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El panorama económico mundial en el año 2026 está marcado por una delicada situación para los bancos centrales. Aunque las presiones inflacionarias han disminuido desde su punto más alto en 2024, los riesgos estructurales y relacionados con las políticas monetarias persisten, lo que dificulta la implementación de medidas de relajación monetaria. Para los inversores, es crucial comprender estas dinámicas para poder gestionar adecuadamente las valoraciones de los activos, los flujos de divisas y la gestión de riesgos en una época en la que las políticas monetarias varían mucho entre países.
La persistencia de la inflación sigue siendo una característica distintiva de 2026, incluso en las economías que están en proceso de transición de una situación de alta inflación hacia una situación de menor inflación. Los limitaciones estructurales del lado de la oferta –como la escasez de mano de obra, los cuellos de botella en las cadenas de suministro y la lentitud en la disminución de los costos de vivienda– continúan manteniendo los precios altos en las economías avanzadas. En Estados Unidos, se proyecta que la inflación en los gastos de consumo personal se mantendrá en el 2.4% hasta finales de 2026.
está impulsada por la demanda arrugada y controles rígidos en el lado de la oferta. De la misma forma, la inflación de Argentina, aunque disminuyó del máximo 300% de 2024 a 13,7% en 2026,Y también existe el riesgo de que se reavive la inflación, si las reformas fiscales fracasan.Las presiones de demanda complican todavía más la narrativa de la desinflación. El fuerte gasto de los consumidores, impulsado por las condiciones financieras acogedoras y el persistente estímulo fiscal, ha mantenido el nivel de inflación alto en muchas regiones. En EE.UU., por ejemplo,
Se ha superado el ritmo de aumento de la productividad, lo que ha generado un ciclo de retroalimentación en el que los precios y los salarios aumentan constantemente. Mientras tanto, los cambios en las políticas comerciales, como el aumento de los aranceles, han generado incertidumbre.Aquellos que desean viajar de regreso a la isla en el futuro podrán hacerlo por vía aérea.
Las bancos centrales enfrentan una doble dificultad: gestionar la inflación, mientras se evita un relajamiento prematuro de las condiciones monetarias, lo cual podría desestabilizar los mercados financieros. Por ejemplo, se proyecta que la Reserva Federal reducirá los tipos de interés de 3.50–3.75% a 3% para finales de 2026.
Esto conlleva riesgos de volatilidad en los precios, especialmente si los participantes del mercado dudan de la independencia del banco central. De igual manera, el hecho de que la Banque Centrale de Europa haya detenido sus aumentos de tasas no es nada bueno.Es un equilibrio frágil, dada la exposición de la región a shocks en los precios de la energía y a mercados laborales débiles.Los mercados emergentes presentan riesgos adicionales. En la Argentina, las reformas estructurales y la credibilidad fiscal son fundamentales para el sostenimiento de los avances en la inflación.
Esto podría provocar la fuga de capitales y la devaluación de la moneda, lo que socavaría la confianza de los inversores. Mientras tanto, el rápido crecimiento de la India (con una proyección de un 7.3% en 2026) también podría tener efectos negativos.Creando rutas de política monetaria divergentes que amplifican la volatilidad tanto del mercado de divisas como de obligaciones.Para los inversores, el caso de mantener una política monetaria restrictiva en 2026 depende de tres factores clave:
Habían declarado que habían estado en la ciudad de Nueva York durante dos días.Volatilidad de las monedasLas políticas divergentes de los bancos centrales ampliarán las diferencias de rendimientos,
Mientras que la economía mundial se dirige hacia una disminución de la inflación, la persistencia de las presiones inflacionarias y los riesgos relacionados con las políticas monetarias resaltan la necesidad de precaución. Los bancos centrales deben dar prioridad al mantenimiento de su credibilidad y a las reformas estructurales, para evitar retornos a ciclos inflacionarios. Para los inversores, esto significa evitar una exposición excesiva a activos sensibles a los tipos de interés, y preferir la diversificación entre diferentes regiones y sectores. A medida que se acerca el año 2026, la línea que delimita entre una política de relajación y una política restrictiva no estará determinada únicamente por la inflación, sino también por la capacidad de los marcos políticos para enfrentar la incertidumbre.
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