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Coca-Cola ha retirado su plan de vender Costa Coffee. Después de meses de negociaciones con los participantes del mercado de capitales privados, la empresa terminó las conversaciones en diciembre, abandonando así una licitación que no logró satisfacer sus expectativas.
El catalizador principal es evidente: Coca-Cola buscaba obtener alrededor de 2 mil millones de libras para la cadena, aproximadamente la mitad de los 3.9 mil millones de libras que pagó en 2018 para adquirirla. La quiebra revela un error fundamental en la valoración de los activos de Costa, lo que obligó a Coca-Cola a mantener una empresa en dificultades, sin ningún evento inmediato que pudiera mejorar la situación de la empresa.La deterioración financiera es la razón inmediata de la fallida venta. La pérdida operativa de Costa
En 2024, el valor de Coca-Cola fue de 13.5 millones de libras, un resultado impulsado por una baja cantidad de clientes y una competencia más barata. Este desempeño socava directamente la tesis de inversión que la propia Coca-Cola reconoció. El director ejecutivo, James Quincey, afirmó que la empresa “no había cumplido con las expectativas” y que “no estaba en el lugar donde queríamos que estuviera” desde el punto de vista de la inversión. La cancelación de la venta de Coca-Cola significa que la compañía tiene una devaluación importante: un activo importante que ahora se cotiza a un precio muy inferior al costo de adquisición, sin que haya ningún comprador dispuesto a pagar ni siquiera la mitad de ese precio.Desde una perspectiva estratégica, esto representa un revés. La venta estaba destinada a liberar capital y simplificar el portafolio de activos de la empresa. En cambio, Coca-Cola ahora posee un activo que consume efectivo sin ninguna opción de salida próxima, lo que complica su plan de generación de capital. La decisión se toma antes del cambio de liderazgo, ya que el nuevo CEO, Henrique Braun, asumirá el mando en marzo. Por ahora, la cadena sigue bajo el paraguas de Coca-Cola, pero la venta fallida ha resuelto el problema: Costa se ha convertido en una carga, y no en algo positivo para la empresa.

La cancelación del acuerdo fue un ejemplo clásico de cómo una brecha en la valoración se transforma en un abismo insuperable. Coca-Cola intentaba solucionar esa situación…
Para Costa, esa suma representaba aproximadamente la mitad de los 3.9 mil millones de libras que pagó en 2018 para adquirir la cadena. Ese precio ya era un descuento significativo en comparación con el costo real de la empresa, lo que indicaba que la empresa había sido desvalorizada. Pero los postores del sector privado, incluido el competidor preferido, TDR Capital, no estaban dispuestos a pagar ni siquiera ese monto. El mecanismo era claro: el mal rendimiento financiero de Costa hacía que su adquisición fuera una apuesta arriesgada.A £13,5 millones en 2024, lo que afectó directamente al potencial de rendimiento de la propiedad. Los perdedores probablemente tuvieron una experiencia similar a la que Coca-Cola encontró al evaluar su propio desempeño: que la inversión no se había desarrollado como se esperaba.Las negociaciones con TDR Capital se han paralizado debido a este desacuerdo en cuanto al precio. Se informa que Coca-Cola tiene hasta esta semana para tomar una decisión. La presión temporal era real, pero el problema subyacente era estructural. La diferencia entre la valoración de Coca-Cola y la disposición de los licitadores a pagar era demasiado grande. Además, las malas condiciones del mercado y la competencia más barata también contribuyeron a este situación difícil. Este retraso obligó a la junta directiva de Coca-Cola a tomar una decisión difícil.
De manera estratégica, la decisión de abandonar la venta llega en un momento decisivo. Sólo unas semanas antes de la transición de liderazgo en marzo, cuando el actual COO, Henrique Braun, asumirá la dirección general. Para el CEO en salida, James Quincey, la venta fallida fue una conclusión caótica de una iniciativa estratégica. Para Braun, se desvía el foco inmediato de una compleja divisa y se enfoca en una difícil transformación operacional. El fallo del concurso ha cristalizado a Costa como una deuda del portafolio que debe gestionarse, y no venderse. La empresa puede volver a revisar la venta en el medio plazo, pero por el momento, la responsabilidad recae en el nuevo liderazgo para solucionar el negocio desde dentro.
El fracaso del traslado crea una clara excesiva sobrevaloración que debe gestionarse por la nueva dirección. En este momento, el riesgo a corto plazo es evidente: Costa se mantiene como un activo que quema dinero en el balance de Coca-Cola, sin un plan de recuperación claro.
En el año 2024, las pérdidas ascendieron a 13,5 millones de libras, lo cual representa una presión financiera directa sobre la rentabilidad del grupo. Esta presión financiera, combinada con las dificultades que enfrenta la subsidiaria en su operación, dificulta los objetivos de Coca-Cola en cuanto a la generación de capital y la simplificación de su cartera de activos. El mercado estará atento a cualquier señal de que el nuevo director ejecutivo, Henrique Braun, tenga un plan concreto para mejorar la situación del negocio, o al menos para controlar las pérdidas.El potencial catalizador a mediano plazo es una venta que todavía podría revisarse a medio plazo. La empresa no ha descartado una futura licitación, lo cual brindaría una salida limpia y un potencial retorno de capital. Sin embargo, el riesgo de ejecución a corto plazo es alto. El proceso fallido reveló un vacío de valoración significativo, y cualquier venta futura necesitará superar los mismos retos fundamentales: un bajo tráfico de visitantes, una competencia intensa de rivales más baratos, y un negocio que no ha cumplido con sus hipótesis de inversión. Un buen acuerdo implicaría un importante cambio de operaciones para mejorar el atractivo del activo, un cronograma que puede no estar alineado con las prioridades inmediatas de un nuevo CEO.
La clave será cualquier nueva movida estratégica en las operaciones de Costa o un plan de asignación de capital revisado del próximo CEO, Henrique Braun, que se espera tome el mando en marzo. El mercado buscará una acción decisiva. ¿Verá Braun un camino hacia una mejora operativa o se prepara para una divulgación más agresiva? Sus primeras decisiones importantes en cuanto a Costa darán pistas acerca de su dirección estratégica y estilo de gestión. Hasta entonces, la incertidumbre alrededor de este activo continuará comprometiendo el caso de inversión de Coca-Cola, creando una presion persistente que cualquier nueva dirección deberá resolver.
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