La vulnerabilidad del Bitcoin en el campo de la computación cuántica y el ascenso del oro como alternativa segura

Generado por agente de IACarina RivasRevisado porAInvest News Editorial Team
viernes, 16 de enero de 2026, 7:43 am ET2 min de lectura

La intersección entre la computación cuántica y la seguridad de los activos digitales se ha convertido en un punto clave para los inversores institucionales. Esto ha llevado a una reevaluación de las estrategias de portafolio a largo plazo. A medida que las tecnologías cuánticas avanzan, los fundamentos criptográficos que sustentan las criptomonedas como el Bitcoin enfrentan riesgos existenciales. Por otro lado, los activos tradicionales considerados “seguros”, como el oro, vuelven a ganar importancia. Este cambio refleja una recalibración más amplia de la gestión de riesgos frente a las amenazas tecnológicas emergentes. Instituciones como Jefferies lideran este proceso.

La amenaza cuántica para el Bitcoin: una crisis inminente

La seguridad del Bitcoin se basa en dos protocolos criptográficos: el Algoritmo de Firma Digital de Curvas Elípticas (ECDSA), utilizado para firmar transacciones, y el algoritmo SHA-256, utilizado para el hash de los datos. Sin embargo, la computación cuántica representa una amenaza directa para ambos protocolos. El algoritmo de Shor, que es un algoritmo cuántico, puede romper el ECDSA de forma teórica, factorizando números grandes de manera mucho más rápida que lo que pueden hacer las computadoras clásicas.

La vulnerabilidad crítica surge cuando las claves públicas se exponen durante las transacciones..

A pesar de estos riesgos, la fecha límite para un ataque cuántico sigue siendo incierta. La mayoría de los estudios de viabilidad sugieren que…

Sin embargo, el escenario de ataque “Just-In-Time” – donde los avances cuánticos superan a las mejoras en la tecnología criptográfica posterior a la era cuántica – genera una situación de urgencia.La transición del Bitcoin a protocolos seguros para la tecnología cuántica requeriría al menos 76 días de tiempo de inactividad acumulada, suponiendo que no haya actividad en la red. Esta dificultad logística destaca la fragilidad de depender de una sola ventana de transición.

Esta reasignación no es algo aislado.

El oro se distancia cada vez más del dólar estadounidense, aprovechando la resiliencia histórica del metal en tiempos de inestabilidad económica. La atracción del oro radica en su tangibilidad y en su capacidad para resistir las amenazas cuánticas. Por eso, el oro es un activo preferido en una época marcada por los riesgos asociados a los algoritmos.El oro sigue siendo una reserva de valor física y inalcanzable por parte de los hackers. Esto representa un contraste marcado con los activos digitales, que son vulnerables a vulnerabilidades en el nivel del código.

El computación cuántica como tanto amenaza como oportunidad

Aunque la computación cuántica pone en peligro la criptografía tradicional, también representa una oportunidad para un cambio positivo en este campo.

La empresa ha calificado a startups como D-Wave y IonQ como “Comprar”, confiando en su potencial para impulsar la adopción comercial de este tipo de tecnología. Esta dualidad del uso de la computación cuántica, tanto como un elemento disruptivo como un motor de crecimiento, ha llevado a una estrategia de inversión muy meticulosa.Se trata de invertir en infraestructuras y dispositivos hardware resistentes a los efectos del cuantum, mientras se aprovecha la vulnerabilidad de activos que son propensos a ser atacados por este fenómeno (por ejemplo, Bitcoin).

Sin embargo, la transición hacia la seguridad postcuántica es algo complejo. Los algoritmos resistentes a las propiedades cuánticas, como la criptografía basada en redes de celos, requieren un alto costo computacional y un proceso de consenso en la red. Para Bitcoin, esto significa un proceso de actualización prolongado y controvertido, sin garantías de adopción. En cambio, el oro no requiere ninguna adaptación tecnológica, lo que lo hace más seguro.

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Implicaciones más amplias para los inversores en cuanto al portafolio

El cambio hacia el oro indica una tendencia más amplia: los portafolios institucionales priorizan aquellos activos que tienen una capacidad de resistencia demostrada frente a los impactos sistémicos. La computación cuántica, los ataques cibernéticos impulsados por la IA y la fragmentación geopolítica se combinan para crear un entorno de riesgo en el que los activos digitales enfrentan vulnerabilidades inherente. Por ejemplo…

El lugar donde los adversarios almacenan datos encriptados, con el fin de poder desencriptarlos en el futuro, ya es un problema cada vez más importante. En cambio, Gold sigue siendo inmune a tales amenazas.

Los inversores que están reevaluando su exposición a los activos digitales deben tener en cuenta tres factores:
1.Horizonte temporalEl período de 10 a 15 años que permite el uso de tecnologías PQC por parte de Bitcoin podría coincidir con las necesidades de los poseedores a largo plazo. Pero…

¡No!
2.Diversificación:Las empresas de hardware cuántico, por ejemplo, pueden equilibrar sus carteras de inversiones en medio de las disrupciones tecnológicas.
3.Disponibilidad para cumplir con las regulacionesLos estándares post-quantum todavía están en desarrollo. La inercia regulatoria podría retrasar su adopción, prolongando así la vulnerabilidad de Bitcoin.

Conclusión: Prepararse para la era cuántica

La amenaza que representa la computación cuántica para el Bitcoin no es una catástrofe a corto plazo, sino algo inevitable a largo plazo. Instituciones como Jefferies ya se están adaptando, preferiendo la seguridad demostrada a lo largo del tiempo del oro, en lugar de la resiliencia especulativa de los activos digitales. Para los inversores, la lección es clara: los portafolios deben evolucionar para tener en cuenta tanto los riesgos como las oportunidades que plantean los avances cuánticos. Aunque el Bitcoin podría sobrevivir con actualizaciones oportunas, el auge del oro como alternativa segura frente a los efectos cuánticos resalta el valor duradero de los activos físicos en un mundo cada vez más algorítmico.

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Carina Rivas

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