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Las empresas que sufren graves violaciones de la seguridad tienen una alta probabilidad de sufrir un fracaso a largo plazo.
Casi el 80% de los proyectos que son hackeados nunca logran recuperarse completamente. La razón principal no es la pérdida financiera inicial, sino el colapso de los sistemas operativos y de confianza durante el proceso de respuesta.Los escenarios posteriores al cierre del proyecto suelen llevar a que los usuarios abandonen el proyecto, a una reducción en la liquidez y a daños en la reputación del proyecto. Los usuarios tienden a retirar sus fondos rápidamente, y los socios también se alejan del proyecto para limitar su exposición a riesgos. Esto crea un efecto en cadena que, a su vez, debilita aún más la viabilidad del proyecto.
Los expertos enfatizan la importancia de estrategias de respuesta rápidas y transparentes. La falta de preparación y las acciones retrasadas durante las primeras horas de un cierre se pueden convertir en factores que agraven los daños causados. Los equipos suelen dudar, debatir sobre los próximos pasos a dar y subestimar la gravedad del problema. Este retraso puede llevar a pérdidas adicionales y a una ruptura en la confianza entre los usuarios y el equipo responsable.

Las primeras horas después de un ataque cibernético son cruciales. Sin un plan de respuesta ante incidentes ya establecido, los equipos tienen dificultades para actuar de manera decisiva. Este período suele ser el más dañino, ya que la incertidumbre y la indecisión permiten que ocurran más pérdidas. Los expertos recomiendan que los equipos se comuniquen inmediatamente y suspendan los protocolos si es necesario, con el fin de contener el problema.
La rápida innovación en la industria de las criptomonedas, a veces, se ha producido a costa de no tomar las medidas de seguridad adecuadas. Los proyectos se apresuran a lanzar nuevos protocolos y productos, y a menudo descuidan las auditorías de seguridad, considerándolas como algo sin importancia. Los hackers aprovechan estas vulnerabilidades, y una vez que ocurre una brecha de seguridad, el daño suele ser irreversible.
Muchos ataques aprovechan errores lógicos simples, en lugar de técnicas sofisticadas. Los problemas comunes incluyen errores relacionados con la reentrada de datos, controles de acceso defectuosos y mecanismos de actualización mal diseñados. Estos defectos revelan un problema más profundo: la falta de una gestión adecuada del riesgo en el proceso de innovación.
Las reacciones del mercado frente a los proyectos que han sido hackeados son, por lo general, rápidas. Los precios de las tokens a menudo reflejan la pérdida de confianza en el proyecto; además, la disminución en el uso de los tokens lleva a una caída en los costos y a una menor fortaleza del capital del proyecto. Los nuevos usuarios rechazan participar en el proyecto, mientras que los usuarios existentes buscan diversificar sus inversiones. En muchos casos, el proyecto simplemente sigue existiendo en nombre, pero operando con una escala mucho menor que antes.
Los intentos de estafas y phishing suelen ocurrir después de las principales infracciones de seguridad. Los atacantes aprovechan la confusión y la urgencia de las situaciones, prometiendo reembolsos o herramientas para recuperar datos, cuando en realidad no existen tales opciones. Este tipo de daños secundarios se suman a las pérdidas ya existentes, y además erosiona aún más la confianza de los usuarios. La distinción entre el ataque inicial y los intentos de estafa que siguen a ese ataque es a menudo difícil de hacer, lo que hace que la marca del proyecto sea asociada con caos y mala gestión.
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