Boletín de AInvest
Titulares diarios de acciones y criptomonedas, gratis en tu bandeja de entrada
La tesis central de la inversión en IA está cambiando de una tendencia relacionada con el desarrollo de software a una construcción de infraestructuras fundamentales. Nos encontramos en la fase inicial, de alta intensidad de capital, de una curva tecnológica en forma de “S”. En esta fase, el principal factor de crecimiento es la creación de las infraestructuras físicas y computacionales necesarias; aún no se trata de la monetización de las aplicaciones en sí. Esto genera un ciclo de inversión que dura varios años, donde los ganadores son quienes proporcionan las capacidades fundamentales necesarias para el desarrollo tecnológico.
La fase actual está marcada por un enorme aumento en el gasto en infraestructura relacionada con la inteligencia artificial, lo cual afecta a casi todos los sectores de Estados Unidos. Este desarrollo requiere una cantidad ingente de poder computacional y energía eléctrica, lo que evidencia claras similitudes con las situaciones de auge de la infraestructura en el pasado. Al igual que ocurrió con los ferrocarriles transcontinentales o el sistema de carreteras interestatal, el objetivo es construir la infraestructura necesaria para un futuro basado en tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial. La escala es impresionante: el gasto en capital de las mayores empresas tecnológicas se ha triplicado, pasando de aproximadamente 100 mil millones de dólares en 2023 a más de 300 mil millones de dólares en 2025. Esta cifra podría superar pronto los 500 mil millones de dólares. No se trata simplemente de una historia tecnológica; se trata de una historia de crecimiento económico, ya que esta área representa aproximadamente el 60% del crecimiento económico reciente de Estados Unidos.

En esta situación, la monetización de la propia inteligencia artificial sigue siendo algo incipiente. Aunque empresas como Meta y Alphabet ya están obteniendo beneficios iniciales en áreas como las ventas de anuncios, los beneficios económicos más significativos que aportan las aplicaciones de la inteligencia artificial todavía están siendo definidos. Los claros ganadores hoy en día son las empresas especializadas en procesamiento informático y semiconductores, quienes crean la capacidad de procesamiento necesaria para el desarrollo de la inteligencia artificial. Por lo tanto, la estrategia de inversión para el año 2026 depende de identificar esa infraestructura clave: las empresas fabricantes de chips, las compañías de servicios públicos, los proveedores de energía y los operadores de centros de datos, quienes construirán la capacidad necesaria para impulsar la próxima era de la inteligencia artificial. La curva de adopción exponencial se está construyendo paso a paso, con un servidor cada vez y una línea de energía más.
Para los inversores que buscan aprovechar la oportunidad que ofrece la infraestructura de IA, los ETF representan un herramienta importante para pasar de las inversiones en temas generales a una posición de inversión más específica. Los tres fondos analizados aquí corresponden a diferentes etapas de la construcción de esta infraestructura, y cada uno de ellos cuenta con una estrategia diferente para aprovechar el crecimiento exponencial.
Los españoles…
Ofrece la forma más sencilla y diversificada de invertir en el nivel de infraestructura. Como fondo de inversión pasivo, ofrece una amplia exposición al ecosistema de la IA, con un portafolio de 86 acciones. Esta estructura evita la concentración excesiva en cualquier única empresa de alto rendimiento, lo que la convierte en una opción sólida para aquellos inversores que desean aprovechar toda la evolución del sector sin tener que seleccionar acciones individuales. Sus activos de 7,7 mil millones de dólares resaltan su atractivo como una cartera fundamental de inversión.En contraste, los españoles:
Es un fondo de inversión gestionado de forma activa, que apuesta por las empresas que desarrollan la próxima infraestructura de Internet, con la inteligencia artificial como pilar central. Adopta un enfoque no diversificado, lo que significa que puede concentrarse en sus principales selecciones. Este estilo de gestión activa está diseñado para identificar y favorecer a aquellas empresas especializadas en la construcción de infraestructuras, como los fabricantes de chips y los operadores de centros de datos, quienes se espera que se beneficien más de este cambio paradigmático. La misión del fondo es invertir en estas empresas.En las empresas relacionadas con este tema, se adopta una estrategia más agresiva y concentrada, con el objetivo de lograr una adopción exponencial de la tecnología.Luego está el fondo de inversión en acciones que ofrece apreciación de dividendos, Vanguard Dividend Appreciation ETF (VIG). Este fondo ofrece una forma sorprendentemente efectiva y de bajo riesgo para obtener exposición a las tecnologías de IA. En lugar de buscar acciones con alto rendimiento, VIG invierte en empresas establecidas que tienen una historia de aumento constante de sus dividendos. Muchas de estas empresas son realmente poderosas, capaces de generar ingresos en efectivo.
Ahora se invierten miles de millones en infraestructura relacionada con la inteligencia artificial. Este enfoque proporciona una fuente de ingresos constante, al mismo tiempo que permite aprovechar el valor a largo plazo que se genera con la adopción de la inteligencia artificial. Se trata de una estrategia menos directa, pero ofrece una mayor seguridad para los inversores que desconfían de la volatilidad inherente a las inversiones en crecimiento puro.En resumen, estos ETF representan diferentes puntos en la curva de desarrollo de la infraestructura tecnológica. AIQ simboliza el enfoque amplio y general, ARKW representa el enfoque preciso, y VIG representa una fuente constante de dividendos. Para un portafolio cuyo objetivo es desarrollar capacidades para el próximo paradigma tecnológico, la elección depende de la tolerancia al riesgo del inversor y de su opinión sobre qué tipo de estrategia será la más eficaz para obtener rendimientos significativos en los próximos años.
El poder financiero de la infraestructura relacionada con la inteligencia artificial es indudable. Las 10 principales acciones relacionadas con la inteligencia artificial en la base de datos de Motley Fool han generado, en los últimos cinco años, rendimientos promedio que son más del doble de los del índice S&P 500. Tal rendimiento es una recompensa por estar en el lado correcto de la curva tecnológica. Esto confirma la idea de que las empresas que construyen las bases tecnológicas están obteniendo valor desproporcionado durante la fase inicial, que requiere muchos recursos financieros.
La actitud de los inversores refleja esta confianza. Más del 90% de los propietarios actuales de acciones relacionadas con la IA y fondos cotizados relacionados planean mantener o aumentar su exposición en 2026. Esto no es simplemente optimismo; es una compromiso con el ciclo de desarrollo de esta industria. El mercado tiene en cuenta la expectativa de continuos gastos masivos. Goldman Sachs estima que las inversiones en infraestructura relacionada con la IA alcanzarán los 527 mil millones de dólares este año. Para los inversores, la cuestión ya no se trata de si este desarrollo tendrá lugar, sino de cuáles serán los proveedores de infraestructura que lograrán la mayor capacidad y adopción de esta tecnología.
Esto requiere un cambio fundamental en los métodos de valoración. Las métricas tradicionales, como las relaciones precio/ganancias, pierden importancia cuando el objetivo principal es desarrollar capacidades, y no obtener beneficios monetarios de inmediato. La atención debe centrarse en las tasas de adopción y en la utilización de la capacidad disponible. ¿Las fábricas de los fabricantes de chips están funcionando al máximo de su capacidad? ¿Se están llenando los centros de datos con servidores? ¿La red eléctrica se está expandiendo para satisfacer la demanda? Estos son los indicadores clave del crecimiento exponencial durante la fase de construcción. El impacto financiero se mide en gigavatios de energía contratada, y no solo en los resultados financieros trimestrales.
En resumen, nos encontramos en un ciclo de varios años en el que las ganancias financieras se generan gracias al proceso de construcción en sí. Los ganadores son aquellas empresas que pueden escalar su producción y distribución más rápidamente que la curva de demanda. Para los inversores, esto significa tener en cuenta no solo la rentabilidad a corto plazo, sino también la capacidad de una empresa para suministrar la potencia informática y la energía necesarias para impulsar el próximo paradigma tecnológico.
La trayectoria de la infraestructura de IA en el año 2026 estará determinada por factores catalíticos importantes y riesgos significativos. El principal factor que impulsará este desarrollo es la continuación de los gastos masivos y prolongados en centros de procesamiento de datos. Los gastos de capital de las empresas tecnológicas más importantes ya se han triplicado, y esta inversión continúa sin cesar.
Representa aproximadamente el 60% de la expansión reciente en este campo. Este aumento en gastos no es una moda a corto plazo, sino un proceso fundamental para asegurar la capacidad necesaria. Se están firmando acuerdos a lo largo de toda la cadena de suministro, desde los fabricantes de chips hasta las empresas de servicios públicos. El apoyo político a la infraestructura energética para respaldar esta expansión también es un factor crucial; las enormes demandas de electricidad de los centros de datos de IA crean un obstáculo que los gobiernos y las autoridades reguladoras podrían tener que abordar.Sin embargo, este poderoso impulso enfrenta dos grandes riesgos. El primero es la concentración. Muchos fondos cotizados en bolsa relacionados con la inteligencia artificial están muy concentrados en un puñado de acciones de gran capitalización, lo que crea un riesgo específico. Como se mencionó anteriormente…
Esta estructura puede amplificar tanto las ganancias como las pérdidas, lo que hace que el rendimiento del fondo dependa en exceso de las acciones de unos pocos líderes. Si esos actores dominantes no logran un buen rendimiento, todo el ETF podría sufrir las consecuencias, independientemente de la situación general de la infraestructura utilizada.El segundo riesgo, de carácter más sistémico, es la cronología para la monetización. La fase actual se centra en la construcción del sistema, pero los beneficios reales dependen de la transición hacia servicios de IA que sean rentables. Como indican las pruebas disponibles, aún no está claro cómo se utilizará la IA en el futuro. La pregunta para el año 2026 es si los beneficios finales justificarán el costo incurrido hasta ahora. Si la transición de una expansión que requiere mucho capital hacia una aplicación generalizada y rentable se retrasa, eso podría presionar las valoraciones de todo el sector. El mercado ya considera una adopción exponencial de la tecnología, pero esa adopción debe convertirse en flujos de efectivo para poder mantener los altos precios pagados por la capacidad de infraestructura necesaria.
En resumen, el año 2026 será un año de aceleración y tensión. Los factores que impulsarán este proceso son importantes, pero los inversores deben enfrentarse a los riesgos asociados a las apuestas concentradas y a la incertidumbre sobre cuándo se logrará la rentabilidad total de las inversiones. Los ganadores serán aquellos que puedan distinguir entre las inversiones en infraestructuras duraderas y las apuestas especulativas que dependen de una recuperación tardía de los ingresos.
Titulares diarios de acciones y criptomonedas, gratis en tu bandeja de entrada
Comentarios
Aún no hay comentarios