Boletín de AInvest
Titulares diarios de acciones y criptomonedas, gratis en tu bandeja de entrada
El drástico cambio de rumbo que ha adoptado el gobierno de Trump en el sector energético de Venezuela, marcado por el arresto del presidente Nicolás Maduro en 2026 y el posterior plan apoyado por Estados Unidos para revitalizar la infraestructura petrolera venezolana, ha provocado una compleja interacción entre la seguridad energética estratégica, la volatilidad del mercado y las rivalidades geopolíticas. Esta intervención, junto con el creciente nacionalismo hacia los recursos en toda América Latina, está transformando los entornos de inversión y poniendo en peligro los paradigmas tradicionales de asignación de capital en la región.
La estrategia de los Estados Unidos en Venezuela depende de que se descubran las vastas reservas de petróleo del país, que se estiman en 303 mil millones de barriles. Este es un medio para fortalecer la seguridad energética estadounidense y contrarrestar la creciente influencia de China en los cadenas de suministro de América Latina. Al levantar las sanciones y permitir la importación de equipos petroleros, la administración de Trump busca restablecer la capacidad de producción de Venezuela.
En la década de 1990, la producción era de menos de un millón de barriles al día. Esto se debió a una mala gestión y a una falta de inversiones en infraestructura. Sin embargo, los expertos advierten que este objetivo enfrenta numerosos obstáculos. Para revivir la producción a escala, se necesitan inversiones de entre 70 y 80 mil millones de dólares en infraestructura, años de reconstrucción operativa, y un entorno político estable. Pero todo esto no está del todo garantizado, ya que el país todavía está en proceso de recuperación después de los acontecimientos pasados.¿Qué significa eso?Las consecuencias geopolíticas son igualmente preocupantes. Al controlar las exportaciones de petróleo de Venezuela, Estados Unidos corre el riesgo de alejar a sus socios tradicionales, como China, que anteriormente obtenía precios reducidos por el régimen de Maduro. Este cambio refleja un enfoque similar al de los “espacios de influencia” del siglo XIX. Esto plantea preguntas sobre si Estados Unidos puede justificar tal intervención, teniendo en cuenta sus intereses nacionales.
No hay necesidad de traducir ese texto.
Más allá de Venezuela, los mercados energéticos de América Latina están cada vez más influenciados por el nacionalismo de los recursos naturales. Los gobiernos buscan ejercer control sobre los minerales críticos y las reservas de petróleo. La Estrategia Nacional de Litio de Chile, las alianzas de Bolivia con empresas chinas en el marco de la Iniciativa Cinturón y Camino, y la nacionalización del sector litio en México en 2022 son ejemplos de esta tendencia. Estas políticas tienen como objetivo obtener mayores beneficios de los recursos naturales, pero también han provocado un aumento en los casos relacionados con el arreglo de disputas entre inversores y estados.
No hay ningún problema para traducirlo.Para los inversores extranjeros, los riesgos son evidentes. La impredecibilidad de las regulaciones, las amenazas de expropiación y los disturbios sociales, como los protestas en la provincia de Jujuy, en Argentina, han aumentado el costo del capital y complicado la planificación a largo plazo. Sin embargo, estas dinámicas también crean oportunidades para las empresas nacionales y los socios internacionales que se alinean con ellas. Por ejemplo, las empresas estadounidenses y canadienses se están preparando para enfrentar este entorno cambiante. En cambio, las empresas chinas aprovechan la financiación del programa BRI para asegurarse proyectos relacionados con el litio y el cobre.
La intervención de Estados Unidos en Venezuela ya ha provocado reacciones intensas en el mercado. En enero de 2026, las acciones de Chevron y Exxon Mobil aumentaron en un 6.4% y un 3%, respectivamente. Los inversores especulaban con posibles contratos relacionados con la infraestructura y con el acceso a las reservas de petróleo de Venezuela. Chevron, debido a sus relaciones históricas con PDVSA, parece estar en una posición ventajosa para beneficiarse de esta situación. Sin embargo, los analistas advierten que podría llevar años para que se logren verdaderos avances en la producción de petróleo. De manera similar, los fondos cotizados relacionados con el sector energético, como el VanEck Oil Services ETF (OIH) y el SPDR Gold Shares (GLD), experimentaron un aumento en el volumen de transacciones. Esto refleja tanto el optimismo sobre la recuperación del sector petrolero, como la búsqueda de activos seguros debido a la incertidumbre geopolítica.
Sin embargo, la volatilidad sigue siendo un problema importante. El exceso de oferta en el mercado mundial del petróleo y los bajos precios, que se espera que persistan hasta el año 2026, reducirán las incentivas para que empresas estadounidenses e internacionales inviertan en Venezuela. Además, las dinámicas del grupo OPEC+, incluyendo los posibles recortes en la producción por parte de Arabia Saudita y Rusia, podrían limitar aún más la capacidad de Venezuela para aumentar su producción.
Para los inversores, la situación en Venezuela y las tendencias nacionalistas relacionadas con los recursos naturales presentan un paradero complicado: escenarios de alto riesgo, pero altas recompensas, en una región de gran importancia estratégica. Por un lado, la participación de Estados Unidos en Venezuela podría estabilizar a este importante proveedor de petróleo y reducir la influencia de China en esa región. Por otro lado, la fragilidad política del régimen sucesor de Maduro, junto con el nacionalismo regional, introduce una gran incertidumbre.
Las acciones relacionadas con la infraestructura que se vinculan a las tecnologías necesarias para la transición energética, como el litio y el cobre, representan otra opción. Aunque las reservas de litio en Chile y Argentina atraen capital, el éxito de este sector depende de cómo manejen los cambios regulatorios y las tensiones geopolíticas. En particular, la Ley de Reducción de Inflación de los Estados Unidos (IRA) restringe las colaboraciones con empresas de propiedad china.
La estrategia de la administración de Trump hacia Venezuela y el nacionalismo de los recursos en América Latina están redefiniendo los mercados energéticos de la región. Mientras que Estados Unidos busca asegurar su futuro energético y contrarrestar el auge de China, los inversionistas deben considerar los riesgos geopolíticos en relación con las oportunidades a largo plazo relacionadas con el petróleo y los minerales esenciales. Por ahora, la volatilidad del mercado y la impredecibilidad de las regulaciones siguen siendo temas dominantes, lo que resalta la necesidad de estrategias de inversión ágiles y conscientes de los riesgos, en un entorno en constante cambio.
Titulares diarios de acciones y criptomonedas, gratis en tu bandeja de entrada
Comentarios
Aún no hay comentarios