Las bancos centrales indican que no habrá un descenso en la lucha contra la inflación causada por factores energéticos.

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porTianhao Xu
miércoles, 18 de marzo de 2026, 10:32 pm ET5 min de lectura

La respuesta del banco central al choque energético es de carácter unificado y pro-inflación. Esta semana, tanto la Reserva Federal como el Banco de Canadá mantuvieron las tasas de interés sin cambios. Sin embargo, sus declaraciones tenían un tono claramente pro-inflación. Están indicando que no aceptarán pasivamente los aumentos en los precios de la energía como un coste ocasional en la vida cotidiana. Como señaló el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, los efectos económicos de los altos precios del petróleo siguen siendo inciertos. Pero los bancos centrales están observando atentamente cualquier señal de que las presiones inflacionarias se vuelvan persistentes. El gobernador del Banco de Canadá, Tiff Macklem, fue aún más directo al decir que, si los precios de la energía continúan elevados, el banco “no permitirá que sus efectos se extiendan y se conviertan en una inflación persistente”.

Esto crea una situación difícil para algunos bancos centrales. El Banco de Canadá, por ejemplo, se enfrenta a un dilema directo. Su economía ya está debilitada debido a las disputas comerciales con los Estados Unidos. El gobernador del banco, Macklem, señaló que aumentar las tasas de interés para combatir la inflación podría debilitar aún más una economía ya vulnerable. Por otro lado, reducir las tasas de interés para fomentar el crecimiento podría llevar a que la inflación se acerque demasiado al objetivo establecido. Esta tensión destaca que la respuesta política no es algo simple o universal. Se trata de una estrategia calibrada, basada en datos concretos, donde el objetivo principal es evitar un aumento generalizado de la inflación.

La estructura para una respuesta global sincronizada ya está en pie. Las decisiones tomadas por la Fed y el BoC, que tienen un tono de firmeza pero también de paciencia, serán seguidas por las decisiones relacionadas con los tipos de interés del Banco de Japón, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra el jueves. Aunque no se espera que ninguno de ellos aumente los tipos de interés, la situación general se ha visto significativamente complicada debido al conflicto actual. Esto crea una situación en la que los principales bancos centrales están alineando sus políticas frente a una amenaza estructural común: un shock en los precios de la energía que podría afectar las expectativas de inflación. Los próximos días pondrán a prueba si esta posición unificada puede mantenerse, ya que cada banco debe enfrentarse a sus propias vulnerabilidades internas.

El paradigma del choque de suministros

La actual crisis energética no es un episodio típico de inflación. Se trata, en realidad, de un clásico shock negativo en el suministro de recursos, donde una interrupción repentina y violenta en los flujos mundiales de petróleo está provocando que los precios aumenten. La magnitud de este problema es realmente alarmante.El precio del crudo de Brent ha aumentado significativamente: desde aproximadamente 70 dólares por barril, justo antes de que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán, hasta los 111,45 dólares por barril.Esto representa un aumento de más del 50% en comparación con los niveles previos al conflicto. El impacto ya se nota en las gasolineras: los precios de la gasolina en Estados Unidos han alcanzado los 3.84 dólares por galón, el nivel más alto desde septiembre de 2023. Los precios del diésel también han superado los 5 dólares por galón, por primera vez desde 2022. El mecanismo es simple: si el petróleo crudo representa el 51% del costo de una galón de combustible, entonces un aumento en los precios del petróleo constituye una fuerza inflacionaria directa.

Este tipo de shocks plantea cuestiones fundamentales en relación con los marcos de política monetaria. A diferencia de la inflación causada por la demanda, que los bancos centrales pueden combatir mediante aumentos de las tasas de interés para reducir el gasto, el shock de oferta consiste en un aumento en el costo de producción, algo que es más difícil de manejar. Aumentar las tasas de interés para luchar contra la inflación en este escenario puede llevar a una profundización de la recesión, ya que ralentiza la actividad económica. Por otro lado, si no se toma ninguna medida, el shock se irá arraigando en el comportamiento de fijación de salarios y precios. Como señaló Thierry Wizman de Macquarie,“La guerra ha demostrado ser algo ‘inflacionario’, ya que está relacionada con shocks negativos en el suministro de bienes y servicios”..

El dilema del banco central es ahora muy grave: las herramientas que tienen a su disposición para gestionar la demanda son menos efectivas y más costosas cuando el problema se trata de una escasez física de energía.

La verdadera presión inflacionaria está siendo ocultada por las métricas que los bancos centrales suelen utilizar para medir la situación económica. En Canadá, por ejemplo…La inflación básica cayó al 1.96% en febrero.Esta medida, que excluye los alimentos y la energía, muestra una clara tendencia a la desinflación. Pero ese es precisamente el problema: esta medida excluye la fuente principal de presión en los precios. El conflicto no se limita a aumentar los costos de la energía; también amenaza la estabilidad de la infraestructura energética mundial.Irán ha amenazado con atacar las infraestructuras relacionadas con el petróleo y el gas en Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.Además, un ataque con misiles ya ha dañado una instalación de producción de gas en Qatar. Con aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo que pasan por el Estrecho de Ormoz al día, cualquier interrupción prolongada en la circulación del petróleo causaría un impacto significativo, convirtiéndose en un problema estructural, en lugar de simplemente una situación temporal. Para los bancos centrales, la tarea es distinguir entre un aumento temporal en los precios y una tendencia inflacionaria generalizada. Esta distinción se vuelve cada vez más difícil de hacer.

La reacción inmediata del mercado financiero confirma una importante reevaluación de los riesgos. Las tasas de rentabilidad de los bonos del gobierno han aumentado, y las expectativas de reducción de las tasas de interés se han reducido esta semana, ya que los operadores están procesando la amenaza de un shock energético prolongado. Este cambio indica que se está avanzando hacia una política a largo plazo, donde los bancos centrales serán menos propensos a relajar su política monetaria, dado que las presiones inflacionarias relacionadas con el petróleo siguen siendo elevadas. El mercado ahora anticipa una situación en la que la Fed y otros bancos importantes tendrán que mantener una política más ajustada durante más tiempo, para evitar que el shock se extienda.

El camino hacia la inflación ahora es la cuestión central. Una inflación sostenida…Precio del petróleo: 100 dólares por barrilSería un cambio revolucionario, ya que aumentaría significativamente la inflación general. Según los cálculos, este escenario podría llevar la inflación general a más del 3.5% para el segundo trimestre, y mantener ese nivel durante todo el año. Incluso si el precio del petróleo se mantuviera en los 75 dólares por barril, la inflación seguiría superando el 3%. El mecanismo es simple: los precios más altos del petróleo aumentan directamente los costos de transporte y producción, lo que a su vez influye negativamente en los precios al consumidor. Esto ejercería una presión considerable sobre un entorno inflacionario ya difícil, dificultando aún más que las bancos centrales logren sus objetivos de inflación del 2%.

Sin embargo, el riesgo principal es que este choque de costos pueda desencadenar una crisis económica más amplia. Si los precios elevados de la energía persisten durante demasiado tiempo, podrían afectar las expectativas de los consumidores y el comportamiento en relación a la fijación de los salarios. Esto crearía una “espiral de precios y salarios”, algo muy peligroso. Esta es la vulnerabilidad central de la política monetaria. En un entorno de shocks de oferta, aumentar las tasas de interés para luchar contra la inflación puede llevar a una recesión, ya que ralentiza la actividad económica. Por otro lado, si no se hace nada al respecto, el shock se puede perpetuar. Como señaló Thierry Wizman de Macquarie:“La guerra ha demostrado ser algo ‘inflacionario’, ya que está relacionada con shocks negativos en el suministro de bienes y servicios”.Los acontecimientos que se están desarrollando ahora podrían perjudicar a los banqueros centrales, obligándolos a emitir señales más agresivas y complicando así el proceso de reducción de las tasas de interés. Por ahora, el mercado está reevaluando el riesgo, pero la verdadera prueba será si ese shock se convierte en una tendencia inflacionaria persistente.

Implicaciones e incentivos relacionados con las inversiones

El camino a seguir ahora está determinado por dos factores clave: los datos relacionados con la inflación y los desarrollos geopolíticos. Para los inversores, el panorama es claro: hay que estar atentos a las primeras señales de que el impacto energético se vaya intensificando, en lugar de ser simplemente un aumento repentino.

La próxima prueba importante llegará en abril. La publicación de los informes sobre la inflación en Estados Unidos y Canadá nos revelará si el reciente aumento en los precios del petróleo está comenzando a afectar también los precios al consumidor en general. La decisión reciente del Banco de Canadá de mantener las tasas de interés estables, a pesar del tono “hawkish” de sus comunicados, se basó en la expectativa de que el impacto negativo causado por los precios del petróleo sería temporal. Si los datos de abril muestran que la inflación real, es decir, la que excluye alimentos y energía, comienza a aumentar…El nivel del 1.96% en Canadá.Esto indicaría que el impacto está aumentando. Esto obligaría a reevaluar el lenguaje “adecuado” utilizado por las bancos centrales. Además, esto podría cambiar rápidamente la narrativa, pasando de una actitud de paciencia a una respuesta activa.

El principal factor que contribuye a los aumentos de precios sigue siendo la situación geopolítica en el Estrecho de Ormuz. Esta región es un punto estratégico para el flujo diario de aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo. Mientras persistan las amenazas de ataques contra las infraestructuras energéticas en Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, el mercado seguirá reflejando una alta probabilidad de interrupción en el suministro de petróleo. Cualquier ataque real contra alguna instalación probablemente provocaría otro aumento violento en el precio del crudo Brent, lo cual pondría en peligro la tendencia a la disminución de los precios al consumidor. Este es el evento que más probablemente obligue a los bancos centrales a abandonar su postura de ignorar este tipo de situaciones y a responder de manera activa a ellas.

Mientras tanto, el mercado prevé un período más largo de precios del petróleo elevados. Lo importante es monitorear las declaraciones de los bancos centrales para detectar cualquier cambio en su lenguaje. La decisión del Banco de Canadá de mantener los tipos de interés sin cambios, al mismo tiempo que indica que no permitirá que los efectos de la energía sean persistentes, establece un precedente. Si otros bancos centrales comienzan a adoptar un tono más agresivo y proactivo en sus declaraciones, eso confirmaría que la era de políticas monetarias flexibles ha terminado. En resumen, las perspectivas de inversión dependen de una simple pregunta: ¿Se trata de un aumento ocasional en el costo de vida, o es el inicio de una tendencia inflacionaria más amplia? Las próximas semanas nos darán las respuestas.

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