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La dinámica petrolera entre Estados Unidos y Venezuela ha entrado en una nueva fase, marcada por cambios geopolíticos, deterioro de la infraestructura y una recalibración de los mercados mundiales de energía. Con la intervención militar estadounidense en enero de 2026 y el posterior arresto de Nicolás Maduro, el sector petrolero venezolano se encuentra ahora en un momento decisivo. Para las empresas energéticas estadounidenses, las vastas reservas del país —estimadas en más de 300 mil millones de barriles— presentan tanto oportunidades tentadoras como riesgos significativos. Este análisis explora los cálculos estratégicos que deben llevar a cabo las compañías petroleras estadounidenses para enfrentar este escenario volátil, equilibrando las prioridades de asignación de capital con las incertidumbres geopolíticas.
La infraestructura petrolera de Venezuela, aunque dañada debido a décadas de falta de inversiones y sanciones, sigue siendo un “gigante dormido”. La producción de petróleo sigue siendo importante.
A partir de principios de 2026, las reservas del país han disminuido, pasando de un pico de 3 millones de barriles diarios en 2008. Sin embargo, las reservas probadas del país siguen siendo las más grandes del mundo, lo que ofrece una gran oportunidad para las empresas que estén dispuestas a invertir en su desarrollo. El gobierno de los Estados Unidos ha alentado explícitamente a las principales compañías petroleras a volver al mercado. El presidente Trump también ha apoyado esta iniciativa.Y facilitar una recuperación en la producción.Para las refinerías estadounidenses, la reorientación de las exportaciones de crudo pesado de Venezuela hacia la costa del Golfo –una región ideal para el procesamiento de dicho petróleo– podría ser una opción rentable.
Esta cambio podría aumentar las importaciones de los Estados Unidos en más de 200,000 toneladas por día, en cuestión de meses después del cambio de régimen. Mientras tanto, Chevron, la única empresa importante estadounidense que aún opera en Venezuela, ha mostrado una actitud de optimismo cauteloso. El ex ejecutivo Ali Moshiri…En cuanto a los proyectos en Venezuela, los analistas estiman que la restauración de la producción a los 1.5–2 millones de barriles diarios podría llevar dos años, si se levantan las sanciones y se implementan las reformas necesarias.Los beneficios a largo plazo son asombrosos.
Que el producto de Venezuela vuelva a los 3 millones de barriles diarios para el año 2040 requeriría una inversión acumulada de 183 mil millones de dólares en gastos de capital desde el año 2026. Aunque este cronograma abarca décadas, el potencial…Las reservas mundiales de petróleo podrían transformar los mercados energéticos y mejorar la seguridad energética de Estados Unidos.A pesar de todo el atractivo, las empresas estadounidenses enfrentan un laberinto de riesgos geopolíticos y operativos. La intervención militar que derrocó a Maduro ha desestabilizado la estructura de gobierno de Venezuela, planteando preguntas sobre la durabilidad de los nuevos contratos y la claridad de las regulaciones.
El período de transición podría perturbar las cadenas de suministro y detener las exportaciones si el caos político continúa.Los desafíos relacionados con la infraestructura agravan estos riesgos. La infraestructura petrolera de Venezuela, que incluye tuberías obsoletas y refinerías mal mantenidas, requiere inversiones anuales de entre 8 y 9 mil millones de dólares desde el año 2026 hasta el 2040, con el objetivo de estabilizar la producción en 1.1 millones de barriles diarios. Para tener una idea más clara…
Más de 15 años. Estos datos no incluyen los costos relacionados con la reparación de las refinerías propiedad del estado de PDVSA.De su capacidad de 1.3 millones de barriles por día.La fragmentación geopolítica complica aún más las perspectivas. Estados Unidos…
Para el sector petrolero de Venezuela, este movimiento podría disuadir a otros inversores extranjeros que temen los problemas geopolíticos. Mientras tanto, empresas estadounidenses como ExxonMobil continúan operando en ese país.Hasta que se resuelvan los disputas legales relacionadas con los activos confiscados desde el año 2007. El riesgo de nacionalización de los activos o de excesos regulatorios sigue siendo alto, especialmente en un país donde el gobierno no tiene una estructura clara y fija.
Para las empresas energéticas de los Estados Unidos, la asignación de capital en Venezuela depende de un equilibrio delicado entre los beneficios a largo plazo y los riesgos a corto plazo. Chevron, al ser el único gran jugador estadounidense todavía activo en ese país, cuenta con una ventaja inicial.
Representa el 20–30% de la producción actual de Venezuela. Sin embargo, para aumentar su participación en la producción, será necesario superar una compleja red de obstáculos políticos y operativos.Mientras tanto, ExxonMobil y otras empresas enfrentan un aumento más pronunciado en sus ingresos.
Se señala que cualquier inversión en Venezuela debe basarse en “claridades fiscales y legales”. Esto incluye garantizar acuerdos de reparto de ingresos estables y asegurar que los proyectos de infraestructura estén protegidos de interferencias políticas. Por ejemplo, una inversión de 40 a 60 mil millones de dólares, a lo largo de cinco años, con el objetivo de aumentar la producción a 2 millones de barriles diarios, requeriría no solo capital, sino también un marco sólido para la reducción de riesgos, a fin de enfrentar posibles interrupciones en las actividades productivas.Las empresas de servicios para campos petrolíferos como Halliburton y Schlumberger podrían beneficiarse más temprano en el ciclo de recuperación del petróleo, ya que la reconstrucción de la infraestructura genera demanda de servicios de perforación y mantenimiento. Sin embargo, estas empresas también deben considerar los riesgos que implica operar en una región donde…
Español:El sector petrolero de Venezuela representa una oportunidad de gran importancia para las empresas energéticas estadounidenses. La posibilidad de extraer 300 mil millones de barriles de reservas y dirigir las exportaciones hacia las refinerías estadounidenses es, sin duda, atractiva. Sin embargo, el camino hacia la rentabilidad está lleno de inestabilidad geopolítica, deterioro en la infraestructura y incertidumbre regulatoria. Para empresas como Chevron, lo importante son las inversiones graduales que se alineen con los objetivos políticos estadounidenses, mientras se minimiza el riesgo de cambios en el sistema de gobierno. Para otras empresas, la paciencia y la espera de marcos legales más claros podrían ser la estrategia más sabia.
Al final, el resurgimiento del sector petrolero en Venezuela no dependerá solo del capital, sino también de la durabilidad de la influencia estadounidense y de la capacidad de las empresas estadounidenses para manejar un entorno en el que la energía y la geopolítica están indisolublemente ligadas.
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