Boletín de AInvest
Titulares diarios de acciones y criptomonedas, gratis en tu bandeja de entrada
El principal catalizador para el año 2026 es algo familiar: un cambio de política monetaria, pasando de medidas de ajuste a medidas de flexibilización. Este cambio crea una nueva oportunidad favorable, similar a la reversión de políticas que contribuyó a la última gran recuperación económica. En 2023, las medidas agresivas de la Reserva Federal tenían como objetivo calmar la economía, que estaba en pleno auge. Ahora, con la inflación controlada pero las preocupaciones sobre el crecimiento económico en aumento, la Fed está en proceso de reducir las tasas de interés. Este cambio en la política monetaria será el principal impulso para el próximo año, proporcionando un contexto favorable para los activos de riesgo.
Ese cambio en la política coincide con una señal económica mundial tangible. Los indicadores clave de la OCDE indican una importante mejoría, lo que sugiere que la economía mundial está recuperándose de su anterior desaceleración. Esta combinación de factores positivos monetarios y un aumento en el ritmo macroeconómico crea las condiciones necesarias para un auge cíclico. Los primeros signos son evidentes, al igual que el optimismo cauteloso que surgió después de la crisis de 2009.
Sin embargo, la comparación con el año 2009 no es perfecta. Una incertidumbre clave está surgiendo: las perspectivas de reducción de tasas se vuelven más difíciles. Las pruebas indican que el mercado se encuentra en un rango de tasas más estrecho, y existe el riesgo de que las tasas de interés a nivel de consumo puedan aumentar a medida que avanza el año. Esta diferencia —donde la política monetaria se relaja, pero las tasas subyacentes podrían no bajar tanto como se esperaba— refleja el período posterior a 2009, cuando las preocupaciones sobre inflación persistieron, obligando a los bancos centrales a ser cautelosos. Esto introduce una nueva variable que pone a prueba si el impulso político puede traducirse completamente en un crecimiento sólido, sin provocar nuevos aumentos de precios.

El actual mercado de energía presenta una situación que va en contra de lo intuitivo. Los precios del petróleo crudo han disminuido drásticamente.
Presionado por una clara señal bajista: expectativas de un excedente de suministro mundial sin precedentes. Este exceso de producción, impulsado por un nivel récord en cuanto a la producción en 2025, es la situación dominante en el corto plazo. Sin embargo, la historia nos muestra que tal exceso de suministro puede ser el germen para un brusco cambio en la situación.Esta dinámica refleja lo mismo que en español.
Eso fue lo que impulsó el aumento de los precios del petróleo en 2009. Durante ese período, los precios cayeron a niveles mínimos de varios años, lo cual a su vez estimuló la demanda, ya que los bajos costos hicieron que la energía fuera más accesible para todos. Esa recuperación de la demanda, respaldada por un resurgimiento económico mundial, fue el catalizador clave que permitió que los precios se levantaran de sus niveles bajos. El mecanismo estructural es el mismo: una grave debilidad en los precios puede actuar como un poderoso estimulante de la demanda, creando las condiciones necesarias para un resurgimiento.La incertidumbre crítica aquí radica en la volatilidad. Las fluctuaciones de los precios de la energía son una fuente conocida de turbulencia en el mercado, como se vio durante las fases turbulentas de la recuperación en 2009. Incluso si está en marcha una recuperación fundamental, el camino hacia esa recuperación rara vez es suave. Para los inversores, esto significa que el potencial de aumento de los precios del sector energético está relacionado con su volatilidad inherente, lo cual puede afectar los mercados financieros y poner a prueba la resiliencia de la recuperación general.
El índice S&P 500 se encuentra en un “punto óptimo” este año, donde un fuerte impulso de ganancias está impulsando la subida de los precios, a pesar de las incertidumbres macroeconómicas. Esta dinámica refleja la capacidad de resistencia que se observó en las primeras etapas del mercado alcista de 2009, cuando los fundamentos empresariales sirvieron como soporte para los precios de las acciones, incluso mientras la situación económica general seguía siendo precaria. La fortaleza actual del mercado se debe a un aumento en el número de acciones de alto beta, lo cual indica una actitud positiva hacia el riesgo, algo que ha ayudado al índice a superar períodos de volatilidad. Esta capacidad de liderazgo interno es una señal positiva, pero también destaca una vulnerabilidad crítica: la subida de precios no está siendo compartida por todos los participantes en el mercado.
La señal clave de amplitud indica una advertencia importante. La relación entre el fondo de inversión Vanguard Extended Market ETF (VXF), que invierte en empresas más pequeñas, y el fondo de inversión S&P 500 ETF (SPY) ha estado disminuyendo durante años. Esta divergencia, en la que el índice de grandes empresas sigue creciendo, mientras que el mercado en general se estanca, es un indicador clásico de un mercado alcista maduro. La historia nos enseña que este patrón a menudo predice problemas futuros. El pico final de la era de las empresas tecnológicas fue precedido por una similar caída en la amplitud del mercado, donde los ganancias del Nasdaq se concentraron en unos pocos gigantes tecnológicos, mientras que el resto del mercado se estancó. Una ruptura por debajo del nivel de soporte clave de 0.3 en esta relación sería una señal técnica negativa, lo que indicaría que la recuperación está perdiendo su base.
Esto crea una clara tensión con las valoraciones de las acciones. Las valoraciones del mercado de valores siguen siendo elevadas, con el ratio CAPE situado justo por encima de los 39 puntos, lo que representa el segundo nivel más alto en más de 150 años. Esa tensión fue una característica distintiva de las fases finales de la recuperación en 2009, donde los precios excesivamente altos crearon una vulnerabilidad que podría verse afectada por cualquier cambio en las políticas o en el crecimiento económico. Al inicio de un posible año de cambios en las políticas, este sobreprecio en las valoraciones plantea preguntas sobre su sostenibilidad. La capacidad del mercado para seguir subiendo dependerá de que el crecimiento de las ganancias continúe superando las expectativas, algo que se vuelve más difícil a medida que las valoraciones alcanzan niveles históricos. Por ahora, el rango óptimo del S&P 500 está respaldado por el impulso corporativo, pero la señal de amplitud y el sobreprecio en las valoraciones sirven como recordatorio de que la madurez también conlleva sus propios riesgos.
Titulares diarios de acciones y criptomonedas, gratis en tu bandeja de entrada
Comentarios
Aún no hay comentarios