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El motor económico de China está experimentando una transformación estructural fundamental. El factor clave que impulsaba su crecimiento después de las reformas era una fuerza laboral amplia y joven. Pero ahora esa fuerza laboral está disminuyendo. Por cuarto año consecutivo, la población del país ha disminuido.1,404 mil millonesEn el año 2025, este descenso se está acelerando. El número total de nacimientos ha caído a un nivel récord: 7.92 millones de personas nacieron ese año. La magnitud de esta tendencia demográfica es evidente: más personas murieron que nacieron, y esa diferencia se amplió en comparación con el año anterior.
La tasa de fertilidad, un indicador crítico de las tendencias demográficas futuras, también revela una situación similar. Disminuyó.1.71 en el año 2025Se trata de un ligero aumento en comparación con el año anterior, pero sigue estando muy por debajo del nivel previo.Nivel de reemplazo: 2.1Esto significa que, en promedio, cada generación no está reemplazando a la anterior. El cambio en la política, de permitir el nacimiento de un solo hijo a uno de dos hijos, no ha logrado revertir esta tendencia. Los expertos señalan que la mayoría de las familias consideran los costos y la presión relacionados con el cuidado de un hijo como el principal motivo para no tener más hijos. Además, esta carga se ve agravada por la incertidumbre económica.
Este declive se produce al mismo tiempo que un envejecimiento rápido de la población. Las consecuencias son profundas y de largo plazo. En dos décadas, se proyecta que el grupo de personas en edad de jubilarse en China superará a toda la población de los Estados Unidos. Para el año 2040, se estima que…402 millones de personas, lo que representa el 28 por ciento de la población de China, tendrán más de sesenta años.Este cambio demográfico altera fundamentalmente el modelo económico del país. Pone fin a la era de la mano de obra barata y abundante, y plantea un desafío financiero enorme para un sistema de seguridad social insuficiente. Las restricciones políticas son claras: Pekín debe buscar formas de aumentar la productividad y desarrollar la autosuficiencia tecnológica, mientras se enfrenta al problema de la disminución de la base imponible y al aumento de las obligaciones relacionadas con las pensiones. No se trata de una crisis cíclica, sino de una tendencia a largo plazo que redefine la trayectoria de crecimiento del país.
La respuesta del gobierno a esta crisis demográfica ha sido una campaña de diez años de incentivos y reducción de las restricciones. Después de abolir la política de un hijo por familia en 2016, Pekín introdujo una serie de medidas, desde subsidios en efectivo hasta períodos extendidos de licencia parental. Incluso se propusieron medidas para tributar a quienes vendieran condones. Sin embargo, los resultados han sido decepcionantes. A pesar de estos esfuerzos, la población sigue disminuyendo desde hace cuatro años consecutivos. El número de nacimientos ha alcanzado un nivel récord de…7.92 millones en el año 2025El ligero aumento en el año 2024 no representó un cambio positivo, sino más bien un dato atípico. Los últimos datos indican que la tendencia a la baja se está acelerando.
Esta impotencia se debe a una desconexión fundamental entre las diferentes fuerzas que influyen en la fertilidad de las personas. Los factores que causan la disminución de la fertilidad hoy en día no se deben tanto a los límites impuestos por el estado, sino más bien a las profundas presiones sociales y económicas. Los expertos señalan que…Los costos y la presión que implica criar a un hijo en una sociedad altamente competitivaUno de los problemas más graves es la incertidumbre económica, que agrava aún más esta situación. Lo importante es que esta tendencia está siendo impulsada por el colapso de uno de los pilares fundamentales de la sociedad: el matrimonio. En China, el número de matrimonios disminuyó en una quinta parte en 2024, lo que representa la mayor caída registrada hasta ahora. Con menos personas que optan por casarse, la fuente de nacimientos futuros se está agotando.
La última modificación en la política relativa al matrimonio es una reducción temporal en mayo de 2025, con el fin de permitir que las parejas se casen en cualquier lugar del país. Esto podría generar un pequeño aumento a corto plazo en el número de matrimonios y, por ende, en el número de nacimientos. Pero se trata de una solución superficial para un problema estructural profundo. No hace nada para abordar los problemas fundamentales relacionados con la asequibilidad, el equilibrio entre la vida laboral y personal, o la tendencia social hacia la disminución de la formación familiar en la primera etapa de la vida. En esencia, el gobierno está aplicando una solución rápida para un problema que no puede ser resuelto de manera permanente.
En resumen, estas medidas son insuficientes para enfrentar las poderosas corrientes que están transformando la sociedad china. No logran cambiar los factores económicos que afectan a las familias jóvenes, ni revertir la tendencia cultural hacia el retraso en el matrimonio. Sin un cambio fundamental en el panorama social y económico, que haga que el tener hijos sea algo más viable y deseable, el arsenal de políticas implementadas por Pekín seguirá fallando en su objetivo. La dinámica demográfica se ha convertido en un ciclo autoperpetuante, y los instrumentos disponibles son simplemente insuficientes para modificar esta situación.
El cambio demográfico ya no es una previsión lejana; está modificando activamente el panorama económico y financiero de China. La presión más inmediata se cierne sobre el mercado laboral. A medida que la población en edad de trabajar disminuye, la ventaja comparativa de China, que radicaba en la mano de obra barata y abundante, también desaparece. Esto obliga a acelerar de forma dolorosa los avances en la productividad, algo que el gobierno espera que pueda compensar esta disminución en la fuerza laboral. El esfuerzo del presidente Xi Jinping por lograr la autosuficiencia tecnológica y la automatización es una respuesta directa a este problema. Pero incluso las innovaciones exitosas tendrán dificultades para compensar completamente la reducción de la fuerza laboral. La tensión ya se nota en la economía, que depende de las exportaciones para mantener su crecimiento. Esta situación la hace vulnerable a las tensiones comerciales mundiales.
Esta situación de escasez de mano de obra se ve agravada por una grave dificultad fiscal. El gobierno enfrenta una doble presión: la necesidad de financiar a una población anciana cada vez mayor, mientras que su base imponible disminuye. Para el año 2040, se estima que…402 millones de personas, lo que representa el 28 por ciento de la población de China, tendrán más de sesenta años.Este cambio demográfico significa que la relación entre trabajadores y personas jubiladas se está deteriorando, lo cual amenaza directamente la sostenibilidad del sistema de seguridad social, que carece de fondos suficientes. Un informe de 2019 advirtió que el Fondo Nacional de Seguridad Social podría agotarse para el año 2035. La situación fiscal es inevitable: menos contribuyentes aportando recursos para más beneficiarios crea un déficit estructural, algo que los incentivos políticos no han logrado resolver.
Juntas, estas fuerzas contribuyen a una debilidad constante en el consumo interno. Con menos familias jóvenes y una población cada vez más orientada hacia el ahorro para la jubilación, el motor del gasto familiar se está desacelerando. Esto obliga a la economía a depender cada vez más de la demanda externa.1.2 billones de dólares en superávit comercialEl año pasado, aunque este aumento en las exportaciones contribuyó a que el crecimiento del PIB anual alcanzara el 5 %, esto ocultó una vulnerabilidad más profunda. El crecimiento en el cuarto trimestre se desaceleró al 4.5 %, lo que representa el ritmo más bajo en más de tres años. Esto destaca cómo la demanda externa no puede compensar completamente a una economía doméstica con una base de consumidores cada vez más reducida y envejeciente.
En resumen, se trata de una serie de factores negativos que interactúan entre sí. Una población laboral cada vez más reducida amenaza con limitar los avances en la productividad y la competitividad en el ámbito de las exportaciones. Los gastos relacionados con las pensiones son enormes y agobian a las finanzas gubernamentales, especialmente en un momento en que la base imponible está disminuyendo. Además, el débil consumo obliga a la economía a adoptar un modelo basado más en las exportaciones. Estos no son solo riesgos aislados, sino presiones estructurales que determinarán la trayectoria económica de China durante décadas.
El próximo decenio estará determinado por un puñado de factores críticos que determinarán si el fenómeno demográfico negativo en China se convierte en una situación manejable o en una grave limitación económica. El catalizador principal será la eficacia de las políticas futuras. El gobierno ya ha implementado una serie de incentivos, como subsidios en efectivo, licencias parentales prolongadas y medidas para facilitar los matrimonios temporales. Pero estos esfuerzos no han logrado revertir la tendencia. La próxima fase requerirá medidas más contundentes y dirigidas directamente hacia los principales obstáculos: los altos costos de la crianza de hijos y la intensa presión de una cultura laboral competitiva. El éxito aquí no está garantizado, ya que los factores son de carácter social y económico. Una importante cambio en las políticas podría proporcionar un pequeño impulso al crecimiento de la población, pero es poco probable que modifique fundamentalmente la trayectoria a largo plazo sin un cambio paralelo en las normas sociales.
Un riesgo importante es el sistema de seguridad social subfinanciado. La carga financiera que supone el envejecimiento de la población se intensificará. La sostenibilidad del sistema ya está en duda; un informe de 2019 advierte que el Fondo Nacional de Seguridad Social podría agotarse para el año 2035. Para el año 2040, se estima que…402 millones de personas, o el 28 por ciento de la población de China, tendrán más de sesenta años.Este cambio demográfico significa que la proporción entre los trabajadores y los jubilados se reducirá drásticamente, lo cual amenaza directamente la viabilidad del sistema. A medida que el número de personas que contribuyen al sistema disminuye, mientras que el número de personas que reciben beneficios aumenta, la presión fiscal sobre el estado también aumentará exponencialmente. No se trata de una amenaza lejana, sino de un déficit estructural que se intensificará en la próxima década. Esto podría obligar a realizar reformas dolorosas, como cambios en los pagos de pensiones o en las tasas impositivas.
Por último, los inversores y los responsables de la formulación de políticas deben estar atentos a cualquier cambio significativo en las tasas de fertilidad de las cohortes. La tasa total de fertilidad oficial, que ha disminuido…1 en el año 2023Esta cifra representa una estimación rápida, pero podría subestimar el potencial de estabilidad a largo plazo. La fertilidad de esta cohorte –es decir, el número real de hijos que las mujeres pueden tener a lo largo de su vida– probablemente sea mayor de lo que indica la tasa oficial. Sin embargo, sigue siendo suficientemente baja como para garantizar un descenso en la población. Un aumento continuo en este número, quizás debido a un avance importante en las políticas o a un cambio cultural, podría ser una fuente de estabilidad. Por el contrario, si este número se mantiene muy bajo, entonces la trayectoria demográfica descrita en este análisis se mantendrá constante.
En resumen, se trata de una serie de incertidumbres interconectadas. La gravedad de los vientos contrarios depende de si las políticas pueden aumentar efectivamente la participación laboral y la fecundidad. También dependerá de si el sistema de pensiones puede ser reformado antes de que colapse debido a sus propias limitaciones. Además, habrá que ver si los niveles de fecundidad de cada generación ofrecen alguna esperanza para el futuro. Estos son los puntos de inflexión que determinarán el panorama económico y financiero de China en la próxima generación.
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