre el gasto en bienes duraderos y la asequibilidad de la vivienda serán una clara señal de esto. Por ejemplo, la marcada disminución en las ventas de nuevos hogares, que descendió un 8.2% en julio, indica una reducción en las compras de alto valor. Si esta tendencia persiste, significará que el reequilibrio se extiende más allá del mercado laboral hacia el consumo, lo que generará aún más presión negativa sobre el crecimiento económico y podría obligar a reevaluar las perspectivas económicas.

Sin embargo, el riesgo más importante es que la desaceleración sea más persistente y grave de lo que se ha tenido en cuenta actualmente, lo que crea una situación difícil para la Reserva Federal. Las proyecciones del propio banco central indican que la tasa de desempleo disminuirá.

Si el mercado laboral no se ajusta como se esperaba, es decir, si la tendencia de no contratar empleados persiste y la fuerza laboral continúa disminuyendo, esto podría crear una desconexión entre las expectativas y la realidad. Las proyecciones del Fed asumen que el desempleo disminuirá de manera gradual, pero un cambio estructural en el mercado laboral podría significar que las reducciones en las tasas de desempleo no van acompañadas por un aumento en el número de empleos, algo que normalmente es necesario para sostener las tasas de empleo. Esto obligaría a reevaluar la política monetaria más adelante en el año, ya que el banco central debe manejar sus dos mandatos en un entorno de profundos cambios estructurales. La situación actual es de observación cautelosa; el resultado más peligroso sería la complacencia.

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Julian West

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