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China logró alcanzar su objetivo de crecimiento anual del 5% para el año 2025. Este resultado cumplió con los objetivos establecidos por el gobierno. Pero el mercado prestó más atención a la tendencia real de la economía, y los datos trimestrales revelaron una desaceleración más pronunciada de lo esperado. La economía creció a un ritmo más lento.
Desde el 4,8% registrado en el trimestre anterior. Aunque esto superó la estimación de consenso de Reuters, que era de un aumento del 4,4%, lo importante es la pérdida de impulso. La desaceleración al nivel más bajo en tres años en el último trimestre indica una disminución en la capacidad del mercado, y no un nuevo aumento en las actividades comerciales.Sin embargo, el error más grave ocurrió en el área de inversiones. Las inversiones en activos fijos a lo largo del año disminuyeron.
El resultado fue mucho peor que el 3.0% de caída que esperaban los analistas. No se trató de una caída ocasional durante un trimestre; los datos muestran una disminución constante en las cifras anuales. La caída fue aún mayor que la del 2.6% registrada en los once meses anteriores. El sector inmobiliario, que siempre ha sido un pilar importante de crecimiento, también sufrió una disminución en las inversiones.Para el año en cuestión, esto destaca la profundidad del declive económico.Esta brecha de expectativas revela un modelo de crecimiento frágil. Se logró el objetivo del 5%, pero este crecimiento se basó en las exportaciones y la industria manufacturera, que fueron los principales motores del desarrollo económico. La demanda interna, especialmente a través de la inversión, permaneció bajo gran presión. En otras palabras, la economía muestra resistencia, pero esta resistencia se basa en la demanda externa, no en una recuperación amplia dentro del país. Esto crea una base económica que es tanto limitada como vulnerable a los problemas relacionados con el comercio mundial.
La historia de crecimiento para el año 2025 es una historia de dos motores que impulsaron el desarrollo económico. Por un lado, las exportaciones fueron una fuerza crucial que ayudó a compensar la grave crisis interna del país. Por otro lado, la demanda interna disminuyó, lo que revela una base frágil en la economía nacional. Los datos indican que la inversión en activos fijos durante todo el año disminuyó.
Se trata de una caída más pronunciada de lo esperado. En respuesta a esto, las exportaciones a lo largo del año aumentaron un 6.1% en términos de yuanes. Este incremento fue un importante contrapeso que ayudó a mantener el crecimiento general estable.Sin embargo, este crecimiento impulsado por las exportaciones oculta una debilidad persistente en el país. Las ventas minoristas, que son el indicador principal de la demanda del consumidor, han disminuido significativamente; su crecimiento es muy lento.
Ese fue el ritmo más lento desde finales de 2022; además, se apartó de las previsiones. Esta caída en la demanda interna es estructural, no una situación temporal. Es el resultado de una crisis inmobiliaria prolongada y de una baja confianza de los hogares. Los políticos han tenido dificultades para revertir esta situación, a pesar de los programas de estímulo económico.La durabilidad de este motor de exportación ahora está en duda. Pekín ha logrado desviar los envíos lejos de los Estados Unidos, pero enfrenta cada vez más barreras comerciales en todo el mundo. Como señala la economista Lynn Song, la pregunta clave es cuánto tiempo podrá seguir siendo este motor el principal impulsor del crecimiento económico. Dado que los Estados Unidos y otras economías como la Unión Europea y México están aumentando o amenazando con imponer nuevas tarifas, el entorno externo se vuelve cada vez más difícil. Esto representa un riesgo directo para el modelo de crecimiento que apenas logró alcanzar el objetivo del 5%.

El superávit comercial de 1.2 billones de dólares es una herramienta de doble filo. Es una clara señal de la fortaleza de las exportaciones, pero también destaca el desequilibrio interno en la economía. Un superávit de tal magnitud significa que China exporta mucho más de lo que importa, lo cual es un síntoma de una demanda interna débil. En otras palabras, la economía está creciendo, pero lo hace al mismo tiempo que se venden más productos en el extranjero, mientras que los consumidores y empresas locales retroceden. Esta situación es inherentemente vulnerable a cualquier ralentización en el comercio mundial, y deja la economía expuesta si la demanda externa disminuye.
Se cumplió el objetivo de crecimiento establecido, pero los datos sobre inversiones revelan un estado en el que la confianza ya no existe. Los datos oficiales para el año 2025 indican que la inversión en activos fijos está disminuyendo.
Un descenso aún más pronunciado que el anterior.No se trató de un error menor; fue una deterioración significativa que cambió la percepción del mercado respecto al dinamismo del mercado interno. El verdadero shock provino del sector privado, donde las inversiones cayeron un 6.4% en términos anuales. Eso indica un agravamiento de la crisis, lo que señala una pérdida fundamental de interés por parte de los inversores en gastos de capital.El sector inmobiliario es el epicentro de este “cratera”. Las inversiones en ese sector han disminuido significativamente.
En todo el año, la caída ha sido aún más pronunciada, comparado con el 10.6% de descenso registrado en 2024. Esto no es un fenómeno cíclico; se trata de una situación estructural que se está agravando constantemente. Los datos muestran que la situación ha empeorado: el descenso anual fue del 2.6% en los once primeros meses del año. Solo en diciembre, la caída fue la más pronunciada en más de un año. Esta crisis constante en el sector inmobiliario es la principal razón de la desaceleración en el cuarto trimestre. Esto, a su vez, afecta directamente al motor de inversión, que debería ser un pilar fundamental para el crecimiento económico.En este contexto, el anuncio reciente de políticas fiscales “proactivas” no parece ser un plan audaz, sino más bien una respuesta a las expectativas actuales. El mercado había esperado una estabilización, pero la realidad de una disminución del 6.4% en la inversión privada y una caída del 17.2% en los precios de la propiedad inmobiliaria obliga a reajustar las expectativas. Los responsables de la formulación de políticas ahora están tratando de restablecer la confianza en la economía, ya que el sector privado ya ha retirado sus inversiones.
En resumen, el “cratera de inversiones” revela una pérdida fundamental de confianza en la economía nacional. Cuando las empresas y desarrolladores privados dejan de invertir, eso es una clara señal de que el futuro no parece prometedor. Por ahora, el crecimiento económico se debe a las exportaciones, pero ese motor externo está enfrentando barreras comerciales cada vez más altas. La base económica nacional, como se puede ver en este “cratera”, se está desmoronando.
El frágil modelo de crecimiento que acaba de alcanzar su objetivo ahora se enfrenta a una prueba crucial. La perspectiva futura implica un reajuste de las expectativas. El Banco Mundial ya ha señalado una desaceleración en el crecimiento económico.
Se estima que esta cifra podría disminuir hasta el 4.9% en el año 2025. Esta revisión a la baja del consenso prepara el terreno para un año en el que el mercado analizará cada dato con atención, en busca de señales de si el motor de las exportaciones puede seguir compensando a una economía nacional que sigue teniendo problemas debido a la debilidad de la inversión y el consumo.El riesgo principal es evidente: la capacidad de exportación puede no ser sostenible. Aunque Pekín logró desviar los envíos lejos de los Estados Unidos, esto no es suficiente para garantizar la sostenibilidad de las exportaciones.
La UE amenaza con imponer nuevas tarifas, y México ya ha aumentado los aranceles. Si otras economías también adoptan esta política, el entorno externo se volverá más difícil, lo que afectará directamente al pilar principal de crecimiento económico. Esto representa una vulnerabilidad directa para las perspectivas de 2026, ya que el modelo depende en gran medida de las exportaciones.Los puntos de vigilancia para el próximo año se centrarán en la eficacia de las políticas implementadas. El mercado necesitará ver si los nuevos medios de alivio del crédito y la continuación de los programas de estímulo al consumo, como los subsidios para la recompra de bienes, logran estabilizar finalmente el motor de la demanda interna. Como señala el economista Chi Lo, la estabilización del mercado inmobiliario es clave para restablecer la confianza del público. Cualquier cambio en la política fiscal destinado a estimular directamente el consumo o la inversión será un importante catalizador. Por ahora, la situación parece ser una realidad complicada: la economía creció, pero lo hizo basándose en gran medida en la demanda externa, mientras que sus cimientos internos siguen siendo débiles. La brecha de expectativas para el año 2026 dependerá de si ese apoyo externo puede mantenerse o no.
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