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El Banco de Japón enfrenta un paradojo en el año 2025: está obligado a aumentar los tipos de interés para luchar contra la inflación, pero al mismo tiempo debe hacer frente al problema del debilitamiento del yen, que continúa ocurriendo a pesar de todos los esfuerzos realizados por el banco. En noviembre de 2025, la inflación alcanzó el 3%, el nivel más alto en décadas. Por lo tanto, el Banco de Japón debe encontrar una solución adecuada para manejar esta situación.
Se trata de un nivel récord en los últimos 30 años, lo que indica una cambio en la política de apoyo excesivo del banco central japonés. Sin embargo, la depreciación del yen continúa, debido a factores estructurales como la incertidumbre fiscal, las apuestas relacionadas con la reflation y el comercio de divisas a nivel mundial. Este artículo analiza la dilemática política del BOJ y sus consecuencias para los inversores que operan con activos relacionados con el yen, así como en el contexto del comercio de divisas.La caída del yen no se debe únicamente a los aumentos de las tasas de interés por parte del BOJ. Las políticas fiscales expansionistas del primer ministro Sanae Takaichi, incluyendo el paquete de estímulo económico de 17,7 billones de yenes anunciado en noviembre de 2025, también han contribuido a esta situación.
Estas expectativas han llevado los rendimientos de los bonos gubernamentales japoneses a niveles históricamente altos, con un rendimiento del bono a 10 años que supera los niveles de hace varias décadas.Además, la curva de rendimiento de los títulos a 2 años y 30 meses se ha vuelto más pronunciada, alcanzando su nivel más alto desde el año 2004. Estos acontecimientos han exacerbado la debilidad del yen, ya que las salidas de capital de Japón hacia activos mundiales con mayor rendimiento continúan ocurriendo.La devaluación del yen se ve agravada por el escepticismo del mercado respecto a la capacidad del Banco de Japón para normalizar los tipos de interés sin desencadenar una crisis fiscal. La relación de la deuda de Japón con su PIB ya supera el 230%, lo que deja poco margen para aumentar los tipos de interés de manera agresiva. Esto crea una situación difícil para el gobierno, ya que tiene que equilibrar el control de la inflación con la sostenibilidad fiscal. Esta dinámica hace que el yen sea vulnerable a ciclos de devaluación que se refuerzan mutuamente, ya que los inversores apuestan por un período prolongado de reajuste económico y estímulos fiscales.
El “carry trade” con el yen, que constituye una piedra angular de los mercados financieros mundiales, ha evolucionado a medida que el Banco de Japón ha modificado sus políticas en el año 2025. A pesar del aumento de la tasa de interés al 0.75%, la diferencia entre las tasas de rendimiento de los bonos a 10 años entre Estados Unidos y Japón sigue siendo…
Desde los 450 puntos básicos a principios de 2024, la rentabilidad de las posiciones financiadas en yenes ha disminuido. Sin embargo, la estrategia de carry trade sigue siendo viable.En posiciones excepcionales, financiadas con yenes.Los inversores ahora están redefiniendo sus estrategias de gestión del riesgo. Por ejemplo, un aumento del 10% en el valor del yen, de 160 a 150 USD/JPY, podría eliminar los ingresos potenciales de 420,000 dólares que se obtendrían gracias al préstamo en yenes.
El enfoque cauteloso del Banco de Japón, que evita hacer más aumentos en las tasas de interés durante las negociaciones salariales de la primavera, ha contribuido a aumentar la volatilidad en los mercados de bonos japoneses. Las tasas de rendimiento han subido debido a las especulaciones sobre un posible “Abenomics 2.0”..La normalización de la política monetaria por parte del BOJ se asemeja a la época de control de rentabilidad que tuvo entre 2015 y 2016. En esa época, se aplicaron tasas de interés negativas y límites para las rentabilidades de los bonos corporales.
Sin embargo, el entorno actual difiere en términos de escala y complejidad. A diferencia de los ciclos anteriores, la debilidad del yen hoy en día se debe a factores fiscales internos, y no únicamente a divergencias en la política monetaria. Esto complica los esfuerzos de intervención del Ministerio de Finanzas..
Un posible aumento de las tasas de interés por parte del BOJ a principios de 2026 podría provocar un proceso de desacoplamiento del mercado de carteras de divisas, especialmente si ese movimiento supera las expectativas del mercado. Tal acontecimiento aumentaría el costo de las posiciones cortas en yenes, lo que llevaría a la repatriación de capital y a una apreciación significativa del precio del yene.
Ese tipo de desbloquear de las condiciones financieras podría tener efectos en los mercados mundiales, provocando una caída en los precios de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos y de los bonos europeos. Al mismo tiempo, esto aceleraría el flujo de capital hacia Japón.Para los inversores, lo importante es equilibrar la exposición a los activos vinculados al yen con las medidas de cobertura contra la volatilidad de la moneda japonesa.
Se están convirtiendo en herramientas útiles para manejar los riesgos que podrían surgir si se detuviera la práctica del “carry trade”. La forma en que los traders gestionan sus posiciones en bonos públicos también ha cambiado.A medida que las expectativas de redeflación se intensifican.Además, los mercados de derivados son…
Se espera que el Banco de Japón incremente la tasa de inflación en 50 puntos básicos para diciembre de 2025. Esto refleja una mayor sensibilidad hacia las señales políticas. Los inversores también deben observar la interacción entre los estímulos fiscales y el endurecimiento monetario. La sostenibilidad de la deuda japonesa sigue siendo un factor importante que limita la normalización de las políticas monetarias.El dilema de política monetaria del BOJ: combatir la debilidad del yen mientras se enfrenta a la fragilidad fiscal, destaca la interconexión entre los mercados financieros mundiales. Para los inversores, la posición estratégica en activos relacionados con el yen y las operaciones de tipo “carry trade” requiere una gran precaución en la gestión de los riesgos cambiarios, además de adaptarse a los cambios en las políticas monetarias. A medida que el BOJ se acerca a un camino de normalización, existe la posibilidad de que las operaciones de tipo “carry trade” se cancelen. Esto resalta la necesidad de una gestión proactiva de los riesgos en una era de mayor volatilidad.
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