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La estructura de propiedad de Amway (Malasia) Holdings Berhad crea una clara jerarquía de influencias. La empresa está controlada efectivamente por una entidad privada.
Este nivel de concentración significa que un único accionista tiene un gran poder sobre las decisiones estratégicas, desde la asignación de capital hasta la selección de los miembros del consejo de administración. Para los accionistas públicos, esto se traduce en una influencia directa limitada sobre la gestión de la empresa, en comparación con las empresas en las que los inversores institucionales ocupan una posición más dominante o equilibrada.La propiedad institucional representa una presencia importante, pero no de tipo controlador.
Se trata de una participación significativa, lo que indica cierto nivel de validación profesional y credibilidad en el mercado. Sin embargo, esta participación del 33% está lejos de ser mayoritaria. Además, no proporciona el poder de supervisión necesario para moderar las acciones de la dirección en empresas donde el sector institucional tiene una influencia mayor. La estructura de la propiedad se ve aún más definida por la participación del 19% que posee el segundo mayor accionista, y el 11% que pertenece al público en general. En resumen, el bloque institucional constituye un grupo importante, pero único dentro del conjunto de los accionistas.
La implicación inmediata para la construcción de carteras es un entorno de gobernanza con una supervisión institucional limitada. Aunque la participación de las instituciones puede aportar liquidez y centrarse en el valor a largo plazo, la ausencia de estas como fuerza dominante significa que el principal motor de la estrategia corporativa sigue siendo la empresa matriz privada. Esta situación puede ser atractiva para los inversores que buscan invertir en empresas estables, respaldadas por activos reales, pero también concentra el riesgo y el poder de decisión en manos de una sola persona. Para los asignadores institucionales, la falta de una fuerza independiente e influyente en el consejo de administración podría ser un factor importante a considerar al evaluar la calidad de la gobernanza y el potencial de actividad accionaria.
Los resultados financieros del ejercicio fiscal 2024 representan una clara transición con respecto a la expansión causada por la pandemia en años anteriores. Los ingresos han disminuido.
Mientras que las ganancias netas disminuyeron en un 13.5%, hasta los 100.32 millones de ringgits. Este ralentizamiento se produce después de un período de crecimiento robusto. La dinámica de ventas del grupo ya había disminuido durante el año fiscal 2023, y en el último período se produjo una mayor desaceleración en las ventas. El motivo subyacente es un entorno de consumo más selectivo: las presiones inflacionarias y los altos costos de vida han llevado a los compradores a priorizar los productos esenciales sobre los productos relacionados con la salud y el bienestar.Para los inversores institucionales, esto representa una clásica situación de normalización después de la pandemia. La empresa ahora se encuentra en un proceso de retorno a los patrones de demanda anteriores a la crisis, lo cual implica que el crecimiento de las ganancias será más difícil. La pregunta clave para la construcción del portafolio de inversiones es si la disminución actual de las ganancias es un ajuste cíclico o el comienzo de un proceso estructural de reajuste de los resultados financieros. Las acciones estratégicas tomadas por la dirección permiten mantener los márgenes de ganancia. Ya en 2022, el grupo logró mantener sus márgenes de ganancia, con un 8.2% en el año fiscal 2023 y un 7.9% en el año fiscal 2024. Estos niveles están muy por encima del rango histórico, que era de alrededor del 5%.
Esta capacidad de resiliencia es un factor estructural crucial. Indica que el modelo de negocio conserva una gran influencia en los precios y en las operaciones, lo que permite a Amway manejar las dificultades relacionadas con el volumen de ventas. La fuerte disciplina financiera de la empresa también respeta esta opinión: los fondos de los accionistas han crecido de manera constante, y la empresa tiene la costumbre de reinvertir al menos el 80% de sus ganancias netas como dividendos. Este enfoque en la eficiencia financiera y en altos retornos sobre el patrimonio neto, con un promedio del 35.2% en los últimos tres años, constituye un factor importante que puede ayudar a que las acciones sigan siendo valiosas incluso durante períodos de desaceleración en el crecimiento de la empresa.
La visión a futuro sigue siendo cautelosa; los analistas anticipan que el crecimiento de los ingresos seguirá siendo lento. Sin embargo, la expectativa de una gestión prudente de los costos para aliviar la presión sobre las márgenes de beneficio coincide con la capacidad demostrada por la empresa para optimizar sus operaciones. Para los inversores institucionales, el caso de inversión depende de este equilibrio: un negocio maduro y eficiente, con un historial probado en la protección de la rentabilidad durante situaciones de estrés macroeconómico. Ahora, el valor de mercado de la empresa probablemente refleje una valoración más baja, debido a la normalización de la fase de alto crecimiento que acaba de terminar.
El hecho de que el 33% de las empresas estén en manos de instituciones financieras representa una prueba clásica para determinar si se trata de una compra con fines de obtener ganancias. Por un lado, los estudios realizados sobre empresas malasias confirman que los inversores institucionales pueden actuar como una fuerza positiva para el valor de las empresas, gracias a su monitorización activa.
Esto sugiere un factor de calidad que los asignadores institucionales deberían valorar. Por otro lado, la estructura actual está limitada por una participación privada del 52%, lo cual limita fundamentalmente la capacidad de los inversores institucionales para lograr cambios significativos. Con un único accionista que posee la mayor parte de las acciones, la responsabilidad principal del consejo de administración recae en otra parte, lo que reduce la influencia que podría tener un grupo institucional colectivo.Esto establece un nivel de exigencia muy alto para las oportunidades relacionadas con riesgos ajustados. El perfil actual de la empresa es el de una empresa madura y con un enfoque de gestión basado en activos, que ha demostrado su capacidad para mantener la rentabilidad incluso en situaciones de crisis macroeconómicas. Sin embargo, la combinación de factores cíclicos y un control concentrado significa que los efectos negativos de la gobernanza institucional son más débiles. La propiedad institucional puede proporcionar liquidez y cierto grado de credibilidad en el mercado, pero no sirve como contrapeso a la dirección estratégica de la empresa matriz privada. En cuanto a la construcción del portafolio, esto favorece una actitud de espera, en lugar de una decisión de compra impulsiva.
En resumen, se trata de una situación de tensión estructural. La empresa cuenta con la disciplina operativa y la eficiencia financiera necesarias para superar esta fase de normalización. Pero la estructura de propiedad limita el potencial de creación de valor que podría surgir de una mejor gobernanza. Los inversores institucionales deben evaluar la calidad del negocio en sí, en comparación con el menor potencial de creación de valor que se obtiene mediante una participación activa en la empresa. En este contexto, la paciencia es la estrategia más prudente a seguir.
Para los inversores institucionales, el camino a seguir depende del monitoreo de dos factores importantes. En primer lugar, la estabilización de los resultados financieros es el principal indicador a corto plazo. La disminución de los ingresos…
El resultado del ejercicio fiscal 2024 es un claro indicador de la normalización posterior a la pandemia. Lo importante es determinar si esta tendencia se invierte, lo que significaría un regreso a un crecimiento moderado. Más importante aún, el margen de ganancias netas debe mantenerse estable. La capacidad de la empresa para mantener un margen cercano al 7.9% en el ejercicio fiscal 2024, mucho más alto que el promedio histórico, demuestra su poder de fijación de precios y su capacidad para controlar los costos. Cualquier disminución en este aspecto podría socavar la calidad de las acciones de la empresa.En segundo lugar, deben observarse cualquier cambio en la estructura de propiedad. La configuración actual…
Y…Se crea así un entorno favorable para el desarrollo del mercado. Un catalizador importante sería el aumento en las compras institucionales, lo cual podría indicar un consenso cada vez mayor sobre el valor de la acción. Lo más importante es que cualquier cambio en la estrategia de los accionistas privados, como una modificación en la asignación de capital o una posible intención de cotizar en bolsa o vender la empresa, sería un acontecimiento estructural importante. Sin embargo, el control concentrado significa que tales cambios serían impulsados desde dentro de la empresa, y no por presiones externas.El riesgo principal sigue siendo la posibilidad de que los consumidores se mantengan pasivos durante un período prolongado. Las medidas tomadas por la empresa para ajustar los incentivos y precios de los agentes han sido efectivas, pero estas medidas son una respuesta a un entorno macroeconómico en el que las presiones inflacionarias y los altos costos de vida han hecho que los consumidores sean más selectivos en sus compras. Si esta tendencia persiste, podría llevar a una mayor reducción en los márgenes de beneficio o incluso a una disminución en el volumen de ventas, lo cual pondrá a prueba la capacidad de adaptación del modelo actual. La vulnerabilidad estructural radica en la propia estructura de gobierno de la empresa. Con un único accionista controlante, la responsabilidad del consejo de administración es limitada, lo que reduce la probabilidad de que se realicen cambios estratégicos en respuesta a los cambios del mercado. Este falta de gobernanza adaptativa limita las posibilidades de mejora en el rendimiento operativo de la empresa.
En resumen, se trata de una forma de observación cautelosa. La empresa cuenta con los instrumentos necesarios para enfrentar ciclos de consumo débiles, pero su estructura de propiedad limita el potencial de creación de valor a través de una supervisión activa. Los inversores institucionales deben observar si hay estabilidad en el crecimiento y en los márgenes de ganancia, como primer indicio positivo. Al mismo tiempo, deben estar atentos a cualquier cambio estructural en la gestión de la empresa, ya que esto podría alterar el equilibrio entre riesgo y recompensa.
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