La reforma fiscal en Colombia plantea riesgos para la transición fiscal del nuevo congreso.
La presión fiscal en Colombia se ha convertido en un problema grave para el presupuesto del país. El gobierno ya no logra cubrir esa brecha en el presupuesto.Hay una brecha presupuestaria de 16 billones de dólares (3.8 mil millones de dólares) para el año 2026.Ese déficit fue rechazado por el Congreso en diciembre del año pasado. Como respuesta, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, anunció la creación de un nuevo…Propuesta de reforma fiscal por valor de 4,39 mil millones de dólaresEn teoría, este nuevo proyecto de ley es más grande que la brecha inmediata que existe actualmente, lo que indica un intento de abordar problemas estructurales más profundos. Sin embargo, la escala del proyecto no es tan importante como su contexto político.
El proyecto de ley se presenta ante una legislatura profundamente dividida y sin capacidad para tomar decisiones, que está cerrando su período de sesiones en junio. El propio Ávila reconoció esta realidad, afirmando que es poco probable que el proyecto de ley sea aprobado. Lo describió como un paso necesario para la próxima administración, pero no como una solución para la actual administración. Ese es el núcleo del plan: la reforma es un gesto simbólico, un acto político destinado a demostrar que se han tomado medidas antes de entregar el poder fiscal.
El patrón ya se ha repetido en el pasado. El presidente Gustavo Petro ha intentado cuatro veces llevar a cabo esta reforma, pero solo una de esas intentos tuvo éxito por medios normales. El último intento fracasó en diciembre, lo que llevó al gobierno a recurrir a un decreto de emergencia para poder seguir adelante con la reforma. Ahora, con un nuevo congreso que comenzará a funcionar a finales de julio, el quinto intento no parece ser un verdadero comienzo, sino más bien algo rutinario. Como dijo el exministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, quien fue el artífice de la última reforma exitosa: “El nuevo proyecto de ley no tiene ninguna posibilidad de ser aprobado. Debería dejarse en manos del próximo gobierno”. La brecha fiscal sigue existiendo, pero el ciclo político ya ha avanzado.
La anatomía de un ciclo de reformas que fracasa
El patrón se ha convertido en un ciclo repetitivo. El presidente Gustavo Petro ha presentado una quinta solicitud para reformar el sistema tributario. Este es un indicio de la inestabilidad estructural en la gobernanza fiscal de Colombia. De sus cuatro intentos anteriores, solo uno –la reforma llevada a cabo en 2022, bajo el liderazgo del ministro de Finanzas, José Antonio Ocampo– fue aprobado a través de los canales legislativos habituales. El último intento fracasó en diciembre; como respuesta, el gobierno recurrió a un decreto de emergencia para superar las barreras parlamentarias. Esta es la tercera vez que Petro utiliza este mecanismo. Los críticos sostienen que esto socava el principio democrático de que la recaudación de impuestos debe realizarse con representación popular.
Este ciclo de propuestas, fracasos y medidas de emergencia crea una situación de incertidumbre política constante. El último ejemplo es…Se introdujo un nuevo impuesto sobre las participaciones en las empresas en febrero de 2026.Esta medida compleja, dirigida a aquellas entidades que poseen una cantidad significativa de capital, agrega otro nivel de complicaciones. Establece plazos acelerados para el cumplimiento de las regulaciones y incluye reglas agresivas contra las prácticas de evasión fiscal. Esto obliga a las empresas a realizar revisiones urgentes de sus estados financieros. Para los inversores, esta no es una política fiscal estable, sino una serie de intervenciones reactivas, a menudo en los últimos momentos, lo cual complica la planificación a largo plazo.
En resumen, este proceso recurrente erosiona la credibilidad fiscal del gobierno. Cuando el responsable de la última reforma exitosa declara públicamente que la próxima reforma no tendrá ninguna posibilidad de aprobarse, el mercado recibe una señal clara: el gobierno depende demasiado de decretos de emergencia para obtener ingresos temporales. Esto pone en riesgo la independencia del banco central y crea un entorno empresarial en el que las reglas fiscales se consideran provisionales. El resultado es una situación de inestabilidad que probablemente será heredada por el próximo gobierno, con el déficit fiscal y las presiones financieras sin resolver.
El contexto macroeconómico: Crecimiento, inflación e inversión
La situación económica de Colombia se encuentra en un ciclo frágil, donde la inestabilidad fiscal alimenta directamente las presiones macroeconómicas generales. La proyección de crecimiento económico es…2.6% para el año 2026Esconde una historia más profunda relacionada con las inversiones suprimidas. Aunque la economía ha recuperado del estancamiento de 2023, esa recuperación no es uniforme. La formación de capital privado ha sido una de las principales víctimas: disminuyó un 9.5% en 2023 y solo se ha recuperado parcialmente. Este estancamiento es el resultado directo de las altas tasas de interés y de la incertidumbre que genera el fracaso del ciclo de reformas. Como señala un análisis, las reformas propuestas por el presidente Petro en materia de salud y pensiones, junto con los impuestos extraordinarios y las altas tasas de interés, han dificultado la formación de capital privado. En un modelo de crecimiento donde la inversión es crucial, esto crea una debilidad que se refuerza a sí misma.

Esta debilidad se está enfrentando ahora con una inflación en aumento. La tasa anual de inflación ha subido.5.56% en marzo de 2026Es el nivel más alto que se ha registrado en más de un año. Este aumento se debe a una combinación de factores: un aumento del salario mínimo del 23.7%, así como los impactos climáticos que han afectado la producción agrícola. Para la banco central, esto es una clara señal. Para contrarrestar la presión inflacionaria, ha elevado su tasa de política monetaria.11.25%Esta medida es una respuesta macroeconómica al deterioro de las condiciones fiscales. El alto gasto público y el aumento del déficit ejercen una presión ascendente sobre los precios. Sin embargo, las acciones del banco central también agravan el problema para el sector privado, ya que mantienen los costos de endeudamiento elevados y desincentivan aún más las inversiones necesarias para impulsar la crecimiento económico.
Las restricciones a la capacidad de acción del gobierno se están intensificando. El déficit en cuenta corriente y la alta deuda pública son los principales obstáculos. La deuda gubernamental se sitúa en…El 63.8% del PIBSe trata de un nivel que limita el espacio fiscal para la implementación de medidas de estímulo económico. Al mismo tiempo, se proyecta que el déficit en cuenta corriente aumentará, lo que hará que la economía sea más vulnerable a las perturbaciones externas. Esto crea un dilema político clásico: el gobierno necesita estimular el crecimiento para aumentar los ingresos, pero hacerlo puede empeorar su situación fiscal y provocar inflación. Esto, a su vez, obliga al banco central a subir las tasas de interés, lo que a su vez frenará el crecimiento económico. El resultado es un entorno macroeconómico frágil, donde la política fiscal es tanto causa como consecuencia de la inestabilidad, dejando a la economía atrapada en una situación de baja crecimiento y altos costos.
Catalizadores y riesgos: El desafío heredado
La transición de gran importancia que se avecina depende de un único y decisivo acontecimiento. El nuevo Congreso, que fue investido a finales de julio, tomará decisiones importantes.Propuesta de reforma fiscal por valor de 4,39 mil millones de dólaresSe considera que la administración actual ha realizado esto como una forma simbólica de entrega del poder. Este voto será el principal catalizador para la estabilidad fiscal de Colombia. Una aprobación sin problemas indicaría un regreso a un gobierno ordenado y proporcionaría un camino creíble para cerrar las cuestiones pendientes.Un déficit presupuestario de 16 billones de dólares (3.8 mil millones de dólares) para el año 2026.Sin embargo, dada la profunda división en el poder legislativo y la probabilidad de que la reforma fracase, lo más probable es que se continúe con el ciclo ya establecido. La verdadera prueba será si el gobierno que asuma el poder podrá romper con este patrón o simplemente heredará sus limitaciones.
El mayor riesgo de no tomar ninguna medida es que se produzca una degradación del rating crediticio de la nación. El déficit fiscal de Colombia sigue estando por encima del 6% del PIB. Este déficit persistente erosiona la confianza del mercado. Si no se logra aprobar las reformas, es probable que las agencias de calificación crediticia realicen una nueva evaluación del país, lo que aumentaría el costo de financiamiento tanto para el gobierno como para el sector privado. Esto haría que las condiciones financieras se volvieran más difíciles, en un momento en que la economía necesita inversiones para crecer. La tasa de política monetaria del banco central ya es alta.11.25%Además, un mayor riesgo soberano aumentaría las presiones para endeudarse, lo que, a su vez, suprimiría aún más la formación de capital privado. Según los proyectos de Fedesarrollo, este proceso debería crecer gradualmente.1.2% en el año 2026.
Lo que aumenta la incertidumbre son las elecciones presidenciales de 2027. El próximo gobierno heredará un déficit fiscal de 4.400 millones de dólares, además de una política económica volátil, donde los decretos de emergencia se han convertido en una forma de sustituir los compromisos legislativos. Esto crea una situación fiscal inestable. El nuevo gobierno tendrá que enfrentarse a las mismas decisiones difíciles: aumentar los impuestos, reducir los gastos, o correr el riesgo de que el nivel de deuda mejore. El ciclo de propuestas fallidas y acciones de emergencia no es un problema temporal, sino una característica estructural que ha suprimido las inversiones y complicado la planificación a largo plazo. Para los inversores, el próximo año será un momento importante para observar este proceso de transición. La acción simbólica del congreso de finales de mandato prepara el terreno para un nuevo capítulo, pero la estabilidad de ese capítulo depende completamente de la voluntad del nuevo Congreso de actuar… o de la capacidad del próximo gobierno de romper con las tendencias actuales.



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