La importación de GNL y LPG por parte de Colombia pone en peligro el desarrollo de la red de oleoductos de Antonio Ricaurte, ya que se amplía la brecha entre los productores y los consumidores de gas.

Generado por agente de IACyrus ColeRevisado porDavid Feng
sábado, 14 de marzo de 2026, 2:12 pm ET5 min de lectura
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La situación actual es de estancamiento. El ministro de Energía de Colombia, Edwin Palma, anunció esta semana que la compañía petrolera estatal venezolana, PDVSA, tiene la intención de terminar el contrato con Ecopetrol, relacionado con el oleoducto Antonio Ricaurte. La razón dada fue la insuficiencia de las inversiones necesarias para realizar las reparaciones del oleoducto.Inversiones insuficientes para repararlo.Esto se enmarca en un acuerdo previo, en el cual PDVSA se comprometió a reparar aproximadamente cinco kilómetros del conducto de transporte en el lado colombiano.PDVSA reparará aproximadamente 5 kilómetros del conducto de Antonio Ricaurte en el lado colombiano.El propio oleoducto es una reliquia de aquellos tiempos. Fue construido en el año 2007 para transportar gas de Colombia hacia Venezuela. Pero ha estado inactivo durante más de una década, desde que el acuerdo se derrumbó debido a la crisis económica de Venezuela y las sanciones impuestas por los Estados Unidos.

El problema principal es que la responsabilidad por el trabajo extensivo recae en PDVSA. Esta empresa aún no ha comprometido los recursos financieros ni los plazos necesarios para realizar las reparaciones en su zona fronteriza. Esto crea un verdadero obstáculo en la ejecución del proyecto. Incluso si Colombia logra obtener los permisos ambientales necesarios y completa su parte del proyecto, todo el proyecto depende de la disposición y capacidad de inversión de PDVSA. La escala del trabajo requerido es enorme; los analistas estiman que podría llevar entre 18 y 24 meses para rehabilitar esa línea de 224 kilómetros. Los costos relacionados con este proyecto podrían ser similares a los de una construcción nueva.Podría llevar entre 18 y 24 meses construirlo y rehabilitarlo..

Esta larga línea temporal contradice directamente la necesidad urgente de Colombia. El país ya está enfrentando una creciente escasez de gas natural. Se estima que el déficit podría alcanzar hasta el 20% de la demanda total de gas este año. En respuesta, Colombia no espera más. Está avanzando activamente hacia un cambio estratégico en su suministro de gas, como lo demuestran sus planes para construir tres plantas que le permitan importar GNL ya este año. Este cambio es una respuesta directa a la falta de disponibilidad de los gasoductos y a la necesidad de asegurar el suministro antes de que los gasoductos puedan funcionar normalmente.

En resumen, la reactivación de la tubería es un proyecto a largo plazo, no una solución a corto plazo. Aunque su reapertura podría resultar en una mayor economía en cuanto al costo del gas y en una mayor diversidad en la fuente de suministro, la realidad actual es que existen muchas incumplidas promesas y una década de deterioro en la situación. Para la seguridad energética inmediata de Colombia y para enfrentar las presiones de precios, la tubería no es una opción viable. La única solución es convertirse en un país que dependa de terminales de GNL y de la producción en mar abierto.

El déficit en el suministro inmediato y la respuesta de Colombia

La magnitud de la crisis del gas en Colombia obliga a una respuesta rápida y integral. La creciente escasez de gas natural ha llevado al país a depender de las importaciones de gas natural licuado, lo cual resulta muy costoso.La creciente escasez de gas natural ha obligado recientemente a Colombia a depender de las importaciones costosas de gas natural licuado.No se trata de una amenaza lejana. Se proyecta que el déficit alcanzará hasta el 20% de la demanda total este año. Esto generará una presión inmediata sobre los precios y la seguridad energética. Se estima que el déficit en materia de gas aumentará hasta el 20% de la demanda total este año.

A corto plazo, Colombia está tomando medidas prácticas para encontrar alternativas más económicas. El gobierno ha aprobado las licencias necesarias para poder reanudar la importación de bienes.Se otorgan licencias para que se pueda reanudar la importación de 1.26 millones de galones de gas petróleo licuado por mes desde Venezuela.Esta medida aborda directamente la necesidad de disponer de combustibles a un precio más asequible. Al mismo tiempo, se buscan soluciones a largo plazo para resolver este problema. Se trata de una solución temporal, que aprovecha los lazos regionales existentes para aliviar la crisis de suministro.

Al mismo tiempo, Ecopetrol se encuentra en medio de un entorno legal y financiero complejo. El director ejecutivo, Ricardo Roa, ha declarado que la empresa está trabajando dentro de las sanciones impuestas por Estados Unidos, así como según sus propios criterios corporativos. La empresa busca obtener una licencia especial para poder continuar con las reparaciones de los oleoductos.Ecopetrol no incumplirá las sanciones impuestas por los Estados Unidos, ni sus propios criterios corporativos, en su búsqueda de obtener gas de Venezuela.Este enfoque cauteloso refleja el alto riesgo implicado en este proyecto. Cualquier error podría poner en peligro todo el esfuerzo por revivir la empresa. La empresa ha realizado una evaluación conjunta con PDVSA, y cuenta con un presupuesto para las reparaciones. Pero el camino hacia el éxito sigue dependiendo de las aprobaciones regulatorias y del compromiso de PDVSA para financiar su parte de los costos del proyecto.

En resumen, el país está tomando medidas en varios frentes para resolver su urgente problema de suministro de gas. Aunque la construcción de los oleoductos sigue siendo un proyecto a largo plazo y con altos costos, las acciones inmediatas, como la reanudación de las importaciones de GLP y la preparación para el uso de GNL y gas natural proveniente de oleoductos, tienen como objetivo evitar una crisis de suministro aún más grave. Esta respuesta es una clara señal de que la estrategia energética de Colombia se centra ahora en garantizar el acceso a todos los recursos disponibles, sin importar cuán poco convencionales sean, con el fin de satisfacer sus necesidades antes de que los oleoductos puedan comenzar a funcionar.

La ecuación de suministro a largo plazo: Capacidad vs. Necesidades

El potencial del oleoducto es impresionante, pero en realidad presenta una desviación fundamental con respecto a la realidad del suministro a largo plazo de Colombia. El oleoducto Antonio Ricaurte tiene una capacidad de diseño de…500 millones de pies cúbicos de gasSin embargo, toda la historia de este gasoducto demuestra que esa capacidad nunca se utilizó en su totalidad. En su funcionamiento inicial, el gasoducto se utilizaba únicamente para exportar gas colombiano a Venezuela. Un plan posterior para invertir el flujo de gas y importar 150 millones de pies cúbicos al día desde Venezuela nunca se llevó a cabo. De esta manera, todo el potencial del gasoducto quedó sin aprovecharse.Un plan para transportar 150 millones de metros cúbicos de gas venezolano a Colombia, a partir de 2012, nunca se concretó.La razón era simple: la capacidad de absorción de Venezuela era limitada. Históricamente, PDVSA ha sido el único receptor de cualquier tipo de gas que pasara por esa línea de transporte.

Esto señala una limitación estructural más profunda. Las reservas de gas de Colombia son un recurso finito. A finales de 2022, el país contaba con reservas probadas de gas suficientes para cubrir 7.2 años de producción. Esto crea un límite claro para el aumento de la oferta nacional. La capacidad del oleoducto, de 500 millones de pies cúbicos al día, incluso si se operara al máximo, representaría un flujo temporal pero significativo de gas externo. Pero esto no resuelve el problema fundamental: la base de recursos nacionales que está disminuyendo y que se espera que se agoten en menos de una década.

En resumen, se trata de un desequilibrio fundamental. El oleoducto ofrece una posibilidad de suministro externo, pero su capacidad es insignificante comparada con las necesidades a largo plazo de Colombia y sus propias limitaciones en términos de recursos. Para que el oleoducto pueda contribuir significativamente a la seguridad energética de Colombia, debería operar a su capacidad máxima o cerca de ella durante un período prolongado. Sin embargo, la historia del oleoducto muestra que ni siquiera una pequeña parte de esa capacidad ha sido utilizada realmente. Esto plantea serias dudas sobre la capacidad del oleoducto para servir como una solución confiable y a largo plazo para un país que enfrenta un déficit cada vez mayor y una base de recursos nacionales limitadas. La reanudación del proyecto es un riesgo alto, ya que implica la capacidad futura de Venezuela y la capacidad de Colombia para encontrar un comprador viable.

Catalizadores, riesgos y lo que hay que observar

El camino que tiene por delante para el oleoducto de gas de Colombia es un riesgo muy grande. Todo depende de unos pocos factores que determinarán si este proyecto logrará llevarse a cabo o si se convertirá en algo costoso y sin sentido.

El catalizador principal es la reunión que tendrá lugar entre los líderes de Estados Unidos y Colombia. La compañía energética estatal colombiana está tomando medidas preliminares para reanudar la importación de gas natural desde Venezuela. Sin embargo, espera el resultado de la reunión del mes próximo entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente colombiano, Gustavo Petro, antes de iniciar negociaciones directas.Esperando el resultado de la reunión del próximo mes.Esta reunión es clave; puede que alivie las sanciones impuestas por Estados Unidos, o bien, puede que fortalezca los obstáculos existentes. Para Ecopetrol, la empresa ya está trabajando con su homólogo venezolano y cuenta con un presupuesto para realizar reparaciones. Sin embargo, busca obtener una licencia especial para poder continuar sus actividades sin violar las sanciones estadounidenses.Se busca una licencia especial que permita realizar reparaciones en el conducto de transporte.La decisión de los Estados Unidos tendrá un impacto directo en el éxito o fracaso de todo este esfuerzo por revivir la situación.

El mayor riesgo es que el plazo necesario para la rehabilitación del sistema de transporte sea mucho más largo de lo que se necesita en el momento actual. Incluso si se logra un acuerdo, la escala de las tareas que deben realizarse es enorme. Los analistas estiman que podría llevar entre 18 y 24 meses rehabilitar la línea de 224 kilómetros. Además, los costos relacionados con esta tarea podrían ser comparables a los costos de construir una nueva línea. Esto crea una gran desconexión con la crisis urgente que enfrenta Colombia. Se proyecta que el déficit de gas en el país llegará al 20% de la demanda total este año. Por lo tanto, Colombia se ve obligada a depender de importaciones costosas de gas licuado. Si los primeros suministros de gas se retrasan por años, esto hará que no sea posible resolver el problema actual. En ese caso, Colombia tendrá que recurrir a otras soluciones.

Las soluciones de suministro que compiten entre sí son, en realidad, lo que realmente merece atención. Por un lado, está la capacidad de Venezuela para invertir. El acuerdo asigna a PDVSA la responsabilidad de llevar a cabo las reparaciones técnicas. Pero la empresa aún no ha comprometido un plazo o los recursos necesarios para llevar a cabo su parte del trabajo.PDVSA no respondió de inmediato a las preguntas sobre cuándo y cómo se llevarían a cabo los trabajos en el lado venezolano de la frontera.Por otro lado, Colombia está trabajando activamente en la creación de alternativas. El gobierno ha aprobado las licencias necesarias para reanudar la importación de gas natural licuado proveniente de Venezuela. Además, se están preparando tres instalaciones para la importación de GNL, que comenzarán a funcionar tan pronto como este año.Se otorgan licencias para que se pueda reanudar la importación de 1.26 millones de galones de gas natural líquido desde Venezuela, por mes.La reactivación de la tubería es un proyecto a largo plazo y con altos costos. Pero el único camino para cerrar la brecha de gas que enfrenta Colombia es recurrir al gas natural licuado y a las importaciones regionales.

En resumen, se trata de un proyecto que se encuentra entre un catalizador político y una cronología física muy larga. El éxito del proyecto depende de un cambio en la política estadounidense y de la voluntad financiera de Venezuela. Pero, debido a los años de trabajo necesarios para reparar el sistema, la seguridad energética de Colombia estará garantizada por otros medios, mucho antes de que el oleoducto pueda comenzar a funcionar.

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