La apuesta de Alphabet por una infraestructura cuántica: una curva S hacia el cálculo exponencial

Generado por agente de IAEli GrantRevisado porTianhao Xu
miércoles, 14 de enero de 2026, 7:25 am ET4 min de lectura

El panorama de la computación cuántica se encuentra en su fase inicial más volátil. Se trata de un ciclo clásico de auge y caída, lo que demuestra el alto riesgo que implica apostar por desarrolladores que se dedican exclusivamente a este campo. En el año 2025, las acciones de compañías como IonQ y Rigetti Computing experimentaron grandes fluctuaciones; algunas de ellas incluso subieron significativamente.

Antes de colisionar. Este patrón se repitió una y otra vez. Un analista señaló que el sector pasó por un proceso similar.La actuación de los inversores se basa más en el fervor especulativo que en los fundamentos comerciales reales. Por lo tanto, decidir cuándo tomar decisiones en momentos como estos es una apuesta muy arriesgada.

El reto principal es la madurez tecnológica. A pesar de lo que se rueda, las aplicaciones prácticas se mantienen alejadas de los años debido a los obstáculos persistentes como

Esto crea una curva de adopción larga e incierta, en donde la mayoría de las start-ups no llegan a ver un retorno, y algunos estiman que esto podría pasar hasta 2030. Para los inversores, esto quiere decir que las start-ups puras están apostando a una única tecnología de alto riesgo sin soluciones alternativas.

La estrategia de Alphabet es un giro deliberado hacia una vía más segura, donde la infraestructura se prioriza. Al comparar el estado actual de Quantum con el de la IA hace cinco años, el director ejecutivo Sundar Pichai considera que este es un punto de inflexión crucial en la curva S, justo antes del crecimiento explosivo. Su empresa está desarrollando los componentes fundamentales para los procesadores cuánticos, el software y el acceso a la nube. Al mismo tiempo, su enorme flujo de efectivo permite financiar investigaciones a largo plazo. Este enfoque evita la volatilidad que suele acompañar a las inversiones de tipo “boom-bust”. De esta manera, Alphabet puede aprovechar el crecimiento exponencial cuando la tecnología finalmente se convierta en algo realmente útil en la práctica.

La ventaja de infraestructura de Alphabet: construyendo los alambres

La inversión inteligente se está alejando de las inversiones riesgosas y hacia las infraestructuras fundamentales. Mientras que las acciones de empresas relacionadas con la computación cuántica, como IonQ y Rigetti, experimentaron aumentos especulativos, los inversores multimillonarios están haciendo otra apuesta. Están invertiendo en Alphabet, un líder en el sector, como activo clave de su cartera de inversiones. Este cambio indica una preferencia por una empresa que cuente con la capacidad financiera y tecnológica necesarias para construir las infraestructuras, y no simplemente operarlas.

Ese beneficio financiero es la piedra angular de la estrategia de Alphabet. Su enorme flujo de efectivo estable le proporciona una flexibilidad sin parangón para financiar las intensas investigaciones de largo plazo necesarias para lograr avances cuánticos. A diferencia de desarrolladores puristas, que enfrentan presiones prácticamente inmediatas para demostrar rentabilidad, Alphabet puede permitirse un cronograma de varias décadas. Esta insulación de vigilancia de rentas trimestrales es vital para una tecnología que todavía está lejos de la madurez comercial. El uso efectivo de los beneficios de la IA para subsidiar su futuro cuántico es un lujo que ningún startup puede contratar.

Este enfoque de gestión basado en inversiones de gran envergadura se refleja también en su estructura de propiedad. Alphabet cuenta con una base institucional excepcionalmente estable y amplia.

No se trata de un grupo de personas que buscan obtener ganancias rápidamente; se trata de una red de inversores sofisticados y a largo plazo, quienes perciben el valor en la construcción de infraestructuras fundamentales. La enorme cantidad de acciones poseídas por las instituciones, que suman más de 5 mil millones de acciones, crea una fuerte estabilidad para la acción en cuestión. Esto reduce la vulnerabilidad de la acción frente a los cambios bruscos que afectan a las acciones de tipo “quantum”.

La conclusión es un claro contraste en los perfiles de riesgo. Los lugares exclusivos son apuestas de alto riesgo sobre un único resultado tecnológico, vulnerable al ciclo de altibajos de la adopción temprana. La posición de Alphabet es más similar a un proveedor de servicios públicos. Al construir la capa de computación cuántica, pretende capturar valor del entorno completo a medida que la adopción finalmente avanza. Para los inversores, esto significa apostar en la infraestructura del siguiente paradigma, no solo en la primera ola de desarrolladores.

Impacto financiero y posicionamiento estratégico

El cálculo financiero revela un marcado contraste entre los apuestas especulativas y el juego de la infraestructura. Los desarrolladores cuánticos de pure play se cotizan con una valoración históricamente inflada, lo que los hace vulnerables a cualquier cambio de sentimiento. Las cotizaciones de las acciones como las de IonQ, Rigetti Computing y D-Wave han aumentado bruscamente, alcanzando múltiplos que

No se trata de un valor que se basa en los beneficios actuales sino en el potencial futuro solo, una configuración que invita a la volatilidad y a los colapsos, evidente enEl sector continuó en 2025.

Por el contrario, los gastos relacionados con la tecnología cuántica son una inversión estratégica, pero de pequeña magnitud, dentro de las inversiones generales en infraestructura de IA que realiza Alphabet. La empresa no invierte su capital en un único proyecto de alto riesgo. En cambio, su plan de desarrollo en materia de tecnología cuántica, incluyendo el procesador Willow, se financia con los ingresos generados por sus negocios principales. Esto significa que la tecnología cuántica aún no constituye un factor importante para generar ingresos, sino más bien un proyecto de I+D a largo plazo. El riesgo financiero está controlado, ya que Alphabet puede permitirse una estrategia de varias décadas sin la presión de necesitar obtener resultados inmediatos.

La métrica crítica para Alphabet no es el presupuesto cuántico, sino su capacidad de traducir estos inversores en propiedad intelectual defensable y asociaciones estratégicas dentro del ecosistema de la nube y de IA. El objetivo es construir una ventaja cuántica interna que pueda combinarse con su infraestructura existente, al igual que con los chips de IA. Este enfoque pretende captar el valor del ecosistema cuántico completo a medida que la adopción finalmente empiece, en vez de apostar por el éxito de un único desarrollador. Para los inversores, esto significa que el riesgo beneficio es fundamentalmente diferente: se trata de una apuesta en la capacidad de una compañía para disponer de un nivel esencial del siguiente paradigma, no en el futuro del éxito de una startup de pura especulación.

Catalizadores, escenarios y lo que hay que vigilar

La tesis de la infraestructura se basa en un par de acontecimientos futuros clave. En primer lugar, lo que debería esperar de Alphabet en cuanto a su próximo hito cuántico. El CEO Sundar Pichai ha definido el campo como estando en una etapa crucial, justo antes de un momento de "ahí ahí" en el que el cuántico supera de forma demostrable a las máquinas clásicas.

Y el trabajo en curso en la era ruidosa de la escala intermedia es un paso hacia esa inflexión. Un revolucionario en la corrección de errores o un nuevo procesador que demuestra una ventaja práctica clara sería un catalizador directo, convalidando la inversión a largo plazo y potencialmente impulsando el precio del título.

Al mismo tiempo, es necesario monitorear la volatilidad de las acciones de tipo “quantum” puramente financieras. El rendimiento de estas acciones sirve como indicador en tiempo real del estado de los sentimientos especulativos en el mercado. El sector ya ha sufrido las consecuencias de esto.

Las acciones de empresas como IonQ y Rigetti Computing experimentan fluctuaciones extremas. Si continuaran las caídas o si se mantuviera una debilidad prolongada en estas empresas, eso reforzaría la seguridad y estabilidad de la estrategia de Alphabet para desarrollar su infraestructura tecnológica. Esto destacaría el riesgo que implica seguir una estrategia basada únicamente en el impulso temporal, frente a una estrategia a largo plazo, financiada con efectivo, propia de un fabricante tecnológico tradicional.

Sin embargo, la métrica clave es lo que Alphabet hace con sus inversiones en tecnologías cuánticas una vez que estas maduran. El objetivo no es simplemente desarrollar procesadores, sino transformarlos en propiedad intelectual defendible y en alianzas estratégicas dentro de su ecosistema de nubes y inteligencia artificial. La empresa debe demostrar que puede integrar las capacidades cuánticas en su infraestructura existente, tal como lo hizo con los chips de inteligencia artificial. Si logra esto, obtendrá una ventaja competitiva y un nuevo fuente de ingresos. Por otro lado, si no logra integrar o comercializar eficazmente estas tecnologías, los miles de millones invertidos se convertirán en un costoso gasto de I+D, sin ningún beneficio real.

El punto final es que el camino de la acción está vinculado a un cronograma de años. Para ahora, el escenario es sobre la paciencia. Los catalizadores no son las ganancias trimestrales, sino los puntos de inflexión tecnológicos y reacción del mercado a ellos. Los inversores deberían observar los hitos de Alphabet, la volatilidad de los pure-play como indicador de sentimiento y, lo más importante, la capacidad de la empresa para transformar su ventaja cuántica en un activo estratégico dentro de sus negocios fundamentales.

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Eli Grant

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