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La economía de China logró su objetivo de crecimiento oficial para el año 2025. La economía se expandió en comparación con el año anterior.
Pero la victoria fue escasa y tuvo un costo alto. En el último trimestre, se vieron signos de deterioro en la situación. El crecimiento disminuyó.Ese ritmo de crecimiento representa el más lento en tres años, lo que indica una desaceleración significativa con respecto al índice del 4.8% registrado en el período anterior. La cifra general puede considerarse como un logro técnico, pero la composición de los datos revela una situación más preocupante, relacionada con el desequilibrio estructural.El crecimiento se debió casi exclusivamente a la demanda externa.
Se trata de un rendimiento sólido que compensa directamente la grave contracción en el mercado interno. La inversión en activos fijos, que siempre ha sido un motor clave de la expansión económica, disminuyó un 3.8% en términos anuales. Esta caída fue principalmente causada por el sector inmobiliario, donde las inversiones en este sector disminuyeron un 17.2% durante el año. La crisis en el mercado inmobiliario se ha prolongado durante tres años consecutivos, y los precios de las viviendas han caído por cuarto año consecutivo. En diciembre, los precios de las viviendas nuevas también disminuyeron.Mientras que los precios en 70 ciudades importantes disminuyeron.No hay necesidad de traducir este texto.
El consumo interno, otro pilar importante del modelo de crecimiento, también mostró signos de debilidad. Las ventas minoristas aumentaron un 3.7% durante el año, pero ese ritmo no fue suficiente para generar un impulso significativo en las ventas. En el cuarto trimestre, el crecimiento de las ventas minoristas disminuyó hasta un nivel mínimo.
Esto resalta la fragilidad de la confianza que los consumidores tienen en las empresas.En resumen, el objetivo de 2025 no se logró a través de un amplio despegue económico, sino a través de una estrategia centrada en las exportaciones. Sin embargo, esta situación oculta una crisis estructural interna cada vez más profunda. El colapso del sector inmobiliario y la debilidad de la demanda de los consumidores están creando una dependencia peligrosa de los mercados extranjeros. La desaceleración en el cuarto trimestre es la primera señal clara de que este equilibrio frágil está comenzando a romperse.
La exitosa estrategia de crecimiento de China para el año 2025 se basó en un sector de exportaciones muy resistente. Este sector logró un crecimiento significativo.
Esta actuación no fue simplemente un intento de recuperación, sino un cambio estratégico. La economía logró diversificar sus fuentes de ingresos, alejándose así del mercado que sufría más presiones. Mientras tanto, las exportaciones hacia los Estados Unidos disminuyeron significativamente.Los envíos a otras regiones se vieron más que compensados. El crecimiento se debió a la fuerte demanda en la región de ASEAN (13.4%) y en la Unión Europea (8.4%). También hubo un importante aumento en las exportaciones hacia la India, África y América Latina. Este cambio geográfico demuestra la capacidad de Pekín para superar los obstáculos comerciales. Este avance se debe, en parte, a las políticas arancelarias implementadas por el gobierno de Trump.Lo más importante es que el motor de exportaciones está cambiando su “combustible”. La composición de las exportaciones revela una clara mejora en la ventaja competitiva de China. Los bienes manufacturados de alto valor, especialmente en los sectores tecnológico y de automoción, han sido los principales factores que han impulsado la expansión de las exportaciones. Las exportaciones de semiconductores (26.8%) y automóviles (21.4%) fueron los sectores con mayores resultados. La industria automotriz ha consolidado su posición líder mundial, ya que ha exportado más de 5.79 millones de vehículos. Este cambio estructural, de bienes que requieren mucho trabajo hacia productos que requieren más capital y tecnología, indica un progreso en la subida de la cadena de valor global. Es un desarrollo crucial para el crecimiento a largo plazo, ya que permite construir industrias con márgenes más altos y menos vulnerables a las fluctuaciones del mercado internacional.
Sin embargo, esta fortaleza en las exportaciones conlleva riesgos significativos que ponen en peligro su sostenibilidad. La preocupación más inmediata es el hecho de que se trata de un registro sin precedentes.
Para el año 2025, esta cifra, que equivale al PIB de una economía global importante, es el resultado directo de exportaciones sólidas y importaciones moderadas. Tal desequilibrio es un punto de tensión a nivel mundial. Puede provocar aumento de las tensiones comerciales, medidas de represalia y acusaciones de sobrecapacidad y competencia injusta. El excedente también refleja una economía doméstica que aún no consume suficientemente los bienes del mundo, lo que destaca la brecha constante entre la fuerza externa y la debilidad interna.En resumen, el crecimiento impulsado por las exportaciones se ha convertido en la principal herramienta económica de China. Aunque la diversificación y la mejora del valor de los productos son aspectos positivos desde el punto de vista estructural, estos esfuerzos sirven para contrarrestar una profunda crisis interna. El excedente comercial registrado es una herramienta de doble filo: proporciona un respaldo contra las conmociones externas, pero al mismo tiempo aumenta los conflictos geopolíticos y destaca la fragilidad del modelo de crecimiento actual. Para el año 2026, la tarea consiste en manejar este motor sin fomentar los conflictos comerciales que intenta evitar.
El núcleo de la estrategia de crecimiento de China para el año 2025 es una contradicción evidente: se logra un objetivo importante gracias al sector exportador, pero la demanda interna disminuye. Los indicadores relacionados con el consumo son especialmente reveladores. Las ventas minoristas a lo largo del año aumentaron apenas…
Un ritmo moderado que no logró generar un aumento significativo en las ventas. El cuarto trimestre reveló la verdadera fragilidad de la situación: el crecimiento de las ventas disminuyó considerablemente.Es la lectura más baja en más de tres años. Esto no es un descenso temporal, sino una señal de una pérdida profunda en la confianza de los consumidores. Un aumento del 5% en el ingreso disponible real no ha llevado a un aumento en el gasto de los consumidores.Esta debilidad se ha reflejado en el entorno de precios, creando una situación de deflación peligrosa. El índice de precios al consumidor se mantuvo estable, en 0.0%, mientras que el índice de precios al productor cayó un 2.6%. La disminución del índice de precios al productor es especialmente preocupante, ya que indica que la presión de los costos no solo está ausente, sino que además está disminuyendo en toda la cadena de suministro industrial. Esto genera un ciclo vicioso: la baja demanda lleva a una caída en los precios, lo cual, a su vez, desanima a las empresas para invertir y gastar más, lo que a su vez reduce aún más la demanda. La tasa de utilización de la capacidad del sector industrial cayó al 74.9%, lo que indica claramente que la capacidad productiva no está siendo aprovechada al máximo, como consecuencia directa de esta falta de demanda.
En respuesta a esto, los responsables de la formulación de políticas están preparando un plan de estímulo específico. Los economistas anticipan que el Banco Popular de China tomará medidas en el primer trimestre.
El objetivo es inyectar liquidez y reducir los costos de endeudamiento. Se trata de estimular directamente el motor interno del economía, que no ha logrado funcionar adecuadamente. Sin embargo, esta respuesta política destaca la gravedad de la crisis subyacente. La necesidad de un alivio monetario agresivo para lograr un objetivo de crecimiento del 5% evidencia cuán débil se ha vuelto la base económica nacional. Se trata de un caso clásico de utilizar las herramientas del banco central para compensar un déficit estructural en la demanda. Esta estrategia puede proporcionar un impulso a corto plazo, pero no contribuye en absoluto a resolver las causas fundamentales: el colapso del sector inmobiliario y la necesidad de reconstruir la confianza de los consumidores.En resumen, el modelo económico de China se encuentra en una situación difícil. El sector de las exportaciones ha logrado superar los efectos negativos de un mercado interno débil. Pero su exceso de producción es síntoma del problema, no una solución. Las presiones deflacionarias y las medidas políticas adoptadas confirman que el objetivo establecido para 2025 se alcanzó con recursos externos, lo que significa que la vulnerabilidad interna sigue siendo grande. Para el año 2026, la tarea es encontrar formas de reequilibrar la economía, pero las herramientas políticas disponibles son limitadas para resolver los desequilibrios estructurales.
Las perspectivas para el año 2026 son de una desaceleración cuidadosa en la economía mundial. La Banco Mundial proyecta que el crecimiento económico disminuirá.
Mientras que una encuesta realizada por Reuters a economistas prevé un ritmo similar.Este consenso indica que se seguirá el modelo actual: la demanda externa sirve como base para el crecimiento económico, pero la debilidad interna hace que el límite superior del crecimiento sea más bajo. La pregunta clave no es si el crecimiento disminuirá, sino en qué medida y qué factores podrían cambiar esa trayectoria.El catalizador principal para una recuperación significativa es una mejora sostenida en la demanda interna, en particular, una estabilización del sector inmobiliario. El motor de las exportaciones, aunque diversificado y mejorado, no puede ser el único factor que impulse una recuperación sostenible. Una recuperación duradera requiere un cambio en el modelo de crecimiento, donde la confianza de los consumidores y la inversión privada vuelvan a ganar fuerza. Esto rompería el ciclo actual de bajas inversiones, lo cual a su vez disuade aún más las inversiones. Sin esta reactivación interna, la economía seguirá dependiendo de las circunstancias externas.
Los riesgos relacionados con esta situación son significativos y, en gran medida, de carácter externo. La persistente presión comercial de los Estados Unidos, incluyendo la amenaza de nuevas tarifas, representa un obstáculo directo para el sector de las exportaciones, que ha sido la columna vertebral del crecimiento económico en 2025. Una desaceleración brusca en la demanda de los mercados no estadounidenses podría obligar a Pekín a adoptar medidas más agresivas para estimular la economía, como señalan los analistas. Además, la situación delicada del sector inmobiliario, caracterizada por bajos niveles de inversión y precios en declive, sigue siendo una vulnerabilidad estructural que debilita la riqueza de las familias y el ánimo empresarial. Si no se logra adaptarse con éxito a un modelo basado en el consumo, la economía quedará expuesta al proteccionismo mundial.
En resumen, el año 2026 pondrá a prueba la capacidad de Pekín para mantener un equilibrio delicado. La respuesta política probablemente sea reactiva, con medidas tomadas para proteger el objetivo de crecimiento si las exportaciones se ven afectadas negativamente. Sin embargo, el verdadero desafío es estructural: se trata de lograr un reequilibrado que pueda revivir la demanda interna y estabilizar el mercado inmobiliario. La situación actual ofrece pocas oportunidades para errores, ya que el margen para una transición gradual hacia una situación más estable se ha reducido.
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