El plan de Beth Kindig para el año 2025: Identificar a los líderes del mercado de la IA gracias a la escasez de infraestructura.

Generado por agente de IAJulian WestRevisado porShunan Liu
viernes, 9 de enero de 2026, 4:04 am ET4 min de lectura

El mercado de 2025 dio una respuesta clara respecto a la tesis relacionada con las inversiones en IA. Aunque los primeros ciclos de desarrollo estuvieron marcados por el entusiasmo hacia las tecnologías digitales, la dirección decisiva del año fue hacia aspectos tangibles y físicos relacionados con dichas tecnologías. Como observó Beth Kindig, analista de I/O Fund, el mercado recompensó a aquellas empresas que abordaron los problemas relacionados con la infraestructura crítica: almacenamiento, memoria y energía. Este cambio marcó un proceso de maduración de la narrativa relacionada con las tecnologías de IA; los beneficios derivados de resolver problemas relacionados con la escasez de hardware se convirtieron en la nueva fuente de rendimientos significativos.

La escala de esta infraestructura física es impresionante. El gasto en la construcción de centros de datos, por sí solo, ya ha alcanzado un nivel considerable.

Supera con creces toda otra inversión en construcciones comerciales. No se trata de una burbuja especulativa; se trata de un cambio económico estructural. El principal catalizador de este proceso es el capital masivo y continuo necesario para construir la nueva infraestructura de IA, lo que genera un ciclo de inversión que dura varios años. Como señala Kindig, los que lograron los mejores resultados fueron aquellos que convirtieron la alta demanda en ventajas competitivas duraderas, que sirven como pilares fundamentales de la economía digital.

Esta rotación es evidente en los mejores ejemplos de cada año. SanDisk Corp. se llevó el premio con…

Impulsado por la demanda explosiva de almacenamiento de datos en formato AI. Bloom Energy Corp. aumentó en un 291.2%, al proporcionar las soluciones energéticas necesarias para alimentar estos centros de datos. Incluso líderes tradicionales en el sector de hardware, como Micron Technology y Western Digital, vieron cómo sus valoraciones se reevaluaban debido a la creciente demanda de memoria de alta banda ancha y unidades de disco duro de gran capacidad. El mensaje era claro: el verdadero motor del mercado de la inteligencia artificial es la escasez física de los recursos necesarios para su desarrollo.

En resumen, el año 2025 sirvió como una guía para identificar a los líderes del mercado que podrán mantenerse en ese rol durante mucho tiempo. Ya no basta con tener una idea relacionada con el desarrollo de software; los ganadores serán aquellos que logren asegurar las cadenas de suministro necesarias para los sistemas de energía, almacenamiento y memoria que son fundamentales para la revolución de la inteligencia artificial. El ciclo de inversión ha pasado de estar centrado en las promesas de los algoritmos, a convertirse en una necesidad de desarrollar infraestructuras adecuadas.

La tesis sobre la escasez de infraestructura para la IA: Almacenamiento, memoria y el cuello de botella en el proceso de computación.

La opinión del mercado respecto al año 2025 fue una confirmación directa de la tesis de la escasez física de los recursos. Aunque las narrativas relacionadas con el software recibieron atención inicial, las decisiones tomadas favorecieron a aquellas empresas que lograron resolver problemas tangibles en los ámbitos de almacenamiento, memoria y energía. Los retornos fueron extremadamente altos, lo que sirvió como una guía clara sobre hacia dónde fluía el capital.

Impulsados por la demanda explosiva de almacenamiento de datos basado en IA. De manera similar, Bloom Energy Corp. aumentó su valor en un 291.2%, gracias a la prestación de soluciones energéticas necesarias para alimentar estos centros de datos. Esto no fue una operación especulativa; se trató de una reevaluación de empresas que convirtieron la alta demanda en ventajas competitivas duraderas, los pilares fundamentales de la economía digital.

La próxima frontera en este ciclo de escasez es el poder. La escala de la infraestructura planificada para la inteligencia artificial está creando un cuello de botella energético crítico y retrasado. Las principales empresas de alojamiento de datos están pasando de los centros de datos individuales a estructuras más grandes. Mientras que los centros de datos más grandes en Estados Unidos consumen menos de 500 megavatios de energía,…

Se espera que los proyectos más ambiciosos requieran hasta 2,000 MW, es decir, 2 gigavatios de energía. Aún más impresionantes son los campus de tamaño medio de 50,000 acres, los cuales podrían consumir 5 GW de energía, cantidad suficiente para abastecer a cinco millones de hogares residenciales.

Esta naturaleza sistémica de la escasez de energía es el principal obstáculo. Los plazos de construcción de la red eléctrica son largos y están muy rezagados con respecto al ritmo de construcción de los centros de datos. Como resultado, existe un gran retraso en la conexión de las infraestructuras. Actualmente, hay una espera de siete años para que se concedan las solicitudes de conexión a la red eléctrica. Esto crea una situación de desajuste fundamental: los desarrolladores de infraestructura de IA intentan implementar sus proyectos rápidamente, pero la red eléctrica, que debería ser el motor principal de este proceso, no puede seguir ese ritmo. El estudio realizado por Deloitte con ejecutivos destaca este punto: el 72% de los encuestados considera que la capacidad de la red eléctrica es un factor muy difícil de manejar. La consecuencia es una nueva capa de riesgos y oportunidades; los ganadores serán aquellos que puedan superar este retraso en la infraestructura y asegurar la energía necesaria para la revolución de la inteligencia artificial.

Palantir como estudio de caso: Liderazgo en el área de software en una era dominada por hardware.

Palantir Technologies es un ejemplo típico de una empresa que logra aprovechar las oportunidades que ofrece este nuevo paradigma de infraestructura tecnológica. Aunque las empresas que destacaron en el año fueron aquellas relacionadas con hardware y energía, Palantir logró obtener resultados positivos.

Es el mejor rendimiento entre todos los activos de software. No se trató de una burbuja especulativa; fue un reajuste fundamental de la calificación del mercado. Los ganancias de la empresa se basaron en una mejora acelerada en la ejecución comercial, y no en el sentimiento del mercado. Su Plataforma de Inteligencia Artificial ha contribuido significativamente al aumento de los ingresos, con un crecimiento del 62.8% en el tercer trimestre, y además logró una excelente puntuación de “Rule of 40”, de 114 puntos.

La clave del éxito de Palantir radica en su vinculación inherente con la infraestructura de inteligencia artificial que ayuda a gestionar. Su plataforma ya no es simplemente una herramienta de análisis de datos; se ha convertido en una infraestructura esencial para optimizar el propio hardware en el que funciona. A medida que escala la construcción de centros de datos, la complejidad de la gestión de cargas de trabajo de IA, el consumo de energía y las cadenas de suministro alcanza un nuevo nivel. Palantir integra los modelos de IA directamente en las procesos operativos, proporcionando la inteligencia necesaria para que estos sistemas físicos funcionen de manera eficiente. Esto crea un poderoso ciclo de retroalimentación: cuanto más infraestructura de IA se construye, más importante se vuelve la optimización por parte de Palantir.

Esta dinámica es fundamental para el cambio de enfoque de la empresa en términos de beneficios. Como una plataforma puramente software, Palantir puede escalar sus márgenes de manera mucho más eficiente que cualquier empresa que desarrolle hardware físico. Su crecimiento está ahora vinculado de forma intrínseca a la infraestructura que ayuda a optimizar; esto le permite generar valor sin tener que soportar los enormes costos de construcción física. Sin embargo, su expansión está limitada, en última instancia, por el ritmo de la construcción física de dichas infraestructuras. La trayectoria futura de la empresa está indisolublemente ligada al ciclo plurianual de implementación de centros de datos y desarrollo de redes eléctricas. En esta nueva era, los sistemas software más duraderos no se construyen únicamente con código, sino con los sistemas esenciales que gestionan el mundo físico relacionado con la inteligencia artificial.

El plan para el año 2026: Identificando a los próximos líderes del mercado

La rotación para el año 2025 ha sentado un claro precedente. Los próximos líderes del mercado no se identificarán por su proximidad al algoritmo de IA, sino por su papel en la resolución de los problemas críticos relacionados con la energía, el almacenamiento especializado y las soluciones de software óptimas. El plan para el año 2026 consiste en buscar empresas que no solo construyan infraestructura, sino que también la hagan posible; empresas que garanticen el suministro de energía, memoria y sistemas inteligentes que permitan la implementación de las infraestructuras necesarias.

Los principales factores que impulsan este ciclo ya están en marcha. En primer lugar, la escalabilidad de las cargas de trabajo de IA se está acelerando, con la demanda de procesamiento de datos superando con creces las expectativas previas. Este crecimiento constante en la intensidad computacional genera una necesidad urgente de infraestructuras más eficientes y especializadas. En segundo lugar, hay un aumento en las políticas y presiones del sector para el desarrollo de infraestructuras más rápidas. La magnitud de los proyectos planificados –centros de datos que consumen hasta 2 gigavatios, y campus en etapas iniciales que apuntan a consumir 5 gigavatios– constituye un importante impulso positivo. No se trata de una tendencia especulativa; se trata de un cambio estructural económico. Según las analisis del mercado, los ingresos totales relacionados con la infraestructura de IA podrían superar los 250 mil millones de dólares este año.

Sin embargo, el riesgo más importante sigue siendo la cronología necesaria para resolver el problema del “bottleneck” en el suministro de energía. Las restricciones de la red podrían causar un efecto negativo sistémico en toda la infraestructura relacionada con la inteligencia artificial. El tiempo de espera actual de siete años para lograr la conexión entre las redes es un claro indicio de este retraso. Como señaló un analista, el mayor riesgo no es una “burbuja de inteligencia artificial”, sino que los inversores pierden la oportunidad al no reconocer la infraestructura de datos especializada necesaria para entrenar modelos de próxima generación. En este punto se crea el valor más duradero: no solo en el hardware, sino también en las capas de computación en la nube y las soluciones software que gestionan la complejidad de esta situación.

En resumen, el ciclo de inversión ha pasado de la promesa que ofrecían los algoritmos a la necesidad de contar con infraestructuras adecuadas. Los ganadores en 2026 serán aquellos que logren manejar esta situación de escasez, ya sea proporcionando la energía necesaria, memoria de alto rendimiento o software inteligente que optimice todo el sistema. La oportunidad no radica en la IA en sí, sino en los sistemas físicos y operativos que permiten que esta funcione correctamente.

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Julian West

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