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La economía de China logró un crecimiento anual del 5%, lo cual cumplió con el objetivo establecido por el gobierno. Sin embargo, el último trimestre mostró una situación diferente. El PIB solo aumentó ligeramente.
Es el ritmo más lento que ha tenido en casi tres años. Se trata de una clarísima desaceleración en comparación con la tasa del 4,8% registrada en el tercer trimestre. Esta diferencia entre los resultados generales y los resultados trimestrales prepara el terreno para los problemas estructurales que se presentarán en el futuro.La debilidad se concentra en el hogar.
Faltan las previsiones precisas para el futuro, y se continúa con una tendencia a la baja en los indicadores económicos. Lo más preocupante es el descenso en las inversiones: las inversiones en activos fijos descendieron un 3.8% durante todo el año, lo cual representa una deterioración significativa en comparación con las expectativas. Este impacto negativo en la economía nacional es el resultado directo de una crisis prolongada en el sector inmobiliario y de una falta de confianza por parte de los hogares.En contraste, el sector industrial sigue siendo sorprendentemente robusto. La producción industrial aumentó un 5.2% en diciembre, superando las expectativas y demostrando su capacidad de resistencia. Esta clara división entre el consumo y la inversión, por un lado, y la fuerte actividad manufacturera, por otro, es característica de un modelo de crecimiento que depende cada vez más de la demanda externa. El excedente comercial récord del año pasado, de casi 1.2 billones de dólares, fue gracias a la diversificación de las exportaciones por parte de los países exportadores, alejándose de Estados Unidos. Este excedente comercial ha servido como un importante respaldo para el crecimiento económico. Se trata de una desaceleración estructural que se disfraza de resiliencia debido a las exportaciones; esto refleja ciclos anteriores en los que la fuerza externa compensaba las vulnerabilidades internas.
La dependencia de China en las exportaciones para lograr un crecimiento estable no es algo nuevo. Es una práctica que se ha venido utilizando desde hace tiempo.
Ofrece un paralelo moderno con la estrategia de exportación que se aplicó durante la crisis financiera mundial de 2008. En aquel momento, el sector manufacturero de China, al estar aislado de los efectos negativos del crédito en Occidente, se convirtió en la “fábrica” del mundo para una economía global en crisis. El enorme esfuerzo del gobierno…Ayudó a las empresas a mantener su producción y empleo. Además, un aumento en las exportaciones, que siempre fue un importante motor de crecimiento, sirvió como un respaldo crucial contra la caída de la demanda interna.
La similitud estructural es clara. En ambos casos, un poderoso sector de exportaciones, respaldado por el apoyo estatal y la demanda mundial, logró superar las presiones externas y compensar las debilidades internas del país. Sin embargo, el plan de estímulo de 2009 fue un instrumento poco eficaz, ya que se basó en préstamos bancarios masivos y gastos en infraestructura. Los efectos de este plan se desvanecieron en pocos años. El enfoque actual es más moderado. Los encargados de formular políticas han logrado mantener los niveles de estímulo en un rango moderado, confiando en la capacidad de los exportadores para diversificarse y encontrar nuevos clientes. Se trata de una respuesta más específica y orientada al mercado.
Sin embargo, la durabilidad de este modelo basado en las exportaciones está ahora sujeta a mayor presión. La “línea de salvación” de 2009 se extendió hasta convertirse en una recuperación global. El entorno actual es de fragmentación, con barreras comerciales cada vez más elevadas y un entorno mundial de fabricación más competitivo. Las propias tarifas que impulsaron la diversificación de los productos chinos, ahora generan costos más elevados para los bienes chinos. Lo más importante es que el modelo enfrenta una nueva vulnerabilidad: la persistente falta de demanda interna. En 2009, los esfuerzos se dirigían a fomentar el consumo y la inversión internos. Hoy en día, esos motores siguen siendo débiles.
Y además, hay una crisis económica que reduce la riqueza de las familias. Este desequilibrio entre una oferta abundante y una demanda débil es un problema estructural que ningún superávit en las exportaciones puede resolver de manera permanente.La analogía histórica sirve así para evaluar los límites de esta estrategia. De la misma manera que el paquete de medidas de estímulo del año 2009 constituyó una solución a corto plazo, la resiliencia de las exportaciones actuales ofrece algo de tiempo para recuperarse. Pero si no se realiza un esfuerzo adicional para reactivar la demanda interna, el modelo de exportaciones puede convertirse en una solución a largo plazo. El excedente récord es una prueba de la fortaleza de la industria manufacturera, pero también destaca la dependencia de la economía con respecto a las confirmaciones externas. Esta dependencia se vuelve cada vez más precaria a medida que el comercio mundial se vuelve menos predecible.
El camino hacia el año 2026 comienza con un objetivo elevado, marcado por la misma fuerza en materia de exportaciones que impulsó el año 2025. El récord…
Y el estímulo adicional para los exportadores creó una base sólida para el futuro. Esto significa que el primer trimestre podría ser un desafío, ya que el crecimiento debe mantenerse desde un punto de partida más alto. La resiliencia de la producción industrial en diciembre fue buena; la producción aumentó.Ofrece un punto de referencia a corto plazo, pero también destaca la continua dependencia de la economía con respecto a la industria manufacturera.Sin embargo, los desequilibrios estructurales básicos permanecen sin cambios, y constituyen la verdadera prueba para el próximo año. La prolongada crisis inmobiliaria no solo ha causado una contracción del 3.8% en la inversión en activos fijos durante todo el año, sino que también ha debilitado la riqueza y la confianza de las familias. Esta es la causa raíz del débil consumo, como se puede observar en…
Esto no se correspondía con las previsiones, y también había signos de que el apoyo proporcionado por los subsidios al consumidor estaba disminuyendo. La economía se encuentra en un ciclo en el que una oferta fuerte se enfrenta a una demanda débil. Esta dinámica ha llevado a que los presupuestos deflacionarios se hayan intensificado.¡No!Las expectativas del mercado se centran ahora en si los encargados de la formulación de políticas tomarán medidas para romper este ciclo. Los analistas consideran que es necesario un apoyo más específico, y las previsiones indican que podría haber una relajación monetaria en el primer trimestre. Goldman Sachs, por ejemplo, espera que se reduzcan los requisitos de reservas en 50 puntos básicos, y que la tasa de interés se reduzca en 10 puntos básicos a principios del año. Estos movimientos tienen como objetivo reducir los costos de endeudamiento y aumentar la liquidez. Pero son una respuesta a las mismas debilidades internas que han persistido durante años. La analogía histórica de la resiliencia basada en las exportaciones puede servir como un respaldo temporal, pero no resuelve la falta de demanda subyacente. Para el año 2026, el modelo se pondrá a prueba no solo por las presiones externas, sino también por su capacidad para apoyar una recuperación interna que ha faltado durante años.
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