La red energética de Cuba está al borde del colapso. La política de los Estados Unidos provoca una escasez de suministros de combustible, lo que a su vez desencadena protestas estudiantiles sin precedentes.

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porTianhao Xu
martes, 10 de marzo de 2026, 1:23 am ET5 min de lectura

La red eléctrica de Cuba está al borde de un colapso sistémico. El factor que provocó este desastre fue un apagón reciente que dejó…Casi 7 millones de los casi 10 millones de habitantes de la isla.Sin electricidad, esto afecta a dos tercios del país, desde el este hasta el oeste. Se trata de la quinta interrupción parcial de la red eléctrica en menos de seis meses. Esto marca un claro indicio de que el sistema eléctrico nacional está fallando cada vez más rápidamente. La crisis no es un problema repentino, sino el resultado de un deterioro que ha durado casi un año y medio. Ahora, se ha llegado a un punto crítico.

El factor que está causando el problema sistémico es una grave y deliberada escasez de combustible. La política de los Estados Unidos de cortar la exportación de crudo venezolano y amenazar con imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo a La Habana ha afectado seriamente a las centrales termoeléctricas, que son la base de la generación de energía en Cuba. Como señala un análisis, la isla se enfrenta a una situación difícil.El primer bloqueo efectivo de los Estados Unidos desde la Crisis de los Misiles Cubanos.Con aliados que dudan en transportar combustible, y fuerzas estadounidenses que interceptan los barcos, el país se ha visto enfrentado a una crisis humanitaria. Esto ha paralizado directamente la infraestructura del país.

La vulnerabilidad de la red se puede cuantificar mediante un déficit abrumador en los recursos disponibles. Los datos oficiales de principios de marzo indican que la demanda suele superar con creces la capacidad de generación de energía.1,000 MWSegún las proyecciones, se espera que haya un déficit de casi 2,000 MW durante las horas punta nocturnas. Esto significa que más de la mitad del país podría quedar sin electricidad en cualquier momento. El problema es estructural: las instalaciones termoeléctricas están envejeciendo, y no se han realizado inversiones suficientes en este sector. El apagón reciente en la planta más grande de la isla, la planta Antonio Guiteras, es un ejemplo de esta obsolescencia, y no simplemente un incidente aislado.

Se trata de una crisis de parálisis. Las interrupciones en el suministro de electricidad y los cierres de los sistemas de transporte han obligado a las universidades a suspender las clases, y los estudiantes han tenido que protestar. Además, la racionamiento del combustible hace que la vida cotidiana sea un verdadero desafío. La presión ejercida por Estados Unidos ha convertido esta crisis energética crónica en una situación de emergencia diaria, lo que está preparando el terreno para un mayor malestar social. El sistema eléctrico no solo está fallando, sino que también se encuentra en una situación de escasez sistemática. Las consecuencias de esto ya son visibles en las calles.

La protesta: un síntoma de una falla sistémica.

La manifestación en la Universidad de La Habana no es una manifestación política. Es, más bien, una respuesta desesperada ante un sistema que se está derrumbando. El lunes pasado, un grupo de poco más de 20 estudiantes organizó una protesta que duró varias horas. Su petición era sencilla pero urgente:Resumen de las clasesEsta acción improvisada fue el resultado de una crisis energética que duró un año y medio. Esta crisis ha paralizado la vida cotidiana y la educación en general. El motivo de la crisis era claro: los cortes de electricidad constantes y la falta de conexión a Internet impidieron que las universidades pudieran seguir llevando a cabo clases presenciales. Por lo tanto, las universidades tuvieron que recurrir a un sistema online frágil para poder continuar con las clases, lo cual hace que los estudiantes no puedan seguir con sus estudios como deberían.

La respuesta oficial destacó la gravedad de la crisis y sus raíces geopolíticas. El primer viceministro de Educación Superior, Modesto Ricardo Gómez, intervino para hablar directamente con los estudiantes. Reconoció la presión financiera que enfrentaba el sector educativo y atribuyó toda la responsabilidad a las acciones de Estados Unidos. Dijo que la situación era grave.“Realmente, está causando el destrucción total de toda una sociedad”.Su intervención, que no tuvo ningún efecto negativo en los manifestantes, representa un reconocimiento poco común de la vulnerabilidad del estado. Esto indica que incluso las instituciones encargadas de mantener el orden social están abrumadas por los fracasos consecutivos.

Este tipo de protestas deben verse dentro del contexto más amplio de las severas medidas de austeridad impuestas por el estado, que se han convertido en la norma. La crisis energética ha obligado a tomar medidas drásticas en toda la economía.La gasolina se distribuye en raciones de 20 litros por coche.Los recargos de las baterías requieren procesos de reservas que duran semanas enteras. El transporte público se ha reducido significativamente, lo que ha provocado un aumento en los precios de los servicios de transporte privado. Los hospitales han tenido que reducir su capacidad de atender a los pacientes, y el sistema de gestión de residuos en La Habana también se ha detenido, lo que contribuye a una crisis de salud pública. En este contexto, una manifestación por parte de los estudiantes es un indicio claro de que la estabilidad social está en peligro. Las protestas de cualquier tipo son excepcionalmente raras en Cuba. Esto demuestra que el fracaso sistémico ya no se limita a las redes eléctricas y a las aulas; también se está extendiendo a las calles, donde los jóvenes exigen el derecho fundamental a la educación en un país que está siendo privado de sus recursos más fundamentales.

Impactos económicos y políticos: de la austeridad a las reformas

La crisis energética se ha convertido ahora en una situación económica y política de emergencia total. El tesoro estatal se ha ido agotando gradualmente. En el último año, desde marzo de 2024 hasta febrero de 2025, las sanciones impuestas por Estados Unidos han causado grandes daños al país.8 mil millones de dólares en ingresos.Esto ocurre debido a fuentes de ingresos extranjeros como el turismo, la cooperación médica internacional y la producción de medicamentos. Esta pérdida es casi un 50% mayor que en el período anterior. Se trata de un golpe terrible para un estado que ya está bajo presión debido a una década de políticas de austeridad. La contracción financiera es real y se está acelerando, lo que contribuye directamente al colapso del sistema y a los disturbios sociales que esto provoca.

En respuesta, el presidente Miguel Díaz-Canel emitió un llamado urgente y poco habitual para lograr cambios sistémicos. En una reunión con el Consejo de Ministros, declaró la necesidad de realizar transformaciones “inmediatas” en el modelo económico y social de la isla, debido a la disminución de las reservas de petróleo. Su propuesta implica una reestructura dolorosa: mayor autonomía empresarial y municipal, así como una reducción del tamaño del aparato estatal. El mensaje es claro: el viejo modelo de control estatal y dependencia del petróleo venezolano ya no funciona. Sin embargo, los avances en este sentido son muy lentos. El ministro de energía señaló que los progresos en la elaboración de estrategias de transición por parte de los municipios siguen siendo lentos, a pesar de las medidas desesperadas, como la distribución de paneles solares.

La política de los Estados Unidos ha pasado a un nuevo nivel, más permanente, de guerra económica. El 29 de enero, el presidente Trump declaró oficialmente…Emergencia nacional en relación con CubaSe establece así un sistema arancelario cuyo objetivo es aislar aún más la isla. Este gesto, basado en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, considera las acciones de Cuba como una amenaza directa para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos. De esta manera, se convierte en ley lo que hasta ahora era solo una medida administrativa; esto elimina cualquier ambigüedad sobre la intención del gobierno de maximizar la presión económica sobre Cuba.

El resultado es una crisis cada vez más profunda, con pocas opciones para escapar. El gobierno se encuentra atrapado entre un sistema energético colapsando, lo que paraliza la economía, y una política estadounidense que corta sistemáticamente los recursos vitales del país. La llamada a reformas “inmediatas” es un reconocimiento de esta trampa. Pero la inercia estructural del estado y la velocidad con la que actúan las presiones externas limitan las opciones del régimen. La hemorragia financiera y la parálisis política que esto genera son los motores que impulsan al país hacia un riesgo sistémico aún mayor.

Catalizadores y escenarios: El camino hacia el colapso o la reforma

El camino a seguir depende de unas pocas variables críticas. El principal catalizador es la agotación de las reservas de petróleo y la incapacidad de encontrar fuentes alternativas de energía. A medida que las centrales termoeléctricas funcionen con reservas cada vez menores, la isla se verá obligada a adoptar una situación de racionamiento energético más severa. Esto probablemente llevará al déficit en el sistema eléctrico hasta su nivel máximo teórico. No se tratará de una disminución gradual, sino de una situación en la que el fracaso de un solo punto crítico, como la planta de Guiteras, podría provocar un colapso más amplio. La política estadounidense de “diplomacia tarifaria” y las medidas de emergencia nacional proporcionan un marco claro, pero potencialmente escalable, para manejar esta crisis. Este marco elimina las ambigüedades, convirtiendo el bloqueo en una ley oficial y señalando que la presión continuará hasta que el régimen cambie de rumbo. El plan geopolítico ya está definido.

Un riesgo importante es la posibilidad de que se produzcan disturbios sociales más graves si las medidas de austeridad se intensifican y los servicios básicos se vuelven aún más insuficientes. La crisis actual ya ha provocado protestas estudiantiles y un éxodo masivo.La mortalidad infantil aumentó a 14 por cada 1,000 nacimientos vivos.Y como el sistema de manejo de residuos municipales en La Habana ha quedado paralizado, se crean las condiciones necesarias para un desastre humanitario. Si la situación sanitaria empeora y aumentan las enfermedades, la capacidad del estado para gestionar los conflictos se verá seriamente testada. Históricamente, el régimen ha dependido de una combinación de represión y la prestación de servicios básicos para mantener el control. Cuando ambos métodos fracasan, aumenta el riesgo de disturbios generalizados y no coordinados.

El equilibrio entre el colapso y la reforma es precario. La presión ejercida por Estados Unidos tiene como objetivo forzar el colapso del sistema actual. Pero las pruebas sugieren que el régimen puede ser más resistente de lo que los críticos creen. La isla ha logrado superar décadas de sanciones, y ha desarrollado una red de solidaridad internacional. Sin embargo, esa red está ahora en peligro. La llamada del gobierno a reformas “inmediatas” apunta hacia una transición controlada, aunque dolorosa. Pero la inercia estructural es enorme, y la velocidad de la presión externa no deja mucho margen para maniobras. El régimen podría intentar implementar reformas económicas parciales para evitar el colapso, pero sin un cambio fundamental en su alineación geopolítica, el problema fundamental seguirá sin resolverse.

En resumen, la crisis es de carácter estructural, no un revés temporal. El agotamiento de las reservas de petróleo es el factor desencadenante inevitable. La política de Estados Unidos ejerce presión sobre el régimen, pero el resultado, ya sea un colapso repentino o una transición prolongada y difícil, dependerá de la capacidad del régimen para manejar las consecuencias humanitarias y de la resiliencia de sus mecanismos internos de control. Por ahora, parece que lo que se avecina es una situación larga y difícil, más que una revolución rápida.

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