La volatilidad de la deuda: por qué las facilidades crediticias hacen que la economía no crezca

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porAInvest News Editorial Team
martes, 13 de enero de 2026, 4:01 pm ET4 min de lectura

La sabiduría tradicional de que el crédito barato es el combustible principal del crecimiento económico se enfrenta a un desafío empírico extremo. Los datos revelan una desconexión creciente: mientras que el gobierno está gastando una cantidad récord para pagar su deuda, el sector privado está de hecho reduciendo su endeudamiento. Esto establece una tensión fundamental en el corazón del debate actual sobre la política monetaria.

La carga fiscal es enorme. El gobierno federal gastó…

Se trata de una cantidad que representa el 3.2% del PIB y el 14% de todos los gastos federales. Se trata del costo directo de una deuda importante y en constante crecimiento. Este costo está aumentando a medida que las tasas de mercado también suben. La presión es política: hay llamados para que la Reserva Federal reduzca las tasas de interés con el fin de disminuir estos costos. Sin embargo, el sector privado no responde con un aumento en el endeudamiento para impulsar la expansión económica.¡No!

Esto es el desconecto básico. La principal fuerza motriz para los actuales debates de política monetaria no es la demanda amplia del sector privado por créditos económicos a bajo costo para financiar el consumo o las inversiones. Es el estancamiento fiscal. La necesidad del gobierno de reducir los costos de su endeudamiento está creando una fuerte presión política para reducir las tasas de interés. Pero los estados financieros fiscales del sector privado cuentan otra historia. Los niveles de deuda tanto de los negocios como de los hogares están disminuyendo en relación con el tamaño de la economía. Para los negocios, mientras el endeudamiento se mantiene elevado en algunos sectores, las tasas de cobertura de intereses mejoraron ligeramente y se mantuvieron en niveles moderados. Los hogares, apoyados por una alta renta en los hogares y los hipotecas de tipo bajo más antiguos, también están pagando deuda. Las vulnerabilidades que se mantienen están concentradas en sectores más arriesgados, no en toda la economía.

La implicación es clara: una expansión continua del crédito a bajos precios no constituye un medio confiable para lograr un crecimiento sostenible. El sector privado, por su parte, no busca este tipo de medidas. El motor del crecimiento ya funciona con otro tipo de “combustible”: la política fiscal. Cuando la Reserva Federal se ve obligada a reducir las tasas de interés para satisfacer los requisitos del presupuesto del gobierno, corre el riesgo de romper con su mandato de mantener la estabilidad de precios y lograr el máximo empleo. La historia nos enseña que, cuando los bancos centrales se ven forzados a financiar déficits, lo más probable es que esto conduzca a la inflación, y no a un crecimiento sostenible. La situación actual tiene menos que ver con estimular la demanda, sino más bien con gestionar un desequilibrio fiscal, algo que, por ahora, el sector privado no está ayudando a resolver.

Riesgos estructurales: cómo el crédito barato distorsiona la economía

La configuración actual crea un ciclo de retroalimentación peligroso. La Reserva Federal se encuentra efectivamente limitada en su capacidad para cumplir con su función principal: gestionar la inflación. De hacerlo, el costo de mantener la deuda más grande de la historia aumentaría directamente. La presión política para reducir las tasas de interés con el fin de ahorrar dinero para el Tesoro no es simplemente una preferencia política; se trata de un riesgo estructural para la independencia del banco central. Como advirtió la ex presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen…

Cuando el banco central se ve presionado para mantener las tasas de interés bajas, con el fin de reducir el costo del servicio de la deuda, corre el riesgo de desviar las expectativas de inflación a largo plazo. Las familias y las empresas podrían llegar a esperar que la inflación sea la opción menos costosa, lo cual podría convertirse en algo que se cumpla por sí solo.

El entorno también distorsiona la asignación de capital de maneras sutiles pero poderosas. Cuando los préstamos son baratos y abundantes, pueden fluir hacia los proyectos que tienen la mayor conexión política o más ingeniería financiera, no necesariamente a aquellos con la mayor rentabilidad económica. El resultado es una asignación incorrecta de recursos que infla los precios de activos, particularmente en la propiedad y en las acciones, sin un incremento correspondiente en la capacidad productiva o en el crecimiento salarial de base amplia. Estas vulnerabilidades no se capturan en los números de PIB, que pueden aún mostrar expansión mientras que la economía subyacente se vuelve más frágil y desigual. El riesgo es un modelo de crecimiento que cada vez depende más de burbujas de activos más que de ganancias de productividad duraderas.

Históricamente, esta dinámica ha sido una fuente de inestabilidad. El precedente más cercano es el Acuerdo entre el Tesoro y la Reserva Federal del año 1951. Ese acuerdo se firmó después de que el presidente Truman intentara obligar a la Reserva Federal a mantener las tasas de interés a niveles bajos durante la Guerra de Corea. La negativa de la Reserva Federal a actuar como simple agente fiscal llevó a la firma de ese acuerdo, que estableció oficialmente su independencia. La lección es clara: cuando la política monetaria está subordinada a las necesidades fiscales, el resultado suele ser inflación, y no crecimiento sostenible. Hoy en día, la presión no proviene de una guerra, sino de una carga de deuda en tiempos de paz, que aumenta más rápido que la economía. La postura actual de la Reserva Federal sirve como barrera contra la repetición de esa historia. Pero los factores políticos están cambiando. El peligro ahora es que las bajas tasas de interés, impulsadas por necesidades fiscales, podrían erosionar gradualmente la credibilidad de la Reserva Federal en su compromiso con la estabilidad de precios, lo cual podría llevar a una inflación aún más destructiva en el futuro.

Precedentes Historicos y Escenarios Hacia Atras

Las lecciones de la historia son evidentes. El Acuerdo entre el Tesoro y la Reserva Federal en 1951 fue una respuesta directa a los intentos del presidente de obligar al banco central a mantener las tasas de interés bajas para financiar la guerra. Cuando la Reserva Federal se negó a hacerlo, se preservó su independencia y se evitó una situación de inflación constante. Hoy en día, la presión no proviene de un conflicto militar, sino de una carga de deuda en tiempos de paz, que está aumentando más rápido que la economía. Los factores políticos están cambiando, y el presidente Trump…

Es una señal clara de que podría haber un cambio en el marco político, hacia lo que los economistas llaman “dominación fiscal”.

La trayectoria del ratio entre la deuda nacional y el PIB será la variable clave que intensificará esta presión. La relación ha ido en ascenso constante, y incluso una aceleración modesta aumentaría dramáticamente el costo político de las tasas de interés más altas. Como señala el Congressional Budget Office, un solo aumento de 0,1 puntos porcentuales de tasas de interés anuales añadiría centenares de miles de millones a los déficits futuros. Esto genera un poderoso incentivo para que los encargados de formular políticas prioricen la reducción de los costos de endeudamiento del Tesoro en vez de el dual mandato de la Fed. La visión futura del mercado debe, por ello, vigilar dicho ratio no solo como una métrica fiscal, sino como una entrada directa en la fórmula política para la política monetaria.

La prueba definitiva será la inflación. Si la inflación y el aumento de los salarios se mantienen estables, eso pondrá en peligro la voluntad política de mantener tasas de interés bajas por razones fiscales. La credibilidad de la Fed depende de su capacidad para mantener las expectativas de los ciudadanos. Las tasas de interés bajas, motivadas por necesidades fiscales y no por condiciones económicas, podrían debilitar esas expectativas. Como advirtió la expresidenta de la Fed, Janet Yellen, el dominio fiscal suele llevar a una inflación más alta y volátil. El escenario futuro implica que la Fed se encuentra en una situación difícil: puede aumentar las tasas de interés para luchar contra la inflación, pero esto podría causar problemas políticos relacionados con los costos del Tesoro. O bien, puede mantener las tasas de interés bajas para satisfacer las demandas fiscales, pero eso podría provocar una inflación más prolongada y más perjudicial.

El riesgo es el repetir el precedente histórico, pero de forma más sutileza. Fed tal vez no capitule formalmente a la demanda del presidente de tasas del 1%, pero podría degradar gradualmente la política de forma que sea efectivamente accionado a las presiones fiscales. Este proceso sería una erosión lenta de la independencia, con el fin principal del banco central ser utilizado para atender el balance de tesorería de la administración. El trabajo del mercado es observar cualquier comunicación formal o informal de la Fed que señale una modificación en su marco de política. La configuración es menos acerca de una reconfiguración brusca de la política y más acerca de una desviación gradual hacia un modelo donde el crédito barato es una herramienta fiscal, no una mancuña para un crecimiento sostenible.

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Julian West
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