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El mercado de criptomonedas en los Estados Unidos se encuentra en una encrucijada. La Ley CLARITY de 2025, un intento importante para aclarar la jurisdicción regulatoria entre la SEC y la CFTC, ha quedado paralizada en el Senado. Esto crea un vacío de incertidumbre que está transformando las estrategias de inversión institucionales y poniendo a prueba la resiliencia tanto de las empresas dedicadas al sector cripto como de los bancos tradicionales. Mientras que los defensores de esta ley argumentan que esto permitirá estabilizar el mercado, estableciendo un sistema de clasificación de tres niveles para los activos digitales: activos digitales como bienes, activos de contratos de inversión y stablecoins permitidas. Sin embargo, sus críticos, incluido el director ejecutivo de Coinbase, Brian Armstrong, advierten que esto podría impedir la innovación y darle a las instituciones tradicionales más control sobre el sector.
Este estado de caos ha provocado ya una situación de inmovilidad total.Los fondos de activos digitales, que se centran en los Estados Unidos, han perdido valor en una sola semana. Los inversores institucionales están reajustando su exposición al riesgo, debido a las incertidumbres legales que existen en este ámbito.La ley CLARITY busca resolver las disputas de jurisdicción, asignando a la CFTC la supervisión de las divisas digitales como Bitcoin y Ethereum. Por su parte, la SEC conserva la autoridad sobre los activos relacionados con los contratos de inversión. Los stablecoins que están permitidos para el pago, por su parte, se rigen por el marco establecido por la ley GENIUS, y son regulados por las agencias bancarias federales.
Esta estructura tiene como objetivo reducir las ambigüedades legales y fomentar la participación institucional. Sin embargo, las disposiciones restrictivas del proyecto de ley en relación con los rendimientos de las stablecoins y los protocolos DeFi han recibido duras críticas. Armstrong, por ejemplo, calificó esta ley como una “prohibición de facto de las acciones tokenizadas”. También acusó a los bancos de utilizar su poder regulatorio para “eliminar la competencia”.Estas preocupaciones no son infundadas: la ley prohíbe expresamente los intereses sobre las tenencias de stablecoins. Este medida podría socavar las ventajas de liquidez que estos instrumentos ofrecen a los tesoros institucionales..Para las empresas relacionadas con criptomonedas, la ambigüedad del acto legal ha generado un paradojo. Por un lado, el acto promete un marco regulatorio federal que podría legitimar a las criptomonedas como una clase de activos de inversión. Por otro lado, las categorías rígidas establecidas en el acto amenazan con marginar las innovaciones emergentes. Kevin O’Leary, un destacado inversor, ya ha ajustado su cartera de inversiones en consecuencia: solo mantiene los activos relacionados con Bitcoin y Ethereum que considera “conformes” con las disposiciones del acto legal. Al mismo tiempo, vendió casi todos sus demás activos relacionados con criptomonedas.
Esta tendencia refleja un cambio más general: el capital institucional se está concentrando cada vez más en un subconjunto reducido de activos que se consideran “seguros” dentro del marco del régimen regulatorio propuesto.
Por su parte, los bancos tradicionales enfrentan dos desafíos. La Ley CLARITY les abre la posibilidad de entrar en el sector de los activos digitales, ya sea registrándose como brókeres o distribuidores regulados por la CFTC, ofreciendo servicios de custodia, participación y comercio.
La Oficina del Superintendente de la Moneda ya ha emitido cartas interpretativas que permiten a las bancos nacionales realizar estas actividades sin necesidad de obtener autorización previa. Esto indica que existe una autorización regulatoria para tal conducta.Sin embargo, el enfoque de la ley en las stablecoins ha generado debates internos. La Asociación de Banqueros Estadounidenses ha expresado preocupaciones de que las plataformas de stablecoins puedan desviar los depósitos de los bancos tradicionales, lo que afectaría su capacidad para otorgar préstamos y hipotecas a pequeñas empresas..Esta tensión se evidencia en el retraso en la aprobación del Acta CLARITY por parte del Senado. Los legisladores han pospuesto las votaciones para abordar estas preocupaciones. Algunos sostienen que la forma actual de redactar el proyecto de ley podría desestabilizar el sistema bancario, ya que permitiría el otorgamiento de préstamos relacionados con stablecoins sin ningún tipo de regulación.
El resultado es una lucha de poder entre los bancos y las empresas de criptomonedas. Los bancos intentan mantener su dominio en la asignación de capital, mientras que las empresas de criptomonedas buscan crear un entorno competitivo equitativo para todos los participantes.Los inversores institucionales enfrentan esta incertidumbre con una combinación de prudencia y oportunismo. Los datos del cuarto trimestre de 2025 muestran que el 55% de los fondos de inversión tradicionales ya tienen exposición a activos digitales. Este porcentaje aumentó en comparación con el 47% registrado en 2024. La claridad regulatoria, aunque incompleta, reduce el riesgo percibido.
El aumento de los fondos cotizados en la bolsa relacionados con Bitcoin ha acelerado aún más esta tendencia. Para noviembre de 2025, estos fondos ya representaban una cartera de activos por valor de 191 mil millones de dólares.Sin embargo, los retrasos causados por la Ley CLARITY también han llevado a la implementación de estrategias defensivas. Por ejemplo, algunas instituciones buscan evitar las excesivas regulaciones al diversificar sus activos en activos reales tokenizados. Estos activos operan en una zona legal más permisiva..Las consecuencias son muy graves. El informe de Grayscale para el año 2026 prevé que la legislación relacionada con las criptomonedas se establecerá a principios de 2026. Pero el camino hacia ese resultado sigue siendo complicado. Como señaló un ex funcionario de la SEC, la forma actual de esta ley carece de las protecciones para los inversores que ofrece la Ley Sarbanes-Oxley. Esto podría preparar el terreno para otro colapso similar al de FTX.
Este aviso resalta la necesidad de adoptar un enfoque equilibrado: los reguladores deben fomentar la innovación, pero sin sacrificar la estabilidad. Además, las instituciones deben mantenerse ágiles, ya que los cambios en las políticas pueden destruir miles de millones de dólares en valor en cuestión de horas.El estancamiento en el que se encuentra la Ley CLARITY no es simplemente un retraso legislativo. Es, en realidad, una prueba importante para determinar la capacidad del sistema financiero estadounidense para adaptarse a un futuro digital. Para las empresas de criptomonedas, esta ley representa tanto una oportunidad como una amenaza: ofrece claridad regulatoria, pero al mismo tiempo impone limitaciones a la innovación. Para los bancos tradicionales, sin embargo, es una oportunidad para expandirse a nuevos mercados. Pero también representa una advertencia sobre el potencial disruptivo de las stablecoins y las plataformas DeFi. Los inversores institucionales, por su parte, se encuentran en una situación difícil: deben reajustar sus carteras para evitar los efectos negativos de este cambio regulatorio, que oscila entre la claridad y el caos.
Mientras el Senado se reúne para finalizar el proyecto de ley, los mercados observarán con atención los acontecimientos. El resultado no solo determinará el destino de la Ley CLARITY, sino que también influirá en la trayectoria de las inversiones institucionales en activos digitales en los próximos años.
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