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El mercado de criptomonedas está experimentando una transformación profunda. En los años 2023-2024, los flujos de capital se han desplazado cada vez más desde activos especulativos como Bitcoin y Ethereum hacia tokens relacionados con aplicaciones prácticas en el ámbito de la financiación descentralizada (DeFi), tokens no fungibles (NFTs) y soluciones blockchain para empresas. Este cambio refleja un mercado en plena maduración, donde los inversores institucionales priorizan los retornos ajustados al riesgo y las aplicaciones tangibles, en lugar de la especulación pura. A medida que el sector evoluciona, las estrategias de cartera se adaptan para equilibrar la volatilidad, las incertidumbres regulatorias y las oportunidades que ofrece la innovación basada en utilidades prácticas.
El capital institucional se ha convertido en una fuerza motriz detrás de este cambio.
Se destaca que la inversión en empresas criptográficas en los Estados Unidos aumentó en un 44% en 2025, en comparación con 2024. El capital se concentra en menos, pero mejor calidad de proyectos, los cuales demuestran una clara adecuación entre el producto y el mercado. Esta tendencia está en línea con la actitud general del mercado: los inversores ahora priorizan aquellos tokens que ofrecen valor en términos de infraestructura, como almacenamiento descentralizado, poder computacional o gobierno de los protocolos, en lugar de aquellos activos que no tengan ningún valor intrínseco.Por ejemplo, Render (RNDR), una token de utilidad que permite el procesamiento descentralizado en gráficos por procesador y el cálculo con algoritmos de inteligencia artificial.
Impulsados por la creciente demanda de sus servicios. Estos tokens funcionan como equivalentes digitales de los servicios tradicionales, generando una demanda constante gracias a su papel en los ecosistemas descentralizados. Sin embargo, su volatilidad sigue siendo un desafío, ya que su valor está estrechamente relacionado con las tasas de adopción y la claridad regulatoria.
Los inversores institucionales están reajustando sus carteras para mitigar los riesgos asociados a los activos especulativos.
Las estrategias actuales se centran en la evaluación de los riesgos relacionados con las partes involucradas en el negocio, la diversificación y la evaluación de la liquidez. Se están utilizando herramientas como la asignación de stablecoins y órdenes de pérdida para contrarrestar los cambios extremos en los precios.Como método para mantener las asignaciones estratégicas de activos, al mismo tiempo que se responde a los cambios en el mercado.El cambio es evidente en los patrones de asignación.
Las instituciones poseen aproximadamente el 7% de sus activos gestionados en activos digitales. Se espera que esta cifra aumente al 16% en los próximos tres años. Aunque Bitcoin y Ethereum siguen dominando debido a su liquidez y rendimientos, las asignaciones a tokens de utilidad están en aumento. Por ejemplo, las versiones tokenizadas de acciones e inversiones de renta fija representan ahora alrededor del 1% de los portafolios institucionales. Se espera que los tokens de utilidad sigan una trayectoria similar a la de la adopción de infraestructuras digitales.Los marcos regulatorios siguen siendo un factor crucial. En los Estados Unidos, el “Howey Test” de la SEC y la jurisdicción sobre materias primas de la CFTC son ejemplos de esto.
Por otro lado, la Regulación de Mercados de Criptoactivos de la UE (MiCA) proporciona directrices más claras, distinguiendo a los tokens de utilidad de los valores negociables y fomentando la innovación. Esta diferencia obliga a los inversores globales a enfrentarse a un entorno regulatorio complejo, lo que a menudo favorece a las jurisdicciones con reglas más claras.A medida que el mercado madura, la interacción entre la especulación y las propiedades de utilidad será la clave para definir las estrategias de inversión. Mientras que Bitcoin y Ethereum siguen siendo activos clave debido a su liquidez y capacidad de almacenamiento de valor, los tokens de utilidad son cada vez más considerados como activos de infraestructura. Su potencial a largo plazo depende de la integración en el mundo real, de las soluciones regulatorias y de la capacidad de generar fuentes de ingresos recurrentes.
Por ahora, este cambio subraya un tema más amplio: las criptomonedas están evolucionando de una clase de activos especulativos a una capa fundamental de la economía digital. Los inversores que logran equilibrar la gestión del riesgo con la exposición a la innovación basada en utilidades, podrían estar en la mejor posición para aprovechar esta transición.
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