El eje demográfico de China: El fin de los dividendos y el auge del “arrastre estructural”

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porAInvest News Editorial Team
domingo, 18 de enero de 2026, 9:57 pm ET5 min de lectura

China ha dado definitivamente un giro decisivo en su desarrollo. El nivel récord de bajas tasas de natalidad y la disminución de la población en el año 2025 marcan el fin de una era. Este cambio significa que el modelo de crecimiento del país pasará de uno basado en los beneficios demográficos a uno marcado por factores estructurales negativos. Los datos son evidentes: en el año 2025, la tasa bruta de natalidad cayó a…

Ese fue el nivel más bajo desde que se iniciaron los registros. Como resultado, solo nacieron 7.92 millones de bebés. Este número está muy lejos de los 11.31 millones de muertes, lo que significa que la población disminuyó en 3.39 millones, hasta llegar a los 1.4 mil millones de personas. La tasa de fertilidad, en realidad…Se mantiene muy por debajo del nivel de reemplazo necesario para mantener una población estable.

Este cambio demográfico no es un fenómeno cíclico, sino una recalibración permanente. Se trata de una tendencia que continúa desde el fin de la política del hijo único. A pesar de los esfuerzos de Pekín por revertir esta tendencia, las políticas destinadas a aumentar la tasa de natalidad hasta ahora no han logrado mejorar la población. El contexto económico resalta la gravedad de este cambio. Si bien el crecimiento anual cumplió con el objetivo oficial del 5%, el impulso económico ha disminuido claramente. La economía se expandió…

Es el aumento trimestral más lento desde finales de 2022. Este ralentización se debe a la disminución de la demanda interna, y coincide precisamente con la contracción demográfica.

La conexión entre las variables económicas es estructural. La reducción y el envejecimiento de la fuerza laboral limitan directamente la oferta laboral y la base de consumo interno, lo que ha contribuido al rápido crecimiento de China. El “dividendo demográfico”, que servía como motor para el crecimiento debido a la gran cantidad de población joven, ahora se ha invertido. Lo que queda es una presión constante sobre la producción potencial, además de las presiones existentes causadas por la crisis inmobiliaria y la debilidad de la confianza del consumidor. Esta es la nueva normalidad: un modelo de crecimiento que ahora debe basarse en los aumentos de la productividad y las exportaciones, para compensar el viento contrario demográfico, que seguramente seguirá presente durante décadas.

El modelo económico bajo presión: consumo, trabajo y exportaciones

El cambio demográfico ya no es un riesgo teórico; de hecho, está socavando activamente los tres pilares del modelo de crecimiento de China. Los resultados recientes de la economía revelan una vulnerabilidad estructural que los estímulos cíclicos no pueden solucionar fácilmente. En diciembre, las ventas minoristas aumentaron muy poco.

Faltan previsiones claras sobre las tendencias futuras, y la actividad económica está disminuyendo en comparación con el mes anterior. Esta base de consumidores débil, que se reduce a medida que la población disminuye, plantea un desafío directo para los esfuerzos del gobierno por orientar la economía hacia la demanda interna. Con menos hogares y una mayor proporción de personas jubiladas, la posibilidad de una expansión económica basada en el consumo se ve limitada.

Al mismo tiempo, el mercado laboral comienza a mostrar los primeros signos de una reducción en la oferta de trabajadores. Aunque la tasa oficial de desempleo se mantuvo estable en el 5.1%, la situación general indica que la fuerza laboral está disminuyendo y envejeciendo.

Y un bajo nivel de fertilidad significa que el número de trabajadores disponibles disminuirá en los próximos años. Este factor demográfico acabará traduciéndose en una presión económica real, ya que las empresas enfrentarán una mayor competencia por un conjunto de talento cada vez menor y costos salariales más altos. Por ahora, el mercado laboral sigue estable, pero la trayectoria a largo plazo es clara: habrá un aumento estructural en los costos laborales corporativos.

Esto supone un difícil compromiso para la economía. Con el consumo interno débil y la inversión en bienes raíces y activos fijos en declive, el modelo se ve cada vez más obligado a depender de las exportaciones para impulsar el crecimiento económico. Aunque las exportaciones han mantenido su rendimiento, gracias a la diversificación de los mercados, esta dependencia no es sostenible. El factor demográfico representa un obstáculo constante, a diferencia de los ciclos cíclicos relacionados con las fluctuaciones del comercio o los ciclos inmobiliarios. Esto impide que la producción potencial crezca, y esto no puede ser compensado por estímulos fiscales o monetarios temporales. El resultado es un modelo de crecimiento que ahora debe basarse en ganancias en la productividad y en la capacidad de las exportaciones para mantener el objetivo oficial. Esta tarea se vuelve cada vez más difícil con el paso de los años.

En resumen, la disminución demográfica representa un obstáculo estructural que ya se refleja en los datos económicos. Esto debilita el componente del consumo, amenaza con presionar al sector laboral y obliga a depender demasiado de las exportaciones. Esta combinación dificulta cada vez más el logro de un crecimiento anual del 5%, ya que el motor fundamental de la economía: el tamaño y la vitalidad de su población, comienza a disminuir.

La Respuesta Estratégica: Los Limites de la Política y la Imperativa de la Automatización

La respuesta del gobierno a la crisis demográfica ya es clara, pero su alcance revela los límites de las políticas tradicionales. Lo más importante es una nueva forma de subsidio audaz.

Para niños menores de tres años, esta medida es retroactiva a partir de enero de 2025. Se trata del movimiento más integral en favor de la natalidad desde que Beijing implementó esta política. Es un paso estratégico hacia una estrategia más uniforme y coordinada en todo el país. Simbólicamente, esto indica un compromiso serio por parte de Beijing para construir una sociedad favorable a la fertilidad. Sin embargo, los analistas cuestionan la suficiencia de esta medida. Aunque la cantidad de recursos asignados es positiva, se considera que es muy poco en comparación con los altos costos relacionados con el cuidado de los hijos, así como con la carga que esto impone sobre las mujeres, quienes a menudo son las principales responsables de las tareas relacionadas con el cuidado de los hijos. El impacto de esta política en los planes de planificación familiar sigue siendo incierto.

El modesto aumento en el número de nacimientos en 2024 es un ejemplo claro de esto. Ese año se registró un incremento en el número de nacimientos.

Pero los expertos atribuyen esto a una recuperación temporal después de la pandemia y al significado cultural del año zodiacal del Dragón. No se trata de un cambio estructural en las condiciones económicas. La población siguió disminuyendo en dos millones de personas, lo que representa el declive más pronunciado desde 1961. Esto sugiere que incluso una subvención nacional podría tener dificultades para superar las presiones económicas y sociales profundas que han llevado a una disminución en la fertilidad durante décadas. El efecto principal de esta política podría ser el de aliviar las consecuencias negativas para las familias de ingresos medios, pero no se trata de una solución demográfica definitiva.

Frente a esta realidad, la respuesta estratégica principal es un giro forzado hacia la automatización y el aumento de la productividad. Dado que la oferta de mano de obra va a disminuir, la economía debe encontrar formas de producir más con menos trabajadores. No se trata de una idea nueva, pero las condiciones demográficas hacen que sea imperativo hacerlo. Este cambio tendrá consecuencias a largo plazo para la estructura industrial de China, lo que acelerará la inversión en robótica, inteligencia artificial y fabricación avanzada. Representa una adaptación fundamental: pasar de un modelo basado en mano de obra abundante y de bajo costo, a uno que depende de tecnologías que requieren más capital. Por ahora, los instrumentos políticos son solo soluciones temporales. La apuesta estratégica real consiste en utilizar máquinas para compensar la falta de mano de obra humana.

Implicaciones globales y el camino a seguir

El cambio demográfico no es simplemente una cuestión nacional; se trata de una recalibración fundamental del papel global de China y de su trayectoria económica a largo plazo. El exceso comercial registrado…

Ese es el signo más claro de este cambio. Demuestra que el modelo de exportación de China sigue siendo sólido, actuando como un poderoso respaldo cíclico frente a la creciente debilidad estructural del país en el ámbito interno. Este superávit, impulsado por la diversificación de las exportaciones y por la demanda global resiliente de sus productos manufacturados, ha sido el principal motor del objetivo anual de crecimiento del 5%. Sin embargo, se trata de un respaldo, no de una solución definitiva. Aunque compensa los efectos negativos causados por la disminución de la base de consumidores y por la contracción de la oferta laboral, no aborda la causa razonable de estos problemas. La economía mundial ahora depende de una China que logra salir de su crisis demográfica a través de las exportaciones.

El riesgo principal es que las políticas actuales siguen siendo insuficientes para contrarrestar el declive demográfico y, en consecuencia, permiten que estas presiones se intensifiquen aún más. El nuevo subsidio nacional para la crianza de hijos es un paso importante, pero se trata de una iniciativa financiera dirigida hacia ciertos grupos, no de una transformación social completa. Los analistas cuestionan su capacidad para superar los altos costos relacionados con la crianza de hijos, así como las presiones sociales y económicas que han llevado al descenso del índice de fertilidad.

Bueno, está claro que la situación no va a mejorar. Si esta tendencia continúa, el déficit de mano de obra se intensificará, lo que llevará a un aumento en los salarios y en los costos corporativos. Además, la base de consumo se debilitará aún más. Esto crearía un ciclo vicioso, obligando a depender aún más de las exportaciones. Potencialmente, esto podría provocar una desaceleración económica más grave y prolongada, que superaría el 4.5% de crecimiento registrado en el último trimestre.

Un factor importante que podría contribuir a validar una dirección diferente sería un aumento sostenido en la tasa de fertilidad, por encima de los 1.8. Un cambio así indicaría un cambio fundamental en las actitudes sociales y en la eficacia de las políticas aplicadas. Esto sugeriría que la combinación de apoyo financiero, reformas en el lugar de trabajo y cambios culturales está comenzando a surtir efecto. Pero las pruebas indican lo contrario: el modesto aumento en el número de nacimientos en 2024 se atribuyó a factores temporales. Los datos de 2025 muestran una tasa de nacimientos récord baja, además de un declive en la población. La tendencia sigue siendo negativa.

Por lo tanto, lo importante es determinar si China puede manejar con éxito esta transición hacia la automatización y su nuevo enfoque en la “seguridad de la población”, sin que esto impida su crecimiento económico. El cambio hacia tecnologías que requieren una gran inversión es la adaptación más lógica para enfrentar la reducción de la fuerza laboral. Sin embargo, esta transición conlleva riesgos: requiere inversiones masivas y sostenidas; puede exacerbar las desigualdades y podría ralentizar los avances en la productividad si no se gestiona adecuadamente. El camino a seguir es superar este obstáculo. La importancia global de China, que antes se basaba en su enorme población, ahora está en juego debido a su contracción demográfica. Su capacidad para mantener su trayectoria de crecimiento y su papel como motor económico mundial dependerá del éxito en convertir las máquinas en un sustituto del capital humano que está perdiendo.

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Julian West
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