Falta estructural en financiamiento climático: ¿por qué el sistema está rotundo y qué invesidores deben tener en cuenta?

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porAInvest News Editorial Team
jueves, 15 de enero de 2026, 12:24 am ET5 min de lectura

La estructura de las finanzas climáticas no se trata simplemente de una falta de financiación adecuada; es más bien un sistema que está desalineado con las necesidades que pretende satisfacer. Este sistema se basa en premisas erróneas, y su diseño crea incentivos perversos que perjudican a las naciones más pobres del mundo.

El objetivo fundamental era alcanzar la suma de 100 mil millones de dólares anuales. Los países desarrollados lograron cumplir con este objetivo finalmente en el año 2022, dos años después de lo previsto. Ese objetivo ya no es válido hoy en día. En la COP 29, se estableció un nuevo objetivo: un mínimo de…

Pero incluso esta ambición ampliada se ve reducida por la real necesidad que hay en el momento actual. Solo para la adaptación, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que se necesita:Circulación de corriente eléctrica nos relata la historia de un sistema que no cumple su propósito. La financiación internacional pública de adaptación para los países en desarrollo fue solo de $26 mil millones en 2023, y ese monto está por debajo de las necesidades de 12 a 14 veces.

Esta brecha no es solo una cuestión de falta de dólares; es una cuestión de cómo se entregan los dólares. El sistema es fuertemente dependiente de los préstamos y no de las subvenciones. Una investigación conjunta reveló que

Esto crea una barrera estructural importante. En la COP 29 se señaló que uno de los problemas principales es el alto costo de capital, el espacio fiscal limitado y los niveles de deuda insostenibles en las naciones receptoras. Cuando la financiación climática se convierte en deuda, eso aumenta la presión fiscal sobre las economías vulnerables, lo que potencialmente dificulta la financiación de otros gastos públicos esenciales.

Sin embargo, el defecto más perjudicial es la separación entre la financiación climática y la financiación general para el desarrollo. Esto crea una competencia por los recursos, lo cual va en contra de los más pobres. Como señala un análisis, este sistema…

Donde el mayor poder legal y político relacionado con la financiación climática significa que este tipo de financiación puede desplazar a otros tipos de financiamiento destinado al desarrollo. En la práctica, esto significa que la capacidad de un país para obtener fondos para construir un nuevo hospital o escuela puede verse obstaculizada por un proyecto climático competente, incluso si ese proyecto climático es más urgente. El resultado es un sistema en el que, por designio, se dificulta que los más vulnerables tengan acceso al capital necesario para su desarrollo básico. Además, esto impide que se financien adecuadamente las medidas de adaptación que son vitales para ellos.

El cambio estructural: De compromisos de arriba hacia abajo a capital a nivel local

Las deficiencias del sistema están forzando un cambio fundamental. A medida que las limitaciones de los compromisos de gastos de deuda de arriba hacia abajo se vuelven innegables, un nuevo paradigma se está formando. Los países están recurren cada vez más a soluciones financieras regionales y nacionales para lidiar con sus deficiencias en materia de financiamiento climático, impulsadas por la necesidad de capital más resiliente y específico de cada país.

Este cambio refleja una tendencia hacia soluciones más localizadas y adaptadas a las necesidades específicas de cada región. El antiguo modelo, basado en instituciones multilaterales distantes y en compromisos relacionados con préstamos, está siendo reemplazado por esfuerzos para desarrollar mercados financieros locales más sólidos e instituciones financieras en las economías emergentes. El objetivo es crear una arquitectura financiera que sea adecuada para los contextos locales, como señala el Climate Finance Reform Compass. Esto implica una mayor dependencia del financiamiento mixto, donde el capital público y el capital filantrópico se utilizan para reducir los riesgos de las inversiones y fomentar las corrientes de capital privado. La necesidad de herramientas como garantías y financiación para cubrir las pérdidas iniciales es urgente, ya que el acceso a capital asequible sigue siendo un obstáculo importante en muchos mercados emergentes.

La escala de esta movilización del sector privado es impresionante. Por primera vez, las contribuciones financieras provenientes del sector privado para la lucha contra el cambio climático superaron los objetivos establecidos.

¡Excede los recursos del sector público! Este cambio estructural es significativo en el capital. Pero el desafío ahora es canalizar esta enorme liquidez privada de manera efectiva hacia las necesidades más urgentes, en particular la adaptación y en los países más pobres del mundo. La fragmentación del sistema puede socavar este potencial. A medida que un número cada vez mayor de actores, coaliciones y innovaciones financieras operan en silos, existe un riesgo real de duplicados y prioridades desalineadas.

El camino hacia delante requiere coordinación y transparencia para unificar las acciones. Herramientas como el Climate Finance Reform Compass buscan derribar esta complejidad ofreciendo una vía para la reforma, identificando los hitos clave y los agentes responsables. Lo esencial es que la era de la espera por donaciones lejanas acaba. La nueva realidad es una de capital local, en la que el éxito de las inversiones de la financiación del clima dependerá cada vez más de la integridad y la integración de los sistemas financieros nacionales y de la capacidad de los agentes globales de apoyarlos sin añadir a la carga de la deuda que se supone que van a mitigar.

Alimentar el capital y los riesgos en la nueva arquitectura

Las lagunas estructurales que hemos descrito no son conceptos abstractos; son los motores primarios que determinan en donde correrá el capital y los riesgos que determinarán los retornos en la próxima década. La nueva arquitectura verá una realocación dura pero necesaria, una batalla contra la engaña y un test de alto riesgo de reforma institucional.

En primer lugar, el capital está cambiando su enfoque. El antiguo modelo destinaba recursos importantes a países de ingresos medios que tenían un buen perfil crediticio. En esos países, los proyectos se consideraban de menor riesgo y más propensos a generar retornos económicos. Los datos muestran que este patrón sigue existiendo.

Pero el hecho de que el sistema no logre servir a los más vulnerables está creando una nueva necesidad. El objetivo anual de 300 mil millones de dólares, aunque inadecuado, sigue siendo una señal política que debe cumplirse. Esto obligará a realizar una redefinición de las prioridades, dirigiendo más atención –y, esperamos, más capital– hacia aquellos grupos más vulnerables.que actualmente no reciben atención. El riesgo aquí es que este cambio es lento y politizado, ya que las naciones donantes se enfrentan a presiones internas y las naciones receptoras luchan por la sostenibilidad de la deuda.

En segundo lugar, el greenwashing sigue siendo un obstáculo crítico. Produce una niebla de afirmaciones engañosas que distorsionan las señales del mercado y mal distribuyen el capital. Técnicas van desde etiquetas vagas de "ambientalmente friendly" hasta implicaciones de que mejoras menores tienen impactos climáticos importantes. Este ruido no es solo un riesgo reputacional; es un riesgo financiero material. Divierte el capital de soluciones fiables, de alto impacto, a proyectos que ofrecen poco beneficio real de descarbonización o adaptación. Para los inversores, esto significa que la diligencia debida debe ir mucho más allá de los informes de sostenibilidad superficiales. El riesgo principal es que el capital continúa fluyendo a la etiqueta "verde" en lugar de al artículo genuino, socavando el propósito de toda la financiación del clima.

Por último, el riesgo más grave es que la arquitectura financiera multilateral no logre realizar las reformas necesarias. El objetivo de los 300 mil millones de dólares no es más que una promesa vacía. Sin una reforma fundamental en la forma en que se distribuyen los fondos, y sin pasar de los préstamos basados en la deuda a fondos destinados a proyectos de desarrollo, ese objetivo no tendrá ningún efecto real. El diseño actual del sistema, que favorece a los países más pobres y permite que la financiación climática reemplace la ayuda para el desarrollo, es la causa del problema. Si esta arquitectura permanece sin cambiar, el nuevo objetivo de financiación será simplemente un número más, alcanzado mediante los mismos mecanismos defectuosos. El resultado será que las naciones vulnerables seguirán enfrentando problemas de endeudamiento, y continuará faltando financiación para las medidas de adaptación que son cruciales para su supervivencia. El principal riesgo para los inversores es que están financiando un sistema que, estructuralmente, no es capaz de lograr los cambios que promete.

Catalizadores y puntos de control para la tesis estructural

La transición estructural del compromiso de arriba hacia abajo a un capital localizado es ahora una realidad, pero su éxito dependerá de una serie de señales a corto plazo. Para los inversores, estas son las señales que confirmarán si la nueva arquitectura está construyendo resiliencia o si tan solo está replicando las viejas fallas.

En primer lugar, es necesario monitorear el ritmo de la movilización de recursos nacionales y la reestructuración de la deuda en los mercados emergentes clave. La tesis se basa en el hecho de que los países profundicen sus propios mercados de capital para financiar su adaptación a las nuevas circunstancias. Ya se puede observar este cambio en la tendencia hacia soluciones regionales y nacionales. La prueba crucial será si esto se traduce en una reducción significativa en los costos de capital y en un mayor espacio fiscal. Es importante seguir las noticias de las principales economías emergentes sobre nuevos marcos de emisión de bonos verdes, fondos soberanos para la lucha contra el cambio climático, o acuerdos de canje de deuda por medidas de protección del clima. La falta de tales iniciativas, o su incapacidad para atraer capital privado significativo, indicaría que los obstáculos estructurales relacionados con altos costos de transacción y limitaciones fiscales siguen sin resolverse.

En segundo lugar, es necesario verificar cómo se asignan los nuevos fondos relacionados con el clima. Es importante saber si estos fondos dan prioridad a las medidas de adaptación en los países más pobres, en lugar de invertir en proyectos de mitigación a gran escala. El objetivo anual de 300 mil millones de dólares es una promesa política, pero lo que realmente importa es la calidad de dichos fondos. El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente indica que las necesidades de financiación para las medidas de adaptación son…

Sin embargo, la financiación internacional para la adaptación al cambio climático disminuyó en 2023. Los inversores deben estar atentos a los primeros desembolsos realizados bajo el Nuevo Objetivo Colectivo de Cuantificación (NCQG), para ver si se sigue el mismo patrón utilizado anteriormente, que consiste en favorecer a las naciones de ingresos medios con buenos perfiles crediticios, o si se comienza a dirigir la financiación hacia los países más vulnerables. Si no se redirige el capital hacia la adaptación en los países más pobres, eso confirmaría el defecto persistente del sistema: que la financiación climática puede reemplazar a la ayuda al desarrollo en general.

Finalmente, se espera que se avance en la reforma de la arquitectura financiera multilateral, incluyendo esfuerzos para reducir el costo de capital de los países en desarrollo. La decisión de la COP 29 identificó la necesidad de trabajar en ese sentido.

Como "desactivadores clave". El verdadero test es si esta retórica lleva a acciones concretas. Monitorear los avances en el Banco Mundial, el FMI y los bancos de desarrollo regionales para obtener nuevos instrumentos de financiamiento blandeado, mecanismos de financiamiento basados en subvenciones o reformas de las condiciones. El Clima Financie Reform Compass busca proporcionar una ruta, pero su valor será probado por la velocidad y escala de implementación. Sin reformas tangibles, el objetivo de $300 billones se corre el riesgo de convertirse en un nuevo número a ser alcanzado mediante los mismos mecanismos de financiación a través de la debilidad y la fragmentación que han fallado durante décadas.

En resumen, la tesis estructural ahora se ha convertido en un experimento real. Los objetivos son claros: profundidad del mercado de capitales local, asignación de recursos y reformas multilaterales. El éxito en estos ámbitos indicará que el sistema es más resiliente y equitativo. Por otro lado, el fracaso confirmará que el sistema está roto, y los inversores deben mirar más allá de los objetivos principales, hacia los mecanismos subyacentes de los flujos de capital.

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Julian West
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