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La tendencia de las empresas de cripto de tesorería, que cobró impulso después de 2020 de MicroStrategy
compra, se ha convertido en un mecanismo financiero complejo que parece beneficiar a los expertos a expensas de los inversores minoristas. Empresas como,yhan recaudado cientos de millones a través de colocaciones privadas o emisiones de deuda que acumulan criptomonedas como,y Bitcoin[1] No obstante, según el criptoanalista Ran Neuner, estas entidades no son compradores netos de criptografía, sino vehículos que permiten a los expertos intercambiar sus criptomonedas existentes por acciones de empresas cotizadas en bolsa cuyo valor ha subido[1].La estrategia consiste en un proceso en dos etapas: los inversores nativos en criptomonedas aportan sus participaciones a una empresa de tesorería a cambio de acciones con valor de liquidación (NAV). Una vez que la compañía anuncie su tesoro criptográfico, sus acciones a menudo se cotizan en 2-4 veces el NAV, lo cual permite a los inversores originales vender acciones a compradores minoristas y recuperar su valor criptográfico original al tiempo que mantienen la prima. Por ejemplo, la compra de Ethereum por $425 millones de SharpLink Gaming fue financiada por inversores que intercambiaron su ETH por acciones, cuyo valor aumentó inmediatamente en los mercados públicos.[1]. Neuner argumenta que esto permite de manera efectiva que los expertos en criptografía «vendan» sus activos con ganancias sin afectar de manera directa los precios de las criptomonedas ni desencadenar un escrutinio regulatorio.[1].
El patrón es consistente en los casos más recientes. Upexi recaudó $300 millones para comprar 1,9 millones de tokens de Solana y, por su parte, GameStop asignó $1500 millones de bonos convertibles en una tenencia de 4710 Bitcoin[1] Estas transacciones a menudo involucran fondos cripto-nativos como Arrington Capital y Pantera, que ya tienen posiciones criptográficas importantes y tienen pocos incentivos para comprar en mercados abiertos.[1]. El resultado es un sistema en el que los titulares institucionales de criptomonedas obtienen liquidez y ventajas fiscales al convertir sus activos en acciones que cotizan en bolsa, mientras que los inversores minoristas pagan entre 3 y 4 veces el valor criptográfico subyacente por la exposición[1].
Los críticos enfatizan los riesgos de esta estructura en apalancamiento. Neuner compara el fenómeno con las burbujas criptográficas previas, como el colapso de la ICO (Iniciación de Oferta de Moneda) en 2017 y las fallas algorítmicas de la moneda estable de 2021. Advierte que un apalancamiento excesivo sin una demanda genuina de criptoactivos podría conducir a una corrección del mercado en donde las empresas del Tesoro cotizan con descuentos sobre el valor neto de las acciones durante las recesiones, erosionando los rendimientos de los inversores minoristas.[1]. "Cuanto más pronto se desinflene esta burbuja, mejor", argumenta Neuner, señalando que la inflación prolongada de las primas amplificará las posibles consecuencias[1].
Aunque las empresas de criptomonedas generan volatilidad en el mercado de valores, su impacto en los precios reales de las criptomonedas continúa siendo mínimo. Neuner enfatiza que el descubrimiento de precios reales ocurre en los mercados al contado y a través de los Fondo de Índices de Tipos de Comercio (ETF), pero no mediante la ingeniería financiera de estas empresas.[1]. El fenómeno, concluye, refleja la demanda especulativa de exposición financiada con apalancamiento en vez de una adopción institucional auténtica, lo que deja a los inversores expuestos a las primas infladas y la psicología del mercado[1].
Fuente:[1][La bomba del Tesoro de las Criptomonedas: los informantes están cobrando miles de millones?][https://www.forbes.com/sites/boazsobrado/2025/07/24/the-crypto-treasury-pump-insiders-cashing-millions/
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