La apuesta de BlackRock y Pimco en torno a la inflación: un cambio estructural en la construcción de los portafolios de inversión.
La tesis fundamental de la inversión ahora se ha convertido en una clara divergencia entre lo que ocurre en el mercado y lo que realmente sucede. Mientras que los precios del mercado siguen disminuyendo debido a la inflación, que se encuentra alrededor del objetivo del 2%, un grupo de gestores institucionales está creando estrategias específicas para contrarrestar esta amenaza más persistente. No se trata de una apuesta generalizada en el mercado; se trata de una reallocación de inversiones basada en una visión estructural que considera que las presiones de precios están subestimadas.
En el centro de esta visión se encuentra una perspectiva económica positiva, que podría desencadenar nuevamente la inflación. El catalizador para esto es la posibilidad de que Kevin Warsh sea nombrado como el próximo presidente de la Reserva Federal. Su reputación como defensor de las políticas antiinflacionistas crea una tensión con la demanda política de reducciones de tipos de interés. Esta dinámica podría obstaculizar el camino hacia una política monetaria más expansiva, algo que actualmente está presente en los mercados. Como señaló un estratega, si la voluntad del Gobierno de Estados Unidos de reducir los tipos de interés no se logra, la Fed seguirá manteniéndose al margen durante la primera mitad del año, lo que obligará a una reorientación posterior de las políticas monetarias. Este escenario constituye el motivo para una reasignación táctica de recursos.
La respuesta institucional no es uniforme, pero revela una comprensión sofisticada del riesgo. BlackRock está tomando una decisión a corto plazo, al construir…Posiciones cortas en bonos del gobierno de los Estados Unidos y letras de título.Se trata de una estrategia basada en el riesgo de que las tasas de interés más bajas no se hagan realidad, lo cual podría presionar los precios de los bonos con plazos de vencimiento largo. En cambio, Pimco opta por otro tipo de protección: favorece a los bonos del Tesoro que incluyen un ajuste por inflación en su rendimiento. Esta preferencia por los bonos protegidos contra la inflación refleja la creencia de que el verdadero riesgo no es solo el aumento de las tasas de rendimiento nominales, sino también el aumento sostenido en la tasa de inflación.
Esto representa un desafío directo para los precios actuales del mercado. La opinión general entre los analistas y el mercado en general es que la inflación está en aumento.Descenso gradual hacia el objetivo del 2 por ciento establecido por la Reserva Federal.Los mercados monetarios anticipan un número limitado de reducciones de tipos de interés para el año 2026. Los gestores institucionales creen que este optimismo es prematuro. Consideran que los efectos de las políticas arancelarias son tardíos, que el mercado laboral se vuelve más estricto debido a la política de inmigración, y que la postura fiscal es más laxa de lo que se cree. Estos factores podrían generar una presión alcista significativa. En su opinión, el riesgo de que la inflación supere los 4 por ciento para finales de 2026 está subestimado.
Las implicaciones estratégicas de esta decisión se refieren a la elección entre dos opciones posibles para la construcción del portafolio. El enfoque de BlackRock consiste en apostar en la credibilidad del Fed y en reducir el riesgo de que se produzcan errores en las políticas monetarias. Por su parte, Pimco apuesta por la durabilidad de la inflación en sí. Ambas posiciones se basan en la misma premisa: que el motor económico es lo suficientemente fuerte como para generar nuevos presupuestos de precios, y que el camino que sigue el mercado actual es demasiado optimista. Para los asignadores institucionales, esta diferencia no representa un problema; más bien, es una señal para reevaluar el factor de calidad y la prima de riesgo involucrada en las inversiones de renta fija.
Los motores: ¿Por qué la perspectiva institucional merece ser tomada en consideración?
La apuesta institucional no es una reacción a la inflación actual, sino más bien una respuesta a una serie de presiones estructurales que se están acumulando en el terreno subterráneo. La visión consensuada, que considera que el mercado bajará gradualmente hacia el objetivo del 2% establecido por la Fed, ignora estas fuerzas persistentes. Los principales factores que contribuyen a este proceso son: la demora en la transferencia de las tarifas arancelarias, una política fiscal más laxa de lo que parece, y un mercado laboral más estricto de lo que indican los datos.
En primer lugar, el efecto retrasado de los aranceles representa un gran retraso en la transmisión de los costos a los consumidores. Esto causará un aumento significativo en los precios de los consumidores durante la primera mitad de 2026. Aunque el impacto inicial fue moderado, ya que los importadores lograron absorber los costos, ese “respaldo” se ha agotado ahora.Las empresas han agotado los inventarios que habían acumulado antes de la implementación de las tarifas arancelarias.Y junto con eso, también se ve afectada su capacidad para retrasar los aumentos de precios. Este patrón es histórico: los efectos de las tarifas tienden a ser graduales, y los precios al consumidor solo aumentan cuando las empresas modifican sus precios, con un cierto retraso. Este retraso en la transmisión de los efectos de las tarifas ahora está teniendo efectos negativos; podría causar un aumento de 50 puntos básicos en la inflación a mediados del año. Desde el punto de vista institucional, se cree que este impacto será más duradero de lo que el mercado asume, ya que los precios más altos también se deben a las condiciones del año pasado.
En segundo lugar, dos fuerzas poderosas están ejerciendo una presión constante hacia el aumento de la inflación. La perspectiva del déficit fiscal es más expansiva de lo que se suele reconocer; existe la posibilidad de que este déficit supere el 7 por ciento del PIB este año. Esto incluye posibles nuevas inversiones en subsidios relacionados con el ACA, así como reducciones en los fondos asignados por el IRS, lo que probablemente disminuya las recaudaciones tributarias. Al mismo tiempo, el mercado laboral se está volviendo más estricto debido a cambios en la política de inmigración. Varias instituciones financieras estiman que el nivel de empleo ha disminuido significativamente, lo que significa que el mercado laboral está más restringido de lo que indica la tasa de desempleo oficial. Esto intensificará la escasez de mano de obra en los sectores que dependen de la inmigración, lo que obligará a un aumento de los salarios, lo cual a su vez contribuirá directamente al aumento de la inflación en los servicios.

Por último, la política actual de la Fed puede ser más relajada de lo que se piensa. El Comité…Se decidió mantener el rango objetivo para la tasa de los fondos federales en el rango de 3-1/2 a 3-3/4 porcentaje.En enero, pero esto es solo una cifra nominal. Las condiciones monetarias reales son más favorables. Los ratios de endeudamiento de los hogares están cerca de los niveles históricos más bajos. Los diferenciales de crédito son excepcionalmente bajos, y el patrimonio neto de los hogares supera los 180 billones de dólares. Esto indica una amplia capacidad de gasto. Además, la transmisión monetaria se ha debilitado; las grandes empresas tecnológicas financian sus inversiones a través de flujos de efectivo, y el crédito privado alcanza casi los 2 billones de dólares. En este contexto, la tasa de fondos del Fed, que está entre 3.5 y 3.75%, puede no ser suficiente para compensar completamente las presiones fiscales y del mercado laboral.
En resumen, la perspectiva institucional considera que la combinación de estos factores –el retraso en los cambios tarifarios, la expansión fiscal, la escasez de mano de obra y las condiciones financieras favorables– crea una situación en la que la inflación puede superar las expectativas. Se trata de un cambio estructural en el perfil de riesgos, lo que justifica la necesidad de implementar medidas de cobertura en los portafolios de inversión.
Implicaciones en el portafolio: Reconsiderar la asignación de activos
La tesis de la inflación institucional se traduce directamente en una reordenación fundamental de la construcción de carteras de inversiones. La decisión clave consiste en orientar las inversiones hacia las acciones y alejarse de los activos de rendimiento fijo tradicionales. Esto se debe a la expectativa de que los ingresos corporativos puedan superar el aumento de los precios. No se trata de una asignación pasiva, sino de un cambio basado en convicciones, que requiere una gestión dinámica.
La señal más clara es la preferencia por las acciones sobre los bonos. Como se mencionó anteriormente…Bridgewater Associates prefiere las acciones a los bonos.Se anticipa que el poder de fijación de precios por parte de las empresas y el crecimiento de sus ganancias serán suficientes para contrarrestar las presiones inflacionarias. Esta visión considera las acciones como un instrumento de protección estructural, una apuesta por la solidez del motor económico en general. Esto contrasta marcadamente con la narrativa más amplia del mercado, que ha fomentado…Un rally relativamente aburrido, con baja volatilidad.En los últimos trimestres, para los asignadores institucionales, esa complacencia representa una oportunidad. Ellos observan un equilibrio frágil, donde los precios elevados y las posiciones abrumadoras crean vulnerabilidades ante cualquier cambio en la trayectoria de la inflación.
Esta tendencia hacia la equidad requiere un cambio decisivo en las estrategias de cobertura de riesgos convencionales. Los precios del mercado indican que existe un aumento en el riesgo de inflación. La diferencia entre los rendimientos de los bonos del gobierno ordinarios y los bonos protegidos contra la inflación ha aumentado significativamente en enero, alcanzando niveles sin precedentes en meses. Esta tasa de inflación representa directamente las expectativas del mercado sobre el crecimiento de los precios en el futuro. El aumento pronunciado de esta tasa indica que los inversores están pagando un precio más alto por la protección contra la inflación. En este contexto, mantener bonos con plazo largo como medida de cobertura de riesgos se convierte en una carga, ya que sus precios son sensibles tanto al aumento de los rendimientos como a una tasa real más alta. La respuesta institucional es vender estos bonos, como lo demuestran las posiciones de BlackRock.
Por lo tanto, esta estrategia requiere una visión activa y decisiones dinámicas. El equilibrio actual del mercado se considera frágil y complaciente, y no como un nivel estable. Como señala una empresa, una posición desequilibrada y precios elevados crean un equilibrio del mercado que es frágil. Esto ofrece una oportunidad única para adoptar un enfoque macroeconómico que aproveche las diferencias entre los diferentes sectores. La estrategia institucional implica operar con bonos gubernamentales a plazo largo, favoreciendo aquellos valores que protegen contra la inflación cuando sea necesario. Además, se mantiene una postura selectiva y basada en la convicción en el manejo de las acciones. Se trata de una filosofía de construcción de carteras que se basa en la premisa de que el retorno ajustado al riesgo ya no se encuentra en la indexación pasiva, sino en la capacidad de navegar activamente los cambios estructurales en las expectativas de inflación.
Catalizadores y riesgos: El camino hacia la convicción o la corrección
La tesis institucional ahora enfrenta una prueba clara. Su validez depende de unos pocos factores clave y datos que podrían confirmar o descartar esa tendencia inflacionaria estructural. El principal factor es la política monetaria del Banco Federal, la cual está íntimamente relacionada con la elección de un nuevo presidente del banco. La complacencia actual del mercado implica que se espera un cambio hacia una política más relajada por parte de la Fed. Sin embargo, las opiniones institucionales sugieren que una postura más agresiva bajo el nuevo liderazgo podría acelerar los efectos negativos que ellos anticipan. Como señaló un estratega, si la Fed no puede reducir las tasas de interés, esto hará que el banco central permanezca completamente al margen durante la primera mitad del año, lo que obligará a una decisión más agresiva más adelante. Esta dinámica es el motor real de sus estrategias de cobertura.
Los principales riesgos relacionados con esta tesis son dos. En primer lugar, la visión podría ser errónea si las fuerzas que impulsan a la baja la inflación continúan dominando el mercado. La narrativa consensual se centra en la disminución constante de la inflación inmobiliaria y en los aumentos en la productividad como principales factores positivos. Si estas tendencias se mantienen, podrían superar los efectos negativos de las políticas arancelarias y de la expansión fiscal, en lo que los gestores institucionales confían. En segundo lugar, existe el riesgo de un evento “gravitacional” en el mercado. Como señala una análisis, cuando las valoraciones son altas y las primas de riesgo son bajas, los mercados pueden seguir funcionando bien. Pero los inversores deben tener en cuenta el potencial de que ocurra un evento gravitacional. Esto ocurre cuando las condiciones de riesgo se vuelven más tensas, lo que lleva a un reajuste brusco en los precios de los activos. Para las instituciones, una desaceleración económica repentina o un error en las políticas podrían provocar tal corrección, convirtiendo sus coberturas contra la inflación en pérdidas.
Para los inversores, el marco de referencia a futuro es claro. El indicador más importante es la tasa de inflación a diez años, que ya ha aumentado significativamente en enero, alcanzando sus niveles más altos en meses. Un aumento sostenido en esta medida confirmaría las expectativas de inflación creciente del mercado y respaldaría la teoría institucional. Igualmente importante es la inflación en los servicios básicos, excluyendo los servicios relacionados con vivienda. Esta tasa sigue siendo cercana al nivel actual.El 6% anualmente.Esta métrica constituye un indicador clave para evaluar las presiones de precios en la economía, independientemente de los costos volátiles relacionados con los alimentos y la energía, así como del impacto retardado de los efectos relacionados con la vivienda. Un aumento persistente en esta medida sería una señal importante de alerta para la Fed, y representaría un desafío directo a la narrativa generalizada sobre la disminución de los precios.
El camino a seguir es binario. Si la política de la Fed se ajusta al enfoque “hawkish”, y si los datos sobre la inflación confirman un aumento duradero en la tasa de equilibrio y en los servicios centrales, entonces las decisiones institucionales serán válidas. La construcción de carteras que incluye la adquisición de bonos a plazo largo, favoreciendo así los valores protegidos contra la inflación, y el mantenimiento de una proporción mayor de inversiones en acciones, se considerará una decisión acertada. Sin embargo, si la Fed adopta una postura más moderada, y si los datos sobre la inflación continúan mostrando una disminución gradual, entonces esa opción se considerará inválida. En ese caso, las medidas de cobertura institucional representarían una apuesta costosa por un escenario que nunca se haya materializado. Por ahora, es necesario monitorear de cerca estos factores y datos clave.


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