ConocoPhillips se prepara para beneficiarse de la inflación estacional, ya que los precios del petróleo han aumentado un 50% debido al impacto de la guerra con Irán.
La actual situación de perturbación es la más grave que se haya visto en la historia. La Agencia Internacional de Energía ha calificado el choque en el suministro causado por la guerra con Irán como…“La mayor interrupción en el suministro de petróleo de la historia del mercado mundial”.Esto no es simplemente un brote temporal; se trata de un colapso sistémico. Desde que comenzó el conflicto…El precio del crudo de Brent ha aumentado en más del 50%.La semana pasada, el precio del petróleo alcanzó una cifra de aproximadamente 119 dólares por barril. La magnitud de la reducción en los suministros mundiales de petróleo es impresionante: los suministros globales se han reducido en aproximadamente 11 millones de barriles diarios.
Este shock refleja un episodio histórico importante. La crisis energética de los años 70 fue un shock en el suministro que provocó una combinación peligrosa de inflación y estancamiento económico. La situación actual presenta los mismos riesgos. A medida que las escaseces agudas se propagan por la economía mundial, ya están causando volatilidad en los precios, presión inflacionaria y temores de una recesión más amplia. La situación es similar a lo que ocurrió en el pasado: una reducción repentina y masiva en el suministro de una materia prima crítica puede desestabilizar tanto el crecimiento económico como la estabilidad de los precios. El mercado está siendo sometido a pruebas similares a las que enfrentó en el pasado.
Mercado y transmisión económica: de la energía petrolera al sentimiento
El impacto no se limita ya a las áreas petroleras. Está repercutiendo directamente en la debilidad del mercado y en la presión económica. Los mercados bursátiles mundiales han caído, y el S&P 500 ha sufrido pérdidas significativas.La mayor caída diaria desde el inicio de la guerra.Este descenso en los precios ocurrió el jueves. Este fenómeno, que se ha intensificado tras la declaración del presidente, refleja la volatilidad que se observó en la década de 1970, cuando los shocks energéticos afectaron la estabilidad financiera.

La transmisión de esta información a la psicología del consumidor es bastante clara. La actitud de los consumidores en Estados Unidos…Cayó un 6% en marzo.Ha alcanzado su nivel más bajo desde diciembre. Esta “mentalidad negativa” es una respuesta directa a la doble presión que supone los altos precios del gas y la caída de los precios de las acciones. Los economistas consideran esto como un indicador importante; la baja en los precios de las acciones señala una posible desaceleración en el gasto, que es el motor de la economía.
Geográficamente, el impacto se concentra en los lugares donde es más importante. La perturbación se produce en esas zonas.Es más grave en los países de Asia y Europa que importan petróleo y gas.Estos países son los que enfrentan los mayores impactos económicos. Este patrón se repite desde la década de 1970, cuando las naciones industrializadas que dependían del petróleo del Medio Oriente eran las más vulnerables a cortes en el suministro. La situación actual sugiere una vulnerabilidad regional similar: los países desde Corea del Sur hasta Alemania están expuestos tanto a aumentos de precios inflacionarios como a posibles restricciones en el suministro de bienes y servicios.
Respuestas políticas y impacto sectorial: la trampa de la estagflación
El impacto financiero de este shock petrolero es muy desigual. Los productores de energía, que se desarrollaron para trabajar en un mundo donde los precios eran bajos, ahora están beneficiándose de esta situación. Por ejemplo, ConocoPhillips solo necesita petróleo cuando…De los años 40 hacia adelante, para financiar su plan de gastos de capital.Este año, a los precios actuales, eso representa un excedente enorme. No se trata de una ganancia marginal; es una ventaja estructural para las empresas que tienen operaciones de bajo costo y alta rentabilidad. Sin embargo, el mercado en general enfrenta diferentes obstáculos. Los mayores costos de insumos afectan negativamente la producción.Caída en el sentimiento del consumidorEsto indica una posible desaceleración en los gastos. Esto crea una situación típica de estagflación: un sector se desarrolla mientras que el resto de la economía se debilita.
La respuesta del banco central será crucial. La Fed se enfrenta a una situación difícil, similar a la que ocurrió en la década de 1970. Los analistas sugieren que podría…“Examine” ese choque energético.Si las expectativas de inflación se mantienen estables, la tendencia actual del banco es hacia una reducción de las tasas de interés más adelante en el año 2026. Sin embargo, cuanto más tiempo dure la perturbación en el suministro, mayor será el riesgo de errores en las políticas monetarias. Si el aumento inicial de precios provoca una mayor presión sobre los salarios, la Fed podría verse obligada a adoptar medidas reactivas, aumentando las tasas de interés para luchar contra la inflación, justo cuando la economía comienza a desacelerarse. Este es un peligro: una respuesta política demasiado lenta podría permitir que la inflación se arraigue, mientras que una respuesta demasiado rápida podría agravar la recesión.
La divergencia entre los diferentes sectores ya es evidente. Mientras que las acciones relacionadas con el petróleo suben de precio, el mercado en general se desploma debido a las preocupaciones sobre los mayores costos y el menor crecimiento económico. La decisión política ahora depende de si la Fed puede lograr aislar el impacto del shock energético de la inflación principal. La analogía histórica nos advierte de que esto es una tarea difícil, que requiere tanto determinación como conocimiento de cuándo actuar.
Catalizadores y escenarios: El camino hacia la resolución
La posibilidad de una solución inmediata en el mercado depende de una única variable frágil: el estado de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Una pausa de 10 días en los ataques ofrece una oportunidad para reducir la tensión. El presidente Trump anunció el cese de las destrucciones de las plantas energéticas iraníes, presentándolo como un gesto de buena voluntad para permitir que las negociaciones continúen. Este movimiento, junto con el permiso que Estados Unidos dio a 10 petroleros para pasar por el Estrecho de Ormuz, ya ha ayudado a bajar los precios del petróleo. Sin embargo, el camino hacia la solución es muy limitado. Un oficial iraní consideró la propuesta estadounidense “unilateral y injusta”, indicando que existen grandes diferencias entre ambos países. La calma actual en el mercado supone que las negociaciones se resolverán rápidamente, pero el éxito de estas negociaciones está lejos de estar garantizado.
Cuanto más tiempo dure la guerra, mayor será el daño económico que se pueda causar. El análisis de los escenarios muestra un claro aumento en el riesgo: la interrupción en el suministro de energía y materias primas tendrá un impacto cada vez más negativo a medida que la guerra continúe. Incluso si las operaciones militares terminan pronto, los efectos residuales en el suministro y la incertidumbre podrían mantener los precios del petróleo altos. Este riesgo de duración es lo que hace que la situación actual sea considerada como una situación “moderada”. Un final rápido del conflicto sigue siendo el resultado más optimista, pero el deterioro de la situación ha reducido su probabilidad. El daño económico no depende solo de la fecha en que termine la guerra, sino también de cuánto tiempo tarden los mercados mundiales en recuperar la confianza y normalizar los flujos de suministro.
Un punto crítico se encuentra más allá del campo de batalla. El momento más peligroso para Irán podría ocurrir después que los bombardeos terminen. Los funcionarios ya están tomando medidas para reprimir cualquier tipo de disensión, mediante arrestos masivos y la movilización incluso de niños en los puestos de control. Su temor es que el daño causado a una economía ya debilitada pueda generar mayor oposición una vez que termine la amenaza inmediata de los ataques aéreos. Si esta crisis interna se materializa, podría desestabilizar aún más la región y provocar nuevos shocks geopolíticos, complicando así cualquier intento de recuperación del mercado. Se trata de una “trampa posterior” clásica: el conflicto puede terminar, pero las consecuencias económicas y políticas podrían prolongar la volatilidad.

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